Por qué el peor disco de Morrissey es la mejor excusa para acordarse de él
El cantante británico que definió la estética de la canción rock en los ochenta acaba de lanzar Make-Up Is a Lie, un álbum cubierto de una ingenua nostalgia y conspiranoia deplorable
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Un disco regular con aspiraciones serias a convertirse en malo debería dejarse pasar. No decir nada. Por el bien de todos. Aunque hay excepciones: Steven Patrick Morrissey. Uno de los compositores, letristas y personajes mitológicos que definió la dimensión estética y narrativa de la canción pop sensible de los últimos 45 años acaba de lanzar Make-Up Is a Lie. Un álbum rumiante, cubierto de una ingenua nostalgia, relleno de conspiranoia de Internet, con un envase arrugado, nada excitante y, simplemente, tonto.
Morrissey tiene 65 años. Nadie le iba a exigir otro Viva Hate (1988), Vauxhall and I (1994) o un You Are the Quarry (2004) sólo por mencionar tres hitos de su etapa solista luego del vendaval incomparable que había sido The Smiths. Sin embargo, la noción de un nuevo disco de Morrissey siempre provoca cierto cosquilleo o expectativa entre los amantes de las buenas canciones destiladas en la basta cultura rock. En cambio, lo que llegó es un artefacto de boomer rock totalmente desangelado. ¿Un mal disco sirve para hablar de un gran artista? Lo intentaremos.

Durante 2025, Morrissey canceló aproximadamente el 50% de sus conciertos programados. Entre ellos el que iba a dar en Buenos Aires después de la cancelación anterior: o sea, dos veces seguidas. Obviamente, en una dimensión profesional no es lo esperable para un artista de su nivel. Aunque en una interpretación más humana -y algo enrevesada- uno podría hasta admirar la posibilidad de que alguien en este mundo -Morrissey- decida no hacer algo porque simplemente no tiene ganas: defeccionar de los compromisos -recitales- incluso a riesgo de erosionar la propia imagen -ya bastante gastada-. Steven Patrick, a esta altura, casi se volvió un especialista en el asunto. De repente, el tipo se levanta una mañana y decide no dar un show con excusas sobre su salud que hasta suenan divertidas. Incluso, Noel Gallagher de Oasis contó sorprendido la oportunidad en la que se encontró con Morrissey en un bar la misma noche que había cancelado un show por una supuesta angina.
Lo cierto es que el autor de temas como “Irish Blood, English Heart” y “First of the Gang to Die” siempre tuvo el prestigio, el misterio y esa sensibilidad incomprendida y admirada de su lado. Hiciera lo que hiciera, dijera lo que dijera, Morrissey siempre emerge con la estatura de un prócer.
Entre sus dislates aparece el de finales de 2024, cuando reveló que él había aceptado una oferta millonaria para reunir a The Smiths en 2025, pero que Johnny Marr, el guitarrista y enemigo número uno, simplemente “la ignoró”. Esto generó un nuevo cruce de declaraciones donde Marr dejó claro que no tiene interés en compartir escenario con él debido a sus posturas políticas actuales. Luego se supo que todo había sido un invento de Morrissey para acicatear una interna dormida desde hacía décadas.
Aquellas posturas políticas a las que supuestamente se refirió Johnny Marr y, que en su momento corrieron a la velocidad de la luz por Internet, tienen que ver con el supuesto acercamiento de Morrissey al partido de derecha británico Reform UK. Si bien, el año pasado aclaró, luego de sufrir cancelaciones de todo tipo, que se definía como “apolítico” en distintas entrevistas -muchas publicadas en su sitio web Morrissey Central para evitar filtros- habla de la “dictadura del pensamiento único” y alerta sobre la destrucción de la cultura británica. Allí, suele atacar constantemente a medios como The Guardian, a los que acusa de llevar a cabo una “campaña de odio” contra él. En abril de 2025, llegó a demandar a un usuario de internet al sostener que el “troll” era el responsable de haber fabricado su imagen de “racista” ante el mundo durante décadas.
No sería demasiado llamativo en cualquier otra figura, pero Morrissey erigió su prestigio artístico en base a la crítica política del capitalismo propalado durante el ministerio de Margaret Thatcher en Inglaterra. Incluso llegó a dedicarle la canción “Margaret on the Guillotine” en su primer disco solista. La polémica fue tan grande que la policía británica registró la casa de Morrissey bajo la Ley de Sustancias Explosivas, bajo la sospecha que el cantante era una amenaza real para la Primera Ministra. Muchos recordarán -y sino háganlo- “The Queen Is Dead”: un ataque frontal a la monarquía y al estado de decadencia de la Gran Bretaña de los años 80 bajo el mandato conservador. O “Meat Is Murder”: aunque trata sobre el vegetarianismo, Morrissey la usaba en entrevistas para atacar la “falta de humanidad” del gobierno de Thatcher.
Cuando Margaret Thatcher falleció en 2013, Morrissey publicó una carta abierta incendiaria titulada “Thatcher era un terrorista sin un átomo de humanidad”, en un gesto objetivo de que su desprecio por ella no había disminuido con el tiempo.
Pero, entonces, ¿Morrissey es un “facho” -para ponerlo en los términos tan despreciables y banales de la época-? Claramente, el universo de Moz -como lo llaman sus fanáticos- no puede entenderse en términos de una lógica única. Tal vez no haya que intentar comprenderlo ni justificarlo ni repudiarlo. Solo escucharlo.
Pero, caramba, acá está Make-Up Is a Lie y uno no sabe qué hacer con eso. Dejarlo pasar, hacer como si nada hubiera ocurrido, quizá no sea un mal consejo.
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