Matías Santoiani: el difícil momento que atravesó, el recuerdo de su amigo Alberto Martín y el gesto de Nico Vázquez
El actor, que se hizo muy popular con ficciones de Polka como Gasoleros, se luce ahora interpretando dos personajes en Rocky
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Matías Santoiani dice que Nico Vázquez le cambió la vida a los 52 años, cuando lo llamó para ser parte de Rocky, que puede verse de jueves a domingos en el teatro Lola Membrives.
Hacía tiempo que el actor no tenía propuestas de trabajo y este llamado le dio la oportunidad de volver al medio. En diálogo con LA NACION, Santoiani habla de este suceso teatral, cuenta qué hizo en estos años, recuerda una anécdota desopilante de Gasoleros, ficción que le dio popularidad, y recuerda tanto a su amigo Alberto Martín como sus experiencias con Carlín Calvo y Sandro.
-¿Cómo se dio sumarte a esta segunda temporada de Rocky?
-Tenemos un amigo en común con Nico Vázquez que le contó que yo estaba sin laburo y que, si había alguna posibilidad, me tuviera en cuenta. El año pasado ya tenía el elenco armado, pero dijo que cuando apareciera algo me iba a llamar. Pasaron siete meses y uno de los actores, Gustavo Monje, se fue a otro proyecto, Annie. Quedaba ese personaje vacante y se dio la oportunidad. Nico cumplió su palabra, lo que ya es mucho porque otros no cumplieron cuando les pedí laburo.
-Pero vos lo conocías a Nico, trabajaron juntos en varias ficciones...
-Sí, en Polka. Habíamos trabajado juntos un par de veces y cuando no coincidíamos en el mismo programa nos cruzábamos en los pasillos de los estudios. O nos veíamos en las temporadas en Mar del Plata. Siempre tuvimos la mejor. Muchas veces dijimos que queríamos trabajar juntos y se dio ahora. Nico me cambió la vida, a mis 52 años.
-¿Por qué te cambió la vida?
-Porque me dio una posibilidad de estar en este suceso teatral que es Rocky. Cuando me preguntan qué es Rocky, me transportan al recuerdo de mi primera vez en Disney. Cuando volví, mi mamá me preguntó cómo era Disney y no supe qué decirle porque tenés que vivirlo. Tenés que ir para sentirlo. Es muy difícil de explicar. Además, hay ochenta personas trabajando atrás. Es una ciudad. Casi no tuve tiempo de ensayar y todo el mes de noviembre pasado fui a ver la obra, recorrí el backstage, miré toda la maquinaria que tiene. La idea es seguir todo el año y después hacer una gira internacional. En Estados Unidos, Rocky fue un musical y no funcionó.
–Y acá es un suceso desde su estreno...
–Esta versión que hacemos nosotros fue una idea de Nico, de Mariano De María, que es el director, y de Tato Fernández. Se lo propusieron a (Sylvester) Stallone y hablaron hasta que le aprobaron el proyecto. Y hoy Stallone se da cuenta que le está funcionando maravillosamente bien y hay ofertas para llevarla por el mundo. Es un espectáculo que no puede ir de gira, por la gran cantidad de gente que trabaja, la enorme escenografía, tiene un ring más grande que el oficial, todo un montaje. Tiene que instalarse en un lugar. Hay propuestas de España, de México. Y yo estoy feliz. Hago dos personajes: el prestamista que le da trabajo a Rocky y también el entrenador que le lleva los guantes, el agua y está en el gimnasio con él.
-Te cambió la vida, entonces, porque estabas sin trabajo...
-Está todo difícil. Estaba sin laburo. Soy honesto, no tenía propuestas de trabajo y las que me habían llegado no me interesaban. Además, ahora estoy en un teatro con un suceso que puedo comparar con los espectáculos de Sandro que hice. Porque es un teatro de mil localidades y está lleno de jueves a domingo. Me acuerdo que vi Rocky IV en el Teatro Metro, cuando era cine, y no me mataba la historia, pero me volví loco con la música, y después en mi casa vi la saga en VHS. Es una hermosa historia de amor y, como dice Nico en el escenario, todos somos Rocky de alguna manera, porque la peleamos todos los días. Como decía mi amigo Alberto Martín, Rocky me sacó de mi casa. Y ahora me pongo una rica colonia fresca, una camisa y salgo a trabajar, y eso es maravilloso.
-¿Cómo cambió tu rutina? ¿Qué hiciste en estos años?
-Me cambió bastante la rutina. La paso bien en mi casa, pero no es lo mismo saber que tenés que cumplir con un trabajo, estar bien, darle lo mejor a la gente que hizo un esfuerzo para ir al teatro. Hay toda una ceremonia que valoro mucho, sobre todo en estos tiempos donde cuesta pagar una entrada. Y todo eso me lo devolvió Nico a los 52. Le estoy más que agradecido. Disfrutando. La última vez que hice teatro fue hace tres años, con Alberto Martín y María Rosa Fugazot; una comedia de puertas. Rocky es como estar en Broadway. Una mega producción con Nico que además de actor es productor, director, compañero, arenga, está en todos los detalles. Hasta te dice si tenés un botón mal abrochado. Siempre va para adelante.
