Michael Fox afronta nuevos problemas de salud a causa del Parkinson

A sus 57 años, el actor de Volver al futuro sigue confiando en la esperanza de una cura para la enfermedad
A sus 57 años, el actor de Volver al futuro sigue confiando en la esperanza de una cura para la enfermedad Fuente: Archivo
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1 de marzo de 2019  • 18:40

Michael J. Fox lleva 30 años conviviendo con el Mal de Parkinson. La enfermedad ha sido todo un aprendizaje para él, como ha comentado el propio actor en diversas ocasiones, pero en su estado avanzado actual, las dolencias comienzan a mostrar su lado más cruel.

El hombre que viajaba en el tiempo en sus recordados papeles de Volver al futuro debe lidiar con nuevos problemas de salud de considerable gravedad derivados de la enfermedad, los cuales han dado lugar a que sufriera diversas caídas y le han obligado a someterse a varias operaciones de cirugía en su columna vertebral.

El trastorno degenerativo que provoca el Parkinson, mal que de momento no tiene cura, presenta síntomas que avanzan con los años y que abarcan temblores, problemas de equilibrio y rigidez en las extremidades.

En una entrevista con The New York Times Magazine, el actor habló de su día a día y de otros temas que le preocupan. Fox fue diagnosticado del mal en 1991 pero no lo hizo público hasta 1998, y siguió actuando en una gran cantidad de películas y programas de televisión mientras se enfrentaba a la enfermedad. También se convirtió en uno de los defensores más activos en la búsqueda de una cura y ha impulsado las investigaciones desde su propia fundación contra el Parkinson, con la cual ha recaudado 800 millones de dólares para estos fines.

Sobre su actual estado físico, el actor dijo: "Estaba teniendo un problema recurrente en mi médula espinal. Me dijeron que era benigno pero que, si se mantenía, habría disminuido la sensibilidad en mis piernas y tendría más dificultades para moverme. De repente, empecé a caerme mucho y llegué el punto en que era necesario operarme. Así que lo hice y recibí una intensa terapia física", relató Fox.

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Luego de este difícil período, el intérprete cuenta que la gente le pedía que retomara la actuación, lo cual tenía previsto hacer el pasado agosto. Sin embargo, el cuadro se lo impidió. "Llegó un día en que me desperté, caminé hacia la cocina para desayunar y tuve un episodio por el que me terminé fracturando un brazo después de darme un gran golpe", agregó.

Aun así, no lo abandonaban el optimismo y las ganas de recuperarse, actitud que hoy sigue manteniendo. "Hay un nuevo medicamento que ha sido aprobado y que es como un inhalador de rescate para cuando te quedas rígido", dijo. "Los tratamientos para eso pueden marcar una gran diferencia en la vida de las personas. Ahora, si podemos prevenir profilácticamente que los síntomas de Parkinson se desarrollen en una persona, ¿eso es una cura? No. ¿La tomaría? Sí ", apuntó.

A sus 57 años, Michael Fox también analiza la realidad política de Estados Unidos y confiesa sus frustraciones respecto a las políticas implantadas por Donald Trump en su país.

El actor, quien se ha caracterizado por hacer campaña política a favor del bando demócrata, critica el aparente escepticismo de la administración hacia la ciencia. "Trump no está pensando en el Parkinson y una cosa que me enfureció fue cuando se burló del reportero de The New York Times Serge Kovaleski, que padece artrogriposis (Trump lo hizo en un mitin de 2015, en Carolina del Sur). Eso fue una puñalada en las entrañas. No solo para mí sino para las personas que conozco y con las que trabajo, que se esfuerzan por superar la aversión atávica de otras personas hacia cualquier persona que se mueva de manera diferente. Así que me pregunté: ¿Digo algo sobre ello? Pero pensé: 'La gente ya sabe que Trump es un insulto", añadió.

Michael Fox está trabajando actualmente en un nuevo libro (ya ha escrito tres memorias) centrado en algunas preguntas que se hizo en los últimos tiempos: "¿Han sido falsas mis esperanzas? ¿Hay una línea más allá de la cual no hay consuelo?".

"Para mí, llegar a ese lugar es algo bastante oscuro", señaló. "Me di cuenta de que la comprensión que había alcanzado sobre la enfermedad era sincera, pero me arriesgaba a ser simplista. Hice las paces con ella pero presumí que otros tenían esa misma relación con este mal, cuando no era así. Luego, cuando comencé a lidiar con los efectos de la cirugía de la columna vertebral me dije: 'esto puede empeorar mucho', estando en una situación en la que no podía caminar y tenía enfermeros las 24 horas del día".

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