"Po" Powell y los secretos de una vida diseñando para Pink Floyd

Los últimos días de Pink Floyd
Los últimos días de Pink Floyd
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28 de enero de 2020  • 15:21

La edición de una caja a la que no cabe otra cosa que calificar como "monumental", titulada The Later Years: 1987-2019, reactiva el mito de Pink Floyd. Se trata de una edición que, en su versión deluxe, incluye nada menos que 16 discos (5 CDs, 6 Blu-Rays y 5 DVDs) y una seductora memorabilia. Abarca la era "sin Roger Waters", es decir lo que hicieron David Gilmour, Nick Mason y Richard Wright después del cisma que sobrevino a The Final Cut en 1983: audio y video inéditos de un periodo en el que vendieron más de 40 millones de copias e incluyó tres álbumes de estudio -A Momentary Lapse Of Reason, The Division Bell y The Endless River- y dos en vivo, Delicate Sound Of Thunder y Pulse. En Argentina, para tiempos de corralito 2.0, se edita una versión reducida que sintetiza esta producción -la edición completa cotiza online a más de 60 mil pesos.

En comunicación con RS Andy Jackson -su histórico ingeniero de sonido desde The Wall- y el legendario diseñador gráfico Aubrey "Po" Powell -autor junto a Storm Thorgerson de las tapas de Animals, Wish You Were Here y Dark Side of the Moon entre otras tantas, desde el estudio de diseño Hipgnosis- hablaron de sus experiencias con la banda en el pico de su popularidad, la sempiterna relación de amor-odio entre Roger Waters y David Gilmour y el aura de perfección sonora y visual que siempre será relacionado con una de las bandas de rock más grandes de la historia, que nunca tocó en Argentina y que todavía hoy es añorada por sus miles de fans, de Ushuaia a La Quiaca.

De Roger y David, Jackson dice que "son personas muy diferentes, pero ambos muy inteligentes, intelectuales. Mucho más que cualquier de nosotros. Muy focalizados en su música. Pero trabajan de manera muy distinta: Roger diría que elige pensar en el cuadro completo (con la música incluida), David piensa solamente en la música. Por eso es tan bueno el resultado de cuando estuvieron juntos, pero también muy dificultoso para ellos trabajar juntos. Siempre eran dos puntos de vista distintos y muy fuertes". Powell cuenta cómplice que conoció a los músicos antes inclusive que formasen la banda, en una escuela secundaria cerca de Cambridge, jugando cricket, fútbol y rugby. Pero antes de eso, se hizo amigo de Syd Barret una noche brumosa -en todo sentido- cuando entró a una típica habitación universitaria donde todos fumaban porro y. cayó la policía. Tuvieron que escaparse por una puerta trasera, y él se fue con Syd. Así se hicieron amigos.

"De toda esa camada universitaria se fue formando algo que hoy llamaría una comunidad bohemia. Varios de ellos -Syd, Roger, Nick Mason- ya tocaban en diferentes bandas y en un momento casi todos nos mudamos a Londres al mismo tiempo. Debió ser alrededor de fines de 1965, 1966", recuerda este venerable artista de 73 años hoy, el hombre que sacó la foto del tipo dándole la mano al otro tipo prendido fuego para la tapa de Wish You Were Here, por ejemplo. Y sigue la fascinante historia. "Syd fue a una escuela de arte en Camberwell, Roger a una facultad de arquitectura y ahí conoció a Nick Mason. Storm iba a la Real Escuela de Arte y yo trabajaba en la BBC. Juntos alquilamos un departamento en South Kensington, que se volvió una base de operaciones para todo ese grupo de amigos". Pícaro, cuenta además sus impresiones personales de estos viejos y célebres amigos. "Roger Waters siempre tuvo grandes ambiciones de convertirse en una estrella pop, quería ser rico y famoso. Syd Barret no. Pero eso era apenas una circunstancia convertida en hecho inesperado. Fue el tiempo y el lugar correctos".

