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Cine argentino

Ricardo Darín: "Me dicen tibio porque no soy kirchnerista ni macrista"

Gustavo Lladós
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11 de agosto de 2019  • 00:34

Es el actor argentino más convocante, tanto aquí como en España. Y también uno de los más queridos. Su sola presencia permite la financiación de un film y, salvo alguna que otra excepción, asegura el éxito de taquilla. Si bien sus comienzos remiten al mundo televisivo, donde protagonizó muchas novelas y comedias, desde mediados de los años 90 es "el" actor de cine argentino.

Este jueves Ricardo Darín regresa a las carteleras cinematográficas con La odisea de los giles, un film coral dirigido por Sebastián Borensztein, con un reparto de lujo, mucho humor y un marco socio-histórico que va a dar que hablar: la Argentina de 2001. Entre sus compañeros de elenco están Luis Brandoni, Verónica Llinás, Daniel Aráoz, Carlos Belloso, Marco Antonio Caponi, Rita Cortese y Andrés Parra; también su hijo, Chino Darín, con quien comparte pantalla por primera vez. En la película Ricardo Darín interpreta a Fermín Perlassi, un vecino de un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires que sueña con reflotar una vieja cooperativa agrícola hasta que se topa con la peor de las pesadillas: el corralito.

Trailer de la película "La odisea de los giles" - Fuente: YouTube

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Basada en la novela La noche de la usina, de Eduardo Sacheri, La odisea de los giles promete ser la película nacional del año. A días de su estreno, la ansiedad le gana al actor (quien también es co-productor del film, junto a su hijo, a través de Kenya Films) y asegura: "Quiero ya meterme en una sala a oscuras y vivir codo a codo las reacciones de la gente. Sabíamos que la película podía ser dramática, por eso pusimos especial énfasis en desacralizar algunas situaciones porque la intención no es revolver heridas. La idea es que el público pueda divertirse con cosas que pasaron hace casi 20 años. En este sentido espero que la gente pueda tomar distancia y hacer catarsis, que la película convoque a la risa y sea terapéutica, pese a la época que retrata...".

-La película transcurre en 2001. ¿Qué recuerdos tenés de aquella época?

-Uno normalmente mide la profundidad de la herida en función de lo que le ha pasado. Bueno... yo venía de atravesar la peor situación de mi vida -después de la muerte de mi padre-, que fue la separación de mi mujer. Hacía meses que había ocurrido, razón por la cual yo viví la experiencia de 2001 de una manera distinta al común de los argentinos, porque en lo personal yo tenía un súper tema: la recuperación de mi familia. Ahora, a la distancia, puedo ver ambas cosas de otra forma, pero en ese momento el factótum de lo que me pasaba en términos de angustia y tristeza tenía que ver con una cuestión más personal que social.

-¿Sufriste el corralito en carne propia?

-Yo no, pero mi madre fue una de las tantas damnificadas, perdió muchísimo con el corralito.

-La película no sólo refleja lo que pasó en aquel momento, sino también las consecuencias de las políticas de Estado de la década del 90, que paralizaron la actividad agrícola en el Interior con el cierre de los ramales de trenes.

-Así es. Exactamente. A veces pareciera que tenemos mala memoria. Una chica que vio la película nos hizo una descripción que me pareció muy llamativa. Nos dijo que lo que más le había gustado es que es una historia que estaba escrita desde el Interior y hacia el Interior y no desde la Capital hacia el Interior. A la hora de rodar la película, poner los pies en la tierra, estar en contacto con la gente, escuchar las historias familiares de cada uno, de lo que les ocurrió con sus pequeñas empresas, fue el alimento cotidiano que impensadamente fuimos recibiendo para contar nuestra historia. El tema de los trenes convirtió a pueblos maravillosos en pueblos fantasmas, de los que todos los jóvenes, a los 17 años, quieren huir para tener una posibilidad de algo; y los únicos que se quedan son los ancianos porque no tienen otra chance. Desde el punto de vista cultural hoy nos parecen pueblos fabulosos, vamos y sacamos un montón de fotos; pero hay mucho dolor ahí, mucho dolor.

"Lo que hace el individualismo es olvidar a una gran cantidad de personas que luego se terminan convirtiendo en agresores de un sistema que los ha ninguneado, descalificado y abandonado", dice Darín
"Lo que hace el individualismo es olvidar a una gran cantidad de personas que luego se terminan convirtiendo en agresores de un sistema que los ha ninguneado, descalificado y abandonado", dice Darín Fuente: LA NACION

-La película pareciera ser una oda al cooperativismo por su planteo. ¿Pensás que esa podría ser la salida a la crisis económica actual?

