
¿Son las ropas? ¿Es la actitud? ¿El salvar al mundo semana tras semana? ¿O todo ese sexo caliente y sudoroso? Nos metimos en el backstage de una de las series más cool de la televisión.
1 minuto de lectura'
Sarah Michelle gellar está en uno de sus raros momentos de descanso durante la filmación de los últimos episodios de la cuarta temporada de Buffy la cazavampiros [viernes a las 12 y a las 19.30, por Fox]. Ella es Buffy, la heroína. Está sentada en una silla de director, vestida como Buffy; lleva un fino top blanco y pantalones negros. Aunque la serie ya no muestra tanto a Sarah como una valley-girl [término californiano para una chica esnob cuya preocupación principal es la moda y el entretenimiento light], acostumbra a vestir a sus actrices principales con las ropas más hot de la televisión, cortesía de la diseñadora Cynthia Bergstrom; Cynthia parece estar bien atenta cuando se trata de pescar modelos exclusivos, tanto como Buffy cuando se trata de luchar contra el mal y los demonios. (Y, como señala la Gellar, criada en Manhattan y orgullosa de su ciudad natal: "Es muy difícil trabajar en una serie que se filma en Los Angeles y marcar el curso de la moda, porque la moda se dicta en Nueva York y estás compitiendo con todas las series que se filman allá…".)
Gellar, de 23 años, está en la piel de la jovencita cuya misión en la vida, desde que empezó la serie, en 1997, es batallar contra monstruos. Llegó temprano en la mañana a este set de filmación y estará aquí hasta muy tarde en la noche. A menudo ha dicho que ella y Buffy tienen en común un temprano asumir de responsabilidades adultas. Sarah es una ex niña actriz; fue descubierta en un restaurante cuando tenía 4 años y ha estado bajo la mirada del público al menos desde que cursaba la secundaria. En ese entonces intervino en la serie All My Children.
Ya sea en el papel de Buffy o en persona, Sarah tiene la sonrisa de una concursante de certamen de belleza y el modo hipervigilante de una persona que no confía en nadie. Y habla muy rápido, habilidad que le ha venido de perlas al abordar los guiones de Joss Whedon, el creador del programa, que contienen oraciones largas y complicadas. Está considerando la pregunta ¿qué lleva a Buffy a matar?
–Creo que le sale más naturalmente que lo que le gustaría admitir –confiesa–. La cosa es que, en esta serie, podés identificarte con muchos personajes... Uno termina interesándose en qué le va a pasar a cada uno de ellos. Y todo está en la cabeza de Joss. Me resulta sorprendente pensar que un buen día tuvo esta idea y que ahora ha creado este imperio, todo esto que ves aquí. Por ejemplo, en poco tiempo empezaremos a filmar el último capítulo de la temporada, pero nadie tiene idea siquiera sobre lo que va a pasar. Joss, sin embargo, está tranquilo. "No se preocupen, lo tengo todo acá", nos dice tocándose la cabeza.
A Joss Whedon siempre le gustó crear mundos imaginarios. Cuando tenía 11 o 12 años imaginó un mundo donde había un héroe llamado Harry Egg, un itinerante viajero espacial, con su compañero, el semidiós andrógino Mouseflesh. Diez o trece años más tarde (durante los cuales pasó por la escuela, escribió guiones secundarios y colaboró en la serie Roseanne), Joss tuvo otra idea. Más que una idea se trataba, en realidad, de una imagen.
–Era un poco la chica rubia en el callejón, ésa que está siempre en las películas de horror, a la que matan una y otra vez… –recuerda–. Me daba lástima esa chica y siempre me pareció más interesante que las demás. Era divertida, tenía sexo, tenía onda. Y siempre terminaban castigándola por eso. Literalmente, yo tenía en mi mente esa escena, como si fuera el avance de una película. ¿Por qué no hacer que la chica entre en el callejón, los monstruos la persigan y ella termine destruyéndolos?
Y eso es, básicamente, lo que sucede en Buffy. Después de tres años en la escuela secundaria de Sunnydale, Buffy Summers acaba de terminar su primer año en la Universidad de Sunnydale. Es una cazavampiros. En cada generación hay un cazador o una cazadora cuya misión y habilidad es la de luchar contra el mal, que se presenta en especial –aunque no exclusivamente– en la forma de vampiros. Sunnydale está situado en la boca misma del Infierno. Si se abriese la boca del Infierno, el mundo, tal cual lo conocemos, llegaría a su fin y los demonios gobernarían la Tierra.
En el mundo real, Whedon, de 35 años, está sentado en su oficina en el mismo complejo que contiene los estudios de Los Angeles. Creció en Manhattan y fue a un internado en Inglaterra antes de seguir la carrera de su abuelo y de su padre como escritor para televisión, formando así una línea directa de descendencia entre el Donna Reed Show y Buffy la cazavampiros. Whedon no fue un adolescente feliz.