"Alan Parson ha tenido mucho que ver en la gran reputación del sonido de Pink Floyd. Pero al fin y al cabo debo decir que resultaba fácil trabajar con ellos porque ellos partían del registro en vivo de la banda, tocando juntos en el estudio, para llegar a ese grado de excelencia. A veces me pregunto por qué Dark Side of the Moon es tan brillante y tan popular. No tengo la respuesta, simplemente son las canciones correctas y así suena", matiza Jackson sobre el reconocido sonido de la banda. Y sobre la experiencia que resultó volver sobre los masters de los vivos en Venecia y Knebworth, para esta edición de The Later Years, acepta que "fue una gran experiencia. En Venecia era tanto el movimiento alrededor, tanta polémica previa hubo. El show Knebworth es excelente igualmente, pero lo tomo como un show para televisión. Y quedó para esta edición tal cual lo mezclamos en vivo, tocaron varios otros músicos con ellos y fue inolvidable. Por momentos suenan como si fueran otra banda, la verdad".

Claro, después de todo aquello sucedió otro evento extraordinario en la historia de Pink Floyd, el último con su formación completa. El show que los reunió el 2 de julio de 2005 en Hyde Park fue, para el ingeniero de sonido que recibe a diario cientos de preguntas de fans de todo el mundo, una experiencia algo angustiante. "Todos estábamos bastante asustados con lo que pudiera pasar. (risas) Pero cuando arrancaron, nos preguntamos '¿cómo mierda hacen estos tipos para tocar tan bien, después de tantos años que ni se habían visto?' Fue extraordinario y una ocasión muy especial. David no sé si lo disfrutó a pleno igualmente, para él fue simplemente hacer su trabajo: un solo show, 20 minutos y listo. Creo que así lo vivió, pero él siempre es así, nunca lo he visto muy entusiasmado por nada.... Creo que para Roger sí fue algo especial, muy importante después de tantos años separado. Se notaba su emoción".

Powell es un libro abierto de anécdotas de la historia de Pink Floyd y su relato entusiasma con cada detalle: el doble de Hollywood que contrató para prenderlo fuego en la tapa de Wish You Were Here, el cerdo que hicieron volar sobre la usina de Battersea, la vaca que fotografió en un pueblo de campo, Potters Bar, y que eligieron para la tapa de Atom Mother Heart. Y así podría seguir un buen rato. Tiene tiempo para declararse un fan de la nueva tecnología y herramientas aplicadas al diseño gráfico, sin nostalgias de la era analógica. Entonces aparece una (tercera) voz en el teléfono para sugerir que sea la "última pregunta". Justo cuando el hombre se está riendo con ganas al escuchar la anécdota del cerdo con la camiseta de Boca, volando sobre el Monumental en un superclásico de 2012, al grito de "¡el chancho no desciende!" que surgió desde la popular xeneize.

Okey, última pregunta. Powell dejó de trabajar con Pink Floyd a principios de los años 80 y así fue hasta que un día volvió, 30 años después. "Poco tiempo antes que Storm muriera en 2013, nos juntamos con Nick Mason y David Gilmour para hablar de todo un poco. Y Storm le sugirió que yo me hiciera cargo de nuevo, de todo. Debo confesar que no quería. Pero acepté por un año, pero ya pasaron seis como director creativo y sigue siendo muy divertido". Así es que tomó el control de la muestra Their Mortal Remains que se exhibió en el museo V&A de Londres y luego recorrió el mundo. ¿Llegará alguna vez a la Argentina? Todo intento hasta ahora fracasó por motivos económicos básicamente. Aquella exhibición que retrataba el inmenso legado audiovisual-cultural de la banda logró, sin embargo, aquello que parecía imposible: que Waters y Gilmour se pusieran de acuerdo. Lo cual no era nada fácil.

Porque, cuenta él, "como a toda banda de rock que se vuelve muy grande, los problemas entre ellos aumentaron a medida que se iban haciendo cada vez más grandes. Roger quería algo, David quería otra cosa. Así funcionaron con muchos problemas entre ellos hasta The Final Cut. Y aún hasta el presente la relación entre ellos tiene altos y bajos". Powell habla en calidad de "canciller" de Pink Floyd, el hombre que media entre los gustos y las opiniones de los líderes Waters-Gilmour en pugna permanente. Así pudo salir a la luz este The Later Years. "Hay muchos casos así en la historia de rock, entre gente creativa. Mirá a Noel y Liam Gallagher, Mick Jagger y Keith Richards, Robert Plant y Jimmy Page. Son todas personalidades artísticas fuertes que tratan de imponerse sobre el otro". Se ríe cuando se le menciona el cargo honorífico. "Sí, fui algo así como el negociador permanente entre ellos. Esto sí, esto no. Tuve que ser muy diplomático, nunca tomar partido por uno o por otro. Sólo elegir lo que era mejor para la banda".

Guillermo E. Pintos

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