-Podría ser. Me encantaría -si tuviera algún poder, aunque sea mínimo- de contagiar en términos morales, éticos, casi te diría espirituales, que la única forma de disfrutar el bien no es con el individualismo. No hay ninguna chance de que sea así. El individualismo nos hizo construir rejas, nos hizo creer que cuidando nuestra quinta -como se suele decir- estamos protegidos. No es verdad porque lo que hace el individualismo es olvidar a una gran cantidad de personas que luego se terminan convirtiendo en agresores de un sistema que los ha "ninguneado", descalificado y abandonado. Por eso estoy absolutamente seguro de que el individualismo no es la salida a la crisis. Si en la vereda de enfrente está el cooperativismo o el pensar en el bien del otro -incluso para pensar en el bien propio- sí, estoy de acuerdo, sería maravilloso que eso ocurriera.

-El film marca tu reencuentro actoral con Luis Brandoni, con quien compartiste dupla y éxito televisivo en los años 90 en Mi cuñado. ¿Cómo fue el reencuentro?

-Fue como suele pasar con esos amigos o viejos conocidos, que no ves desde hace años y sin darte cuenta retomás el vínculo del punto que dejaste, si es que alguna vez dejaste en algún punto. Sin poner demasiado énfasis en nada, retomamos con muchísima naturalidad. Yo traté de ser lo más cariñoso, amable y contenedor con él. Ya no sólo como actor sino como productor de la película, sentí que ese era mi derecho y mi obligación al mismo tiempo porque es un ser y un intérprete que valoro mucho, con el que he compartido muchos años de mi vida; y del que he aprendido mucho, casi sin que él se diera cuenta y muy probablemente sin que yo me diera cuenta. Cuando soñamos con esta película empezamos a ponerles caras a los personajes y una de las primeras caras que pusimos fue la de Beto para Fontana. Y fue realmente una maravilla poder cumplir con ese sueño. Muchas veces por cuestiones de agenda tenés que ir por el plan B o el C y esto no nos pasó con esta película; cada uno de los que fue convocado se fue subiendo con el mismo amor con el que fue llamado.

-En el elenco de La odisea de los giles hay actores con distintas posiciones políticas, a un lado y otro de la grieta. ¿Cómo se vivió eso? ¿Se trasladó al set? ¿Jugó a favor o en contra?

-Sucedió lo que sucede en la película con la multiplicidad de temperamentos y caracteres. Te mentiría si no te dijera que en algún momento percibimos eso, pero también te mentiría si te dijera que fue planeado. No fue planeado ni pasado por alto, simplemente se dio con la naturalidad con que se tiene que dar en todo hecho artístico, no hay nada que puede estar por encima del hecho artístico y es una bendición tener la posibilidad de estar codo a codo con alguien que no piensa como vos. Todos convivimos con mucha armonía, he presenciado conversaciones entre actores y actrices de diferentes posiciones políticas muy amistosas, cariñosas, amables. Es que esto fue un viaje y en los viajes las personas se conocen verdaderamente, ahí se terminan las mezquindades. Y la verdad es que todo fue maravilloso. Aún recuerdo las sobremesas, después de haber estado 10 horas de pie, en medio del campo, muertos de frío, debajo de la lluvia, sentarnos a comer algo calentito y a tomar una copa de vino, disfruté plenamente todo eso durante el proceso del rodaje.

Darín, Verónica Llinás y Luis Brandoni, protagonistas de La odisea de los giles
Darín, Verónica Llinás y Luis Brandoni, protagonistas de La odisea de los giles Fuente: Archivo

-¿Se hablaba de política durante esas sobremesas?

-No. Al menos yo no presencié ninguna de esas, a lo mejor inteligentemente fueron temas eludidos a propósito, no lo sé. O a lo mejor se produjeron y yo no participé. Estaba muy enfrascado en la película, terminaba de filmar y, al ser también productor, iba a ver las tomas que habíamos rodado durante el día.

-¿En algún momento te negaste o te negarías a trabajar con un colega por cuestiones políticas?

-No, jamás. Nunca está en mi orden de prioridades el tema político. Me encanta y soy amigo de la discusión, del debate, del intercambio de ideas. Pero nunca antepondría la cuestión política para decidir o no trabajar con un compañero. Además, no tengo una posición política tomada, férrea, como para decir de acá no me muevo. Estoy permanentemente en movimiento, sospecho siempre de mi mismo, así que sospecho de todos. He sido de todo: fui de TERS (Tendencia Estudiantil Revolucionaria Socialista), cuando tenía 15 años, y después estuve afiliado a un partido sólo una vez, al PI (Partido Intransigente) por Oscar Alende, y a partir de ahí quedé bastante huérfano. Por supuesto que disfruté del advenimiento de Alfonsín, como la gran mayoría de los argentinos en su momento, no sólo por él en si mismo sino por lo que significó para la democracia y la salud de la República. Y después volví a quedar huérfano, nunca volví a encontrar alguien con quien yo coincida plenamente.