–Era uno de esos niños a los que nadie les presta atención, de modo que hacen un montón de ruido y muchas locuras –dice–. Pero yo era divertido, no era una molestia total. Desde muy chico decidí que mi función en la vida era acercarme a un grupo de gente, decir algo divertido e irme mientras todavía se estuviesen riendo. Y eso es más o menos lo que hice siempre, sólo que ahora me pagan por hacerlo.
(Y por hacerlo también recibió una nominación al Oscar: fue el caso de Toy Story, coescrita por Whedon. Sus créditos incluyen Alien: la resurrección [Alien: Resurrection, Jean Pierre Jeunet, 1994] y Máxima velocidad [Speed, Jan De Bont, 1994], así como Buffy the Vampire Slayer, el largometraje de 1992 dirigido por Fran Rubel Kuzui, que dio origen a la serie.)
Cuando habla, tiende a perder la mirada en la distancia; su habitual elocuencia no lo ha vuelto menos tímido. –Después de hacer el largometraje de Buffy, un productor de tevé me dijo: "Esto es un programa de televisión". Yo pensé: un programa de televisión necesita algo que lo sostenga, y una chica de California que pelea contra los vampiros no es suficiente. Pensé en la escuela secundaria y en las películas de terror y en la escuela secundaria como el Infierno y en la chica peleando contra cosas… que terminan siendo reflejos de las experiencias por las que tenés que pasar en la escuela secundaria... Entonces comprendí que tenía una serie de televisión en mis manos.
Si se exceptúa a Los Simpson, Buffy la cazavampiros se transformó en la serie más cool de la televisión. Es, entre los programas que están en el aire, uno de los más sexualmente explícitos, y que figure en un horario central resulta casi subversivo. "Es algo que tenemos que asumir", dice Whedon, "porque está en la mente de la gente. Pero si hacés un programa de terror, te van a pegar por cualquier cosa que pongas en él. No estoy diciendo que está mal, ni estoy diciendo: «Oigan todos, vayan y tengan sexo ahora mismo». Pero el hecho es que las personas sí se acuestan con otras y a veces las cosas se complican, y a eso queremos referirnos", y extiende esta explicación también a Angel [sábados a las 14, por Telefé], la serie derivada de Buffy.
Los personajes de la serie, que en su mayoría acaban de graduarse de la secundaria, tienen sexo y algunos de ellos tienen mucho, pero ésa no es siquiera la parte transgresora. La parte transgresora es qué tan integrada está la sexualidad de los personajes, y no simplemente en ese nivel obvio y simbólico en el que a adolescentes y vampiros los gobierna una fuerza interior que no siempre pueden controlar. Lo que realmente vuelve transgresora a Buffy, especialmente en su retrato de la sexualidad femenina, es que los personajes tienen sexo, con sus consecuencias, pero no es eso lo que los define como personas. También tienen amis- tades con consecuencias, también van a la escuela y hay consecuencias, también son populares y eso trae consecuencias, y hasta las interminables repeticiones del tema "Believe", de Cher, tienen consecuencias; buenas y malas. (Excepto lo de Cher. Eso sólo trae consecuencias negativas.)
En realidad, aunque rara vez pasa un episodio sin que al menos un vampiro muerda el polvo, y es posible que el programa nunca gane un Globo de Oro, a la hora de lidiar con lo que está dentro de vos y no podés controlar, Buffy es la serie más realista de todas las que están en el aire.
–Buffy se deja llevar por sus emociones y no siempre toma las decisiones correctas –dice el supervisor de producción Marti Nox- on–. Pero, cuando llega el momento, cree ciegamente en ella misma y en sus habilidades. Mucho del poder de Buffy tiene que ver con aprender a lidiar con tu sexualidad; con el hecho de que, si estás abierto a algo, probablemente te fortalezcas, pero también te va a doler. Otros programas que encaran muy seriamente las penas de la vida pueden dejar mucha gente afuera, porque abordan sólo la superficie de la cosas. También se vuelven muy cansadores porque, ¡¿cuántas veces puede tener leucemia un mismo personaje?!
Pues bien, ¿por qué Buffy mata?
–Básicamente, por su sentido de la responsabilidad –dice Whedon– y la necesidad de enfrentar su exceso de energía. Sé que suena cursi, pero está en su sangre. En esencia, la escuela secundaria es toda alienación y terror. Yo fui muy infeliz en el colegio, todo el tiempo, de modo que tuve una excelente fuente de inspiración en mi propia experiencia. Y las cosas no fueron más fáciles en la universidad, al menos para mí. No se trata de decir: "Bueno, la escuela ya terminó, los problemas se resolvieron". La gente nunca supera esas cosas, de otro modo no reaccionaría como lo hace frente al programa.
–Ese es el objetivo final de la serie –coincide Gellar más tarde, al preguntársele si Buffy ha puesto en el tapete la cuestión de la confianza, dado que si la protagonista confía en la persona equivocada, el mundo entero puede llegar a su fin–. Cuando alguien te rompe el corazón, uno siente que el mundo se termina. Y en el caso de Buffy, es verdad. Pero, bueno, todos nos hemos sentido así alguna vez. De eso se trata.





