En plan de vacaciones de mujeres solas, viajó con Inés y Clara a Brasil y cargó pilas antes de volver a sentarse en el jurado de "Bailando por un sueño"
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Una de las figuras más importantes en su vida fue "Mamá Sole", su abuela materna. Una mujer que la marcó a fuego y que ella tomó como modelo a seguir. Quizá por eso, Soledad Silveyra (63) elige llamar "bendición" a su rol de abuela que interpreta a la perfección con Inés (7) y Clara (5), hijas de su hijo Baltazar, y Milos (3) y Simón (cuatro meses), hijos de Facundo.
Antes de volver a formar parte del jurado de Bailando por un sueño, cumplió el suyo y viajó al Club Med de Trancoso junto con Inés y Clara y su nuera Romina. También fue parte de este "periplo de mujeres solas" Justina Rodríguez Simón, fruto del primer matrimonio de Romina.
–¿Cómo fue que planeaste este viaje?
–Yo soy una enamorada del Club Med de Trancoso porque ahí fue donde Inés hizo trapecio por primera vez a los 4 años y a partir de ahí empezó a treparse por todos lados como un mono. Antes de viajar a Brasil, llevé a mis nietas a una clase de trapecio en Buenos Aires para que volvieran a entrar en contacto y este viaje fue rotundo porque se convirtieron en las estrellas del show. Filmé unos videos divinos de ellas haciendo cosas increíbles en el aire.

–Se te nota muy contenta…
–Hacía mucho tiempo que no gozaba tanto de un viaje, fue una semana gloriosa, mágica, de mucha fraternidad… Terminé de enamorarme perdidamente de Trancoso, con sus bellísimas casas en el pueblo, sus paisajes, el clima, sus playas. Además, levantaron un auditorio increíble –diseñado por el arquitecto luxemburgués François Valentiny– con dos salas de teatro preciosas… ¡Lo único que quiero es volver!
–Sos una enamorada de los viajes.
–Sí, después de terminar con el Bailando… me fui a Nueva York y a México. Me gusta mucho armar una valija y zarpar sola, tener mis tiempos, salir a la calle sin un rumbo claro… Caminar, mirar, dejarme llevar por el lugar. Cuando volví me alquilé una casita durante unas semanas cerca de la de mi hijo Baltazar para poder disfrutar a mis nietas en el verano.
"Tuve una infancia muy dura, muy triste y ver a mis nietas con esos padres maravillosos, rodeadas de tanto amor, me produce un placer indescriptible."
–¿Qué tal sos como abuela?
–En el abuelazgo encontré un continente, un espacio donde puedo reparar todo lo que hice mal de joven con mis hijos. Me da una enorme alegría… Yo tuve una infancia muy dura, muy triste y ver a mis nietas con esos padres maravillosos, rodeadas de tanto amor, me produce un placer indescriptible… Yo no tuve papá, entonces siento que la vida se dio vuelta y me dio posibilidad de revancha.
–A estas vacaciones también se sumó una de tus nueras. ¿Cómo es en tu caso la relación suegra-nuera, que suele tener tan mala fama?
–¡No puedo quejarme en lo más mínimo! Mis nueras, Natalia y Romina, son dos soles y tenemos un vínculo maravilloso. Ellas me llaman "suegra" y yo les digo "nueras". Durante el viaje, a todo el mundo le sorprendió lo bien que nos llevamos. No puedo estar más agradecida por todo lo que les brindan a mis hijos y a mis nietos.

–¿En cuál de tus nietas ves a tu heredera?
–Inés es muy histriónica, pero Clara –la más chiquita– viene pisando fuerte. [Se ríe].
–¿Te gustaría que alguna de ellas sea actriz?
–Que sean lo que quieran… Sólo me gusta estar atenta a lo que ellas manifiestan, a sus inquietudes para poder darles el lugar para que las desarrollen. Por ejemplo, Inés volvió de Trancoso y dijo que quería estudiar francés porque allá hay gran cantidad de franceses… Todo lo que les aparece hay que fomentarlo inmediatamente para que vayan probando.
–¿Qué te dicen tus nietas, qué les gusta hacer con vos?
–Jugamos mucho, nos divertimos mucho. Yo creo que ellas agradecen cómo me permito entrar en su mundo infantil con total libertad. Ellas me conectan con un universo de placer que a mí me cuesta mucho, porque yo soy bastante sufrida.
–En las fotos del viaje se te ve espléndida. ¿Cómo te llevás con el paso de los años?
–Es un tema que solté. Basta de esa pavada de querer luchar contra el paso del tiempo. De hecho, quiero llegar a los 65 con mi cabeza blanca, llena de canas. Quiero tener mi etapa más natural de pelo blanco. Los años me están tratando muy bien y me traen cosas buenas. ¡Y basta también con la idea de que si no tenés un hombre a tu lado estás devaluada! Voy a hacer una campaña como la de Patricia Arquette en los Oscar, donde además de luchar porque ganamos menos que los hombres, también quede claro que podemos disfrutar de la soledad.
"Si llega [el amor], será bienvenido y si no, no pasa nada".
–¿Pero te gustaría enamorarte?
–Te diría que desde hace dos años estoy muy tranquila, no tengo esa necesidad. Anoche veía una película con Annette Bening y me decía: "Bueno, también está bueno que venga un hombre, te tome de la cintura y te de un beso en el cuello". Si llega, será bienvenido y si no, no pasa nada.
–¿Sentís que se las mira raro?
–Existe esa idea de que tener un hombre al lado te eleva las acciones… Aunque también comprendo esa mirada que me parece horrible, pero no comparto. Me enoja mucho esa devaluación que se hace de las mujeres que estamos solas después de los 60.
Texto: Sebastián Fernández Zini
Agradecimientos: Angie Monasterio (fotos), Belén Amigo, Lena Martorello, Roma Renom, La Folie y Gil Antigüedades
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