-¿Hoy ya tenés decidido a quien vas a votar en las próximas elecciones presidenciales?

-No. Además no voy a votar, voy a estar afuera trabajando, en España. Esto ya me ocurrió, la votación anterior me ha "pillado" -como dicen los españoles- afuera. Esto obviamente no me inhabilita a pensar, lo hago seriamente, pero no veo alternativas, no, no, no veo.

-¿Estás de acuerdo con el axioma que asegura que ciertos actores (por sus adhesiones políticas) "dividen" la pantalla?

-Me parece lamentable y penoso. Tristísimo. A propósito, alguien publicó ayer en Twitter una cosa que me gustó mucho y no sé si está bien o mal que lo diga, ya que soy uno de los actores de La odisea de los giles: "este elenco es el final de la grieta". Ojalá sea así.

-En algún momento se te tildó, políticamente hablando, de "tibio". ¿Cómo te llevás con este calificativo?

-Estoy acostumbrado a las calificaciones que pretenden ser peyorativas y que, en definitiva, no lo son, que no llegan a serlo, como esos sueños recurrentes en que creés que le estás pegando a alguien y, sin embargo, tu mano nunca llega hasta la humanidad del otro. En los años 80, cuando formaba parte de un grupo de actores jóvenes, nos decían "Los galancitos". Ese fue un término inventado por el periodismo, peyorativamente a dos puntas: quería decir que los históricos galanes ya habían pasado y que a nosotros no nos daba el piné, que éramos imberbes. Y sin embargo, el término parecía plagado de amabilidad, hasta cariñoso. Con lo de "tibio" pasa lo mismo. ¿Qué quiere ser tibio, que no sos blanco ni negro? ¿Qué no sos recontra caliente ni congelado? Okey, soy eso. A veces me caliento mucho y me asusto, cuando veo que la aguja va rápido al extremo. Y frio.nunca fui demasiado frío, esa es la realidad. Así que puedo ser un tibio medio caliente, pero no soy un fanático ni un fundamentalista. Detesto los fundamentalismos, creo que enceguecen, no ayudan en nada, ni al debate ni a la discusión ni a la comprensión de nadie. Ante posiciones irredimibles se pierde el eje de toda discusión, llega un momento en que no se sabe qué se está discutiendo; y ya no importa escuchar al otro sino la propia voz. Trato de estar vacunado de todo lo que nos empuja a ser necios. Políticamente me dicen tibio porque no soy hirchnerista ni macrista, esta es la realidad. Todo se ha dirimido entre azules y colorados, Boca y River, kirchneristas y macristas. No lo entiendo, ¿no puedo pensar de otra forma? ¿no puedo tener una tercera, cuarta o quinta posición? ¿no puedo tratar de encontrar a alguien que represente mis ideas o mis sentimientos de una forma más plena? A veces he coincidido con algunas cosas de la gestión anterior, otras con la de la gestión actual. Esto no significa que sea kirchnerista o macrista. Todo el malentendido empezó hace unos años cuando, en un reportaje que apareció en la tapa de una revista importante, me permití decir que me gustaría conocer el incremento patrimonial de los funcionarios públicos. Eso se redujo a la familia Kirchner, cuando en realidad yo lo dije por todos los funcionarios públicos. Entonces fui prácticamente defenestrado por un sector que pensó que yo estaba claramente haciendo un ataque; mientras que el otro sector me tomó como si yo fuera el adalid de sus ideas. Y ninguna de las dos cosas es cierta. Y acá estoy hoy, lidiando aún con eso.

-Esta es la primera vez que trabajás junto a tu hijo. ¿Era una asignatura pendiente o nunca se lo habían planteado?

-Empezamos a fantasear con trabajar juntos desde hace unos años, básicamente a partir de que él empezó a despuntar su oficio. Pero nunca lo planteamos como una necesidad porque afortunadamente él está haciendo su propia carrera, meteórica por cierto y con muy buenas herramientas. Lo veo caminar bien, firme, enfocado, prudente y con una buena dosis de humildad dentro de lo que es el ego al que estamos sometidos en esta profesión.

La odisea de los giles reúne por primera vez en pantalla a Ricardo Darín con su hijo, Chino Darín
La odisea de los giles reúne por primera vez en pantalla a Ricardo Darín con su hijo, Chino Darín Fuente: Archivo

-¿En qué se asemejan y diferencian a la hora de trabajar?

