
"Potestad", del teatro al cine
Pavlosky actuará en la versión fílmica de su obra, dirigida por César D´Angilillo
1 minuto de lectura'
"No será una película sobre el terrible hecho social de los desaparecidos, sino sobre la interioridad de un apropiador de niños", dice César D´Angiolillo respecto de su proyecto de llevar al cine "Potestad", de Eduardo "Tato" Pavlovsky.
"Vi varias veces la obra y me conmovió muchísimo. Lo difícil para la versión cinematográfica va a ser desplegar visualmente el monólogo absorbente del personaje sin traicionar la intensidad dramática de la historia _opina el director de "Matar al abuelito"_. Mi intención es lograr la identificación con un personaje que aparenta ser una víctima y que en verdad no lo es." Mientras termina la escritura del guión _con la supervisión del autor de "Potestad"_ y da los primeros pasos en la preproducción de la película, D´Angiolillo adelanta a La Nación que el protagonista será Pavlovsky, quien compartirá el elenco con Norman Brisky, Susy Evans y uno o dos actores, aún no confirmados.
"La idea es filmar en el primer semestre del año próximo _cuenta el director_. Voy a gestionar un crédito del Instituto que es imprescindible para poder hacerla. Además, tengo aportes privados nacionales y comenzaré a buscar otros en el exterior." Estrenada en mayo de 1985, la pieza recorrió un largo y exitoso camino en la Argentina y en el exterior. Protagonizada por el autor, "Potestad" se mete en las honduras de un infierno. En el prólogo de un libro escrito por Pavlovsky y editado por Espiral, el autor sintetiza la génesis de "Potestad": "Nuestro país ha sufrido durante la dictadura una de las patologías sociales más graves y difíciles de diagnosticar. No había antecedentes en la psiquiatría mundial de este fenómeno social. Un grupo de hombres y mujeres se dedicó a raptar niños ajenos como producto del "botín de guerra". Una nueva secta de hombres "normales" se dedicaba a raptar a los niños de padres asesinados y a cambiarles la identidad original por otra. Estos nuevos monstruos argentinos (...) no sólo asesinaban o eran cómplices directos de asesinatos, sino que además justificaban los raptos con una nueva ética. Eran los nuevos "papás buenos". Los "salvadores de niños del infierno rojo". "Potestad" surge como una necesidad de hablar de este fenómeno, de este nuevo tipo de monstruosidad que nació en la dictadura. De esta nueva falla "ética" que contó con tantos cómplices."
Víctima y victimario
Puesto a expresar ese horror en términos dramáticos, Pavlovsky contó la historia comenzando por el final. Su personaje se presenta como un hombre desesperado frente a la injusticia de que unos desconocidos le hayan arrebatado a Adriana, su hija de diez años. Desde que la niña dejó la casa, ese hombre recorre el dolor de la ausencia con la indignación de una bestia enjaulada. De eso le habla al público en una escenografía que se reduce a dos sillas. Sólo al final, el espectador sabrá que la supuesta víctima es un victimario, que ha trabajado como médico durante la represión ilegal de la última dictadura, que ha visto agonizar a los padres de Adriana tras la tortura, y que ha partido con esa beba ajena para darle a su mujer la hija que la esterilidad les venía negando desde mucho tiempo atrás. Con una larga carrera como montajista, "Potestad" será para D´Angiolillo el segundo largometraje como realizador. "Me interesa la expresión cinematográfica _dice_. No creo en el teatro filmado. Para eso alcanza con la obra de teatro. La intención no es abrir la obra en escenas superfluas sino generar algunas nuevas escenas y eventualmente un nuevo personaje, pero cuidando de que todo contribuya a la postura del autor de la obra." "Me entusiasma la idea de ese diálogo entre el lenguaje cinematográfico y el teatral _interviene Pavlovsky_. No me interesa demasiado hacer cine porque creo que esencialmente soy un hombre de teatro. Pero en este proyecto me parece que vale la pena el riesgo actoral. Lo tomo como un desafío estético e ideológico porque tenemos que lograr una realización cinematográfica digna a partir de un monólogo pensado para una escenografía con no más de dos sillas."
