La actriz que triunfa en Italia y España, separada hace más de un año de su última pareja, el periodista Germán Paoloski, reconoce que la maternidad es el proyecto más importante de su vida
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Empezó a trabajar a los 15 años y, con el tiempo, llamó la atención desde distintos éxitos televisivos, como Verano del ’98 y Los médicos. Hasta que en 2003 se convirtió en una chica Suar y llegó a su primer protagónico en Una familia especial.
Sabrina Garciarena (30) pasó su vida en Ramos Mejía, con su papá (bioquímico), su mamá (odontóloga) y cuatro hermanos. Y, a los 20, dejó la casa familiar para estar más cerca del trabajo y dedicarse por entero a su carrera de actriz. Pasó por el trendy Palermo Soho, fue una argentina en Madrid mientras filmó en Europa, y ahora habita un piso 38 en Puerto Madero (desde su ventana se ve la Reserva Ecológica y la costa uruguaya). Encantadora y algo tímida, la chica que revolucionó a sus amigos del colegio con una publicidad de cerveza –el multitudinario casamiento de García y González– y que interpretó a Felicitas Guerrero en cine se proyecta como una de las actrices con más futuro de su generación. Durante un impasse en sus agenda de mujer nómade –está filmando una miniserie para la RAI y va y viene a Uruguay–, recibió a ¡Hola! Argentina en la intimidad de su casa.
–Estás viajando mucho por trabajo. ¿Extrañás Buenos Aires cuando te vas?
–Sí, extraño mi casa, mis amigos, mi familia. Aunque me gusta viajar, conocer lugares y experimentar cosas nuevas, mi lugar en el mundo está acá.
–¿Qué ponés en la valija cuando te vas?
–Soy de llevar poca ropa, sobre todo cuando voy a Europa, porque siempre vuelvo con exceso de equipaje. Me gusta comprar allá: ¡hay de todo y los precios son increíbles!
–¿Cuándo supiste que querías ser actriz?
–Fue medio de casualidad. Una amiga me convenció de mandar fotos a una agencia y recién ahí empecé a pensar en la posibilidad de ser actriz. Si bien me gustaba la actuación desde chica y en los actos del colegio siempre hacía algún papel, hasta ese momento no me lo había planteado como una carrera. Encima, fui al primer casting y quedé.
–Parecés tímida.
–Soy muy tímida. Cuando voy a una fiesta me gusta pasar inadvertida. Jamás arranco primera a la pista de baile ni me pongo algo que llame mucho la atención.
–¿A qué te hubiera gustado dedicarte si no fueras actriz?
–Me gusta mucho la psicología y la comuniación social, así que supongo quehubiera hecho algo relacionado con el autoconocimiento y con la expresión. Me imagino escribiendo, pintando, algo así.
–Desde hace dos años sos la imagen de una marca de lencería. ¿Te sentís cómoda como modelo?
–Me llaman como actriz, no como modelo. Entonces, la exigencia es diferente. Además, desde la marca quieren mostrar una mujer natural. Eso y que la ropa de Sol y Oro va muy bien con mi imagen son las dos razones por las que acepté el desafío.
–¿Y qué sentís cuando te ves en una gigantografía?
–Nada. La verdad es que no tengo rollo con verme o mostrarme así. Es mi trabajo.
–¿Te gusta lo que te devuelve el espejo?
–En general, sí. Igual, no soy de pasarme horas frente al espejo. A veces hasta tengo que obligarme a mirarme antes de salir para ver si estoy bien.
–¿Te preocupa tu imagen?
–Sí, pero no soy una fanática, porque este trabajo puede llevar a que te pongas medio obsesiva. Me gusta verme natural, me cuido la piel y también controlo un poco la alimentación.
–Cirugías, ¿sí o no?
–Por ahora, no. Hay gente de mi edad que se hace una lipo, se opera la cara o se pone relleno en los labios, y a mí eso no se me pasa por la cabeza. Si cuando sea más grande siento que tengo que mejorar en algún aspecto, tal vez me opere.
–¿Sos una chica fashion?
–En el último tiempo estoy más pendiente de la moda. Voy a desfiles y me gusta saber lo que se usa. También soy de opinar respecto de lo que se ponen los personajes que interpreto. Y tengo amigos en España que trabajan con marcas de ropa, así que hasta he diseñado algunas cositas.
–¿Es como un juego o te tomás en serio lo de ser diseñadora?
–No, es un juego. Me divierto. Hice camisas, zapatos y una campera de cuero.
–Tenés muchos años de carrera y proyección internacional, pero seguís fiel al perfil bajo. ¿Te llevás mal con la alta exposición?
–Desde chica me tomo todo con calma. Aunque soy un toque más sensible con la parte personal: me molesta que un fotógrafo me persiga porque terminé con mi novio o porque estoy empezando a salir con alguien. Igual, entiendo que la mano es así y trato de convivir con eso. Además, no me interesa el alto perfil, prefiero que las cosas se vayan dando.
–¿Tele, cine o teatro?
–Me gusta todo, pero en este momento tengo más ganas de hacer teatro. Muero por el teatro. Ya llegará el rol para mí.
–¿Qué tiene que tener un proyecto para que digas sí?
–Una buena historia, un director que admire y un elenco con el que me den ganas de trabajar.
–Hace poco fuiste tía por primera vez. ¿Qué sentiste?
–¡Una gran emoción! Es hermoso. Creo que nunca besé tanto a nadie como beso a mis sobrinos.
–¿No te dieron ganas de ser mamá?
–Yo soy un poco madre. Soy madre con mis amigos, con mis parejas, con mis padres. Me encantan los chicos y la maternidad es el proyecto más importante de mi vida. Pero todavía soy joven, tengo tiempo.
–¿Volviste con Germán Paoloski?
–No, estoy sola. La prensa nos involucra todo el tiempo porque, como somos amigos y por ahí vamos juntos a algún lado, enseguida inventan que nos reconciliamos. Pero nos separamos hace más de un año.
–¿Pero tendrás ganas de enamorarte otra vez?
–Sí, tengo ganas. Aunque ahora estoy en pausa: no me veo en plan de conocer a alguien.
–Bueno, estás filmando una miniserie para la RAI. Debés trabajar con algún que otro italiano buenmozo e interesante...
–Todos los italianos son lindos y seductores, pero la verdad es que con mis compañeros de elenco nos hicimos bastante amigotes y no, no pasa nada con ninguno.
Texto: Gabriela Grosso
Fotos: Ignacio Arnedo
Producción: Georgina Colzani
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