-Tengo la sensación de que somos muy obsesivos y detallistas. Nos gusta mucho lo que hacemos y ahora, con esta unión que se ha producido por la productora que hemos creado (Kenya Films), estamos más unidos y obsesionados que nunca. La que más padece esto es Florencia, mi mujer, su madre, porque dice que estamos todo el día hablando de lo mismo. Y la entiendo porque tiene razón. Porque si estamos juntos en casa el Chino y yo la sobremesa familiar se reduce a lo que nos pasó durante todo el día. Y, sí, es mucho.

-Una posibilidad sería sumarla a Florencia a la productora. ¿No se les ocurrió?

-Sí, la quisimos sumar, pero ella no quiso. Porque además es mucho más inteligente que nosotros. Nos dijo: "no, no, ustedes están locos, y yo no estoy tan loca como ustedes".

-Las mujeres suelen ser más prácticas y realistas. ¿Teme que como productor pierdas los ahorros familiares?

-No. Ella hace hincapié en el tiempo compartido. No lo quiere perder, y tiene razón. El valor más alto de todos es el del tiempo, no es el del dinero. Si alguien me preguntara: ¿cuánto pagaría para ganar más tiempo, para tener más tiempo de vida? ¿Qué precio puede tener eso? Inconmensurable.

-Más allá de la obsesividad, ¿reconocés en el Chino otros gestos tuyos?

-Sí. Es re-cabezón como yo. Pero es más cabrón, tiene mecha más corta y yo soy más perro viejo, más diplomático. Él es muy frontal. Él es mucho más inteligente, es más educado y tiene mucha más instrucción que yo, en todos los sentidos, por suerte. En el caso de él se cumple el viejo sueño de la clase media, el de que los hijos aspiraran a más y fueran más que los padres. A mí no me pasó eso, pero lo conseguí casi sin aspirarlo, con lo cual es una paradoja. Él es más que yo. Estoy orgulloso de que sea así y también estoy orgulloso de mi hija porque es más inteligente que yo. Y su madre es un caso aparte, tiene un tipo de inteligencia que escasea y que está en extinción, que es la inteligencia vital. Tiene inteligencia creativa, es casi un oráculo: todos estamos esperando a que ella diga qué hay que hacer para ir a hacerlo. Es casi infalible. En fin, estoy muy orgulloso de todos ellos.

-Aunque en Nieve negra compusiste un personaje más oscuro, en general se te convoca para interpretar hombres normales en situaciones extraordinarias, siempre buenas personas. ¿Te gusta que te vean así?

-En realidad artísticamente lo mejor que te puede pasar es que te den los villanos, los guachos, los malos, los mal formados, porque la distancia hace que tengas que hacer un viaje creativo que es muy rico y divertido; y también bastante menos censurado porque está dentro del campo de la fantasía; entonces te podés permitís cosas que normalmente cuando te toca un abogado bueno de clase media, por nombrar un caso, están más acotadas. Yo no soy ni bueno ni malo, con lo cual cada personaje me ofrece la posibilidad de fantasear y delirarme un poco, para un lado y para el otro. Porque la verdad es que no soy bueno, quiero ser bueno, toda mi vida perseguí ser buena persona porque me parece que es un valor muy elevado ser buena persona. Pero no sé si lo voy a conseguir finalmente, a lo mejor no me da el tiempo; porque creo que las buenas personas, auténticas, enteras, son las más sabias. Ser malo es un mal negocio. Creo que invertir en el mal al otro es una pérdida de energía y de tiempo absoluta. El mundo y los seres humanos existimos por el amor, no por el odio.

-Del mismo modo que alguna vez se dijo que Federico Luppi encarnó en las décadas del 70 y del 80 el modelo de actor ético por excelencia (gracias a películas como La Patagonia rebelde, Tiempo de revancha, Últimos días de la víctima y Plata dulce, entre varias), hoy se podría decir que desde mediados de los años 90 ese rol lo cumplís vos. ¿Qué opinás del paralelo?

