Que el blanco sea uno mismo
Técnica que combina sabiduría de monjes y de guerreros japoneses, la flecha del kyudo apunta a lo espiritual
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El kyudo (o camino del arco), en su forma tradicional (shugendo) no se considera un deporte en Japón, sino un ritual que trasciende la habilidad física. Una maestría que apunta a lo espiritual, donde el blanco es el propio tirador y la meta, acertar en lo profundo de su espíritu. Esta disciplina nació durante el período feudal (794-893) en las altas montañas sagradas de Kumano, Hiko y Yudomo, cuando se fusionaron conocimientos de monjes y guerreros. Shugendo significa atravesar el camino de la experiencia por medio de la prueba , y demanda energía, concentración, disciplina, paciencia, calma, humildad y autocontrol.
Yumi : el arco japonés ( yumi ) puede medir entre 2,15 y 2,45 metros. Aunque hoy también se fabrican con maderas económicas, reforzadas con fibras de carbono o de vidrio, el yumi tradicional es de dos láminas de bambú reforzadas. "Hacen falta cientos de cañas de bambú para poder construir un arco. Es como hallar un iluminado entre los hombres", dicen los maestros.
Ser el blanco : "Uno de mis maestros, el sensei Matsuhashi Masamitsu, decía que el disparo, en el kyudo zen, es resultado de un estado de conciencia superior y de un equilibrio físico y emocional. Un buen arquero no puede contentarse con dar en el blanco, la flecha deberá acertar, antes de ser disparada, en nosotros mismos y en el ceremonial donde la lentitud, la prolijidad, la pausa, la postura y la respiración deberán mostrar lo mejor de nuestro espíritu", explica Luis Falcione, presidente de la Escuela Sudamericana de Kyudo Zen.
Ni útil ni provechoso : el mushotoku , o espíritu del no provecho y de la no utilidad, debe estar presente. Por eso la maestría no puede alcanzarse en pocos años: se exigen entre cuatro y cinco años de práctica de cada nivel. Así, los exámenes pueden darse infructuosamente varias veces ante exigentes mesas examinadoras que no bajan de los 11 miembros. "Por eso vemos gente de 50 o 60 años graduada en un cuarto o quinto dan. Pero en el kyudo deportivo se ven jóvenes con altas graduaciones. Su fin es la técnica competitiva, no la meditación", sigue Falcione.
Etapas : en el camino del arco, la primera etapa es el taiso , donde el recién llegado recupera su capacidad instintiva. Parte de los ejercicios se hacen con los ojos vendados para desarrollar otras áreas del cerebro. Trabaja con el equilibrio, maneja mejor sus manos, se desplaza sutilmente. Recién entonces está listo para disparar al makiwara , un cilindro de junco de arroz prensado emplazado a un metro del arquero.
Luego seguirá perfeccionando su postura hasta estar preparado para acertar en el mato, aro de madera y papel de arroz colocado a 28 metros.
El ojo indicado : "Una vez, tras varios intentos de dar en el blanco, me acerqué al gran sensei Yamada Tadashi y le pregunté con qué ojo debía apuntar al blanco. Indiferente, respondió mientras miraba las plumas de una flecha: Con ningún ojo. No hay que ver, hay que sentir . Por eso los grandes maestros pueden acertar el centro del blanco con los ojos vendados", cuenta.
Rastros del kyudo en la vida cotidiana : "No puedo subir a un colectivo con el arco simplemente porque no entra. Pero ante una situación conflictiva puedo resolverla haciendo que la flecha sea una mirada", termina Falcone.
UNA HISTORIA CINEMATOGRAFICA
En 1972, el sensei K. Suhara, un maestro de shugendo de 82 años, con dos hijas, decidió buscar un discípulo para que lo sucediera en el ejercicio de esta práctica. Según los expertos en magia antigua que consultó debía encontrar su sucesor en América latina. Lo encontró en Buenos Aires: era Luis Falcone, que tenía 8 años. "No viví mi adolescencia como cualquier muchacho, porque mientras mis amigos se divertían yo practicaba shugendo intensamente. El entrenamiento sigue a mis 41 y tengo todavía mucho por aprender. En mis viajes anuales a Japón veo grandes maestros de más de 80 que son corregidos por otros más ancianos aún", cuenta Luis Falcone, tercer dan, que acaba de publicar su libro Kyudo zen, memorias del Japón, donde cuenta sus experiencias como discípulo y maestro. Falcone preside, además, la Escuela Sudamericana de Kyudo Zen. Más datos, luisfalcone@yahoo.com.ar.