Apropiación o reparación
Creador e intérprete de ese personaje sinuoso, Pavlovsky se niega a abordarlo por el atajo de la simplificación. Pero, ¿cómo logra meterse en la cabeza de un ser monstruoso para despertar en la primera parte de la obra un estado de compasión por el personaje, cuando él ya sabe que no se trata de una víctima sino un victimario? "Para hacer un torturador no hay que identificarse con él buscando al modo de Stanislavsky qué tiene uno mismo de torturador. Se trata, en cambio, de conocer la lógica de ese torturador _responde Pavlovsky_. Pensar el mundo desde el mismo ángulo que él. Eso se llama lógica de conexión y en la estética es indispensable. Cuando yo escribo un artículo para denunciar a un apropiador de niños no tengo por qué acudir a ese mecanismo. Pero para interpretar al médico de "Potestad" tengo que sentir que tomé a esa niña con la mejor intención para sacarla del universo de esos facinerosos y educarla cristianamente. Tengo que sentir que es una tremenda injusticia que me la roben después de diez años de felicidad en los que la niña ha sido buena y yo he sido bueno y mi mujer ha sido buena. Si no estoy convencido de esto, no puedo hacer ni la obra ni la película".
En su doble papel de dramaturgo y actor, Pavlovsky insiste en lo que considera una verdad básica: "Lo único que le diría a César (D´Angiolillo) es que si uno se acerca a este personaje con espíritu crítico, no puede interpretarlo. Hay que meterse en la posibilidad de que exista la cabeza de una persona que aun habiendo visto el crimen de los padres y robado la nena, pueda sentir que lo que hace con esa criatura es una reparación".
Pero, ¿es acaso posible que quiera a una niña quien se ha relacionado con ella tras presenciar de un modo cómplice el asesinato de los padres y que le oculta su verdadera identidad? "Lo que me preguntás es un problema teórico complicadísimo", responde Pavlovsky haciendo pie en su condición de médico psiquiatra. "Hay artículos psicoanalíticos que dicen que vos no podés tener afecto o ternura por la nena que robaste. Yo creo que el problema es otro: podés tener afecto y ternura y eso es lo terrible, porque eso es lo que coloca a los torturadores cerca de uno. Lo terrible es que el torturador sea un tipo de escritorio, un hombre capaz de querer a su familia." La explicación conduce a una pregunta inevitable:¿cualquiera de nosotros sería capaz, bajo determinadas circunstancias, de robar una beba cuyos padres acaban de ser asesinados, llevarla a vivir a nuestra familia y quererla olvidando cómo comenzó esa relación de supuesta paternidad? "Es posible que no cualquiera, pero lo que más impresiona no es la cantidad de enfermos mentales que han torturado, sino la cantidad de gente normal que ha torturado _explica Pavlovsky_. Creo que en la película tenemos que identificarnos mucho con el personaje. De lo contrario, nos quedaremos condenándolo y cuando uno condena a un personaje es muy difícil que se lo pueda transmitir. A mí no me cabe la menor duda de que en los años de vida compartidos con la nena ese hombre le ha dado lo mejor de sí mismo. Cuando estoy en el escenario, metido en su pellejo, siento, de buena fe, que el hecho de que vengan a quitarme la nena es una injusticia. Si no, escribo un artículo diciendo lo que yo pienso ideológicamente de la apropiación de niños. Pero para hacer el personaje tengo que meterme en su lógica."
Elogio de la ambigüedad
Cabe preguntarse si presentando el conflicto de ese modo no se corre el riesgo de transmitir la idea de la relatividad absoluta: nosotros creemos que torturar o apropiarse de los hijos de padres desaparecidos es malo; él cree que ambas cosas son buenas.
"No, yo no lo veo así _opina Pavlovsky_. Creo que para presentar en teatro un fenómeno tan complejo como la represión lo mejor que podemos hacer es mostrar la ambigüedad del ser humano y no un mensaje ético. En la película tendremos que tratar de que en el personaje aparezca lo más tierno, lo más humano, lo más compasivo y lo más bestial. Si no, la obra o la película se vuelve mensajista. Nosotros estamos partiendo de un drama humano en el que se sabe que hemos tomado partido desde el punto de vista ideológico, pero queremos mostrar la complejidad. ¿Cómo se explica que los mellizos Miara quieran seguir viviendo con el apropiador? Conocida la verdad, la mayoría de los niños quiere volver con su familia de origen. Pero algunos no, y eso no lo podemos negar." "Todo esto que está explicando Tato es lo que más me impactó en la obra _interviene D´Angiolillo_. Para mí, esta ambigüedad no justifica la monstruosidad, pero nos permite calibrar mejor el acto monstruoso. No se trata de crear un personaje para decir que todos somos asesinos en potencia. Por algo algunos son capaces de matar y torturar y otros no. Lo importante es transmitir que el ser humano es complejo; que los monstruos no nacen monstruos y que no son incapaces de afecto y de ternura. Si uno se mete en esas honduras, es posible tomar más clara conciencia de lo monstruoso de la situación."