-El paralelismo me honra porque admiré mucho a Federico. Volviendo a lo del hombre común puesto en situaciones extraordinarias.eso lo sintetiza casi todo. Cuando hay un actor o una actriz que está en ese segmento y tiene la suerte de haber contado con libros como los que tuve yo, que representan muy bien asuntos de la vida real, empezás a cimentar una construcción de un personaje familiar, accesible y alcanzable, a diferencia de los grandes divos y divas de Hollywood, que cimentaban la construcción de su persona y sus personajes en cuanto más elevados y alejados se encontraran de la gente común. Digamos que mi camino es justo el inverso... De todos modos, hay algo muy azaroso en el camino de un actor y en cómo el público te ve. Yo tengo desde hace mucho tiempo la suerte de que le caigo bien a la gente, es así y no se puede hacer nada para evitarlo. Yo no abono a eso, nunca he planificado caerle bien a los demás, me muestro tal cual soy y nada más. Sé que es un privilegio y que detrás de todo privilegio hay una gran exigencia. Ese es la lado B de semejante aceptación.

-Ya que tenés por objetivo fundamental ser una buena persona y sos considerado como un modelo de actor ético, ¿cómo te tomó el año pasado la denuncia por destratos de Valeria Bertuccelli?

-Sufrí mucho. Hay personalidades robustas y sólidas que se cagarían en algo así, que les encantaría estar en la palestra por aquello de que si el río suena.ganancia de pescadores. Pero las personas sensibles, que quieren caminar bien en la vida, como creo que lo hice yo toda mi vida, lo padecen. A esta altura sé que voy a arrastrar esto toda mi vida y no lo merezco. ¿Y sabés por qué lo voy a arrastrar? Porque no hay nada que yo pueda hacer al respecto. Es más, salir a aclarar es peor, porque es tirar más leña al fuego; y callar también es peor, por aquello de que el que calla otorga. Por eso esto va a ser una nube que me va a perseguir toda mi vida. Es algo horrible y absolutamente inmerecido, y no porque yo no haya cometido errores, o no haya discutido o no me haya peleado o lo que sea. Pero no me pueden poner en el mismo lugar de tipos que han cometido cagadas, que han sido malos, que han dañado gente a sabiendas. No me pueden hacer eso. Repito: no me lo merezco.

-Todo el mundo te nombra como a uno de sus actores favoritos. Y vos, ¿a cuáles admirás?

-Me gustan mucho los actores argentinos o extranjeros que me hacen disfrutar el inmenso placer que para mí significa estar viendo a alguien y no darme cuenta de que está actuando. Después hay muy buenos actores pero que todo el tiempo están actuando; los puedo valorar y disfrutar, sí, pero acotadamente. Entre los primeros, o sea entre mis favoritos, estaban Carlos Carella, Lautaro Murúa y Ernesto Bianco, y están Luis Brandoni y Oscar Martínez.

El actor destaca el enorme talento que hay en nuestro país, aunque lamenta que padezcamos de "cierta tilinguería" con respecto a la mirada del afuera. "Es como si necesitáramos que viniese alguien del exterior para avalarnos", señala
El actor destaca el enorme talento que hay en nuestro país, aunque lamenta que padezcamos de "cierta tilinguería" con respecto a la mirada del afuera. "Es como si necesitáramos que viniese alguien del exterior para avalarnos", señala Fuente: LA NACION

-¿Y entre los más jóvenes?

-Me gustan mucho Rodrigo de la Serna, Peter Lanzani, el Chino, Nahuel Perez Bizcayart. Hay mucho talento en el país, existen muy buenos actores y actrices jóvenes en la Argentina. Y también no tan jóvenes, por supuesto. Esto es muy valorado afuera y aquí a veces pareciera que no nos damos cuenta. Hasta que viene un extranjero y lo subraya. En ese sentido padecemos de cierta tilinguería, es como si necesitáramos que viniese alguien del exterior para avalarnos.

-Después de una carrera cinematográfica con más de 50 películas, y de haber ganado todos los premios posibles por ellas, tanto en la Argentina como en España, ¿se puede soñar algo más? ¿Cuáles son hoy tus ambiciones?

-En términos personales me gustaría volver a dirigir cine y teatro, para lo cual necesito tener las dos piezas mentales que me empujen a atreverme a hacerlo. Y en términos sociales lo único que quiero es que nuestro país y nuestra gente estén mejor, definitivamente. Que tengamos un rumbo de una buena vez y por todas para siempre normal y natural como lo merecemos. Porque este país tiene posibilidades originarias increíbles y no las estamos sabiendo aprovechar. Y es absolutamente injusto que en un país de estas características todavía tengamos que lidiar desde hace 20 ó 30 años con la pobreza y con la desnutrición y con los chicos que están con los mocos hasta las rodillas y con la gente que está parada en los micrófonos pidiendo limosnas. Es inadmisible. Que nos hayamos acostumbrados a este panorama por frecuencia y por la prepotencia de verlo todos los días no significa que sea normal. Eso es lo que yo pido, y si me apretás un poco, te diría que lo pongo adelante de mis pretensiones personales.

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