–Y qué hiciste entre esa comedia y Rocky?
–Hice eventos con Fátima Florez y otras cosas que salían, pero mayormente estuve en casa. Al no tener hijos ni grandes responsabilidades, y no alquilar porque tengo casa propia, me puedo permitir ese lujo de estar parado dos años. Fue un momento lindo para mí, porque pude estar mucho en casa conmigo mismo, observándome, escuchando en silencio qué me pasaba. Y eso me hace bien. Me hace crecer. Está bueno y me lo puedo permitir. Soy un tipo realista, a veces demasiado.
-Y en tu casa, ¿te ocupás de todo?
-Sí, de cocinar, de cortar el pasto, de limpiar. Me conozco todos los productos de limpieza y sé el precio de cada uno (risas). Y cocinar es un placer enorme. Todos los sábados que tenemos doble función, hay un catering que Nico contrató con veintitrés opciones de comida y muy ricas. Pero yo prefiero volver a mi casa y cocinarme un risotto, una pasta, una tarta, una milanesa, una bondiola. Es el disfrute que tengo. Pongo música, tranquilo, está mi perro y me desconecto.
-¿Seguís en pareja?
-No, me separé hace tiempo. Estoy solo, pasándola bien.
-Varias veces comentaste que tenés 52 años, ¿cómo te llevás con el paso del tiempo?
-Yo me siento bárbaro. A esta edad puedo disfrutar de cosas que, quizá, antes no pude por inmadurez o por cosas que no comprendía. No sabés cuándo es el último día. Hoy tengo la posibilidad de tener trabajo en un país donde no hay trabajo y tengo salud, que es fundamental. ¿Cómo no voy a disfrutar la vida?
-¿Extrañás la época en que había muchas ficciones en todos los canales y terminabas una novela y empezabas otra?
-Sí, se extraña. Pero creo todo que cambió mucho. Para mí esa televisión no vuelve más y es una pena. No es fácil entrar a las plataformas, siento que buscan otro perfil. Ahora está de moda la ficción vertical. ¿Qué es eso? Si nosotros tenemos los ojos horizontales. No me seduce.
-¿Qué ficciones recordás con más ganas y por qué?
-Todas fueron buenas. Gasoleros, obviamente, me dio popularidad, y Padre Coraje también. Sin Código, Solamente Vos. Hice muchísimas ficciones. Recuerdo un día que estábamos haciendo Taxi en teatro y apareció una señora con un nenito, que se acercó y dijo: “¿Mirá quién es? Abrazá a tu papá. Acá tenés a tu hijo”. Y yo le decía que estaba equivocada, que no tengo hijos. Entonces sacó una foto y me la mostró: estaba yo con un bebé en brazos. Ese nene había sido mi hijo en Gasoleros (risas). Me pegué un susto bárbaro (risas). Gasoleros fue un fenómeno en su momento. Adrián (Suar) revolucionó la televisión con esos elencos hermosos que armaba. Todos actores de gran trayectoria. No sabías a quién poner primero en los títulos. (Juan Carlos) Calabró prefirió que no lo pusieran en Campeones. Cada uno tenía su ego. Por Gasoleros pasaron Maradona, Sergio Denis, China Zorrilla. Esas ficciones marcaron una época.
-Cada trabajo te dejó un amigo. Recién nombrabas a Alberto Martín, que falleció hace unos meses.
-Alberto fue un gran amigo y gracias a Dios estuve hasta el final con él, porque me dio el privilegio de elegirme para acompañarlo y que pudiera partir en paz. Fue un regalo que le agradezco al cielo. Porque que alguien te elija como amigo está bárbaro, pero que te elija para llegar al final de su vida es un regalo. Lo acompañé durante su internación. Él no quería que se supiera mucho y me acuerdo que yo les pasaba el parte a Adrián Suar y a Germán Kraus, que fueron muy amigos. Charlamos mucho en esos dos meses y medio que estuvo internado en el Austral y pude contarle el proyecto de Rocky. Estaba muy contento porque él lo quería mucho a Nico Vázquez.
-Fuiste amigo también de Carlin Calvo, de Sandro, de Cacho Castaña...
-Tuve la suerte de aprender de cada uno de ellos. Me gustaba escucharlos y ver cómo se paraban en un teatro. De hecho, en Rocky tengo algunos ratos fuera del escenario y me quedo en patas mirando a mis compañeros. Porque de todos aprendo y siempre saco algo, del mejor actor y del peor también. Con Carlin trabajé en el 93 en Amigos son los amigos y ese fue mi primer debut en televisión. Y después seguí viéndolo y volví a compartir proyectos con él. Íbamos a hacer Taxi en teatro y él no llegó a estrenar porque tuvo el ACV. A lo último estuvo internado en una clínica de Constitución y yo fui a verlo un par de días antes de que falleciera. Y con Sandro también trabajé. Él me llamó un día que me vio en lo de Mirtha Legrand. Estuve en dos de sus espectáculos. Sabía quién era Sandro porque mi papá lo escuchaba mucho. No sé si éramos amigos, pero teníamos una relación fluida e iba a su casa. Tengo hermosos recuerdos de todos.
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