Qué podrían hacer los Premios Gardel para seducir a una nueva generación

Lali, Paulo Londra y Marilina Bertoldi buscan imponerse en los Gardel
Lali, Paulo Londra y Marilina Bertoldi buscan imponerse en los Gardel Crédito: Agustín Dusserre
Lucas Garófalo
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9 de mayo de 2019  • 13:43

El año pasado, la aparición sorpresiva de Duki en el escenario de los Premios Gardel hizo enojar a Charly García ("Hay que prohibir el Auto-Tune", dijo), y también a un público al que no le gustó ver que el trap se colaba en el medio del evento más importante de la industria musical argentina, históricamente asociado al rock nacional (13 de las 20 ediciones de los Gardel terminaron con un rockero llevándose el premio a Disco del Año).

Pero, más allá de la polémica, esa breve performance de Duki cantando "Rockstar" junto a una Orquesta Sinfónica fue leída como un intento de modernización de parte de un evento habitualmente señalado por su falta de renovación, que es, en definitiva, la misma falta de renovación que se le suele achacar al rock nacional desde hace al menos dos décadas (no es extraño, de hecho, que la primera edición de estos premios haya sido, justamente, en 1999).

El próximo martes 14, la 21° edición de los Gardel continuará con su intento de renovación. Por primera vez, la ceremonia tendrá lugar fuera de Buenos Aires (se muda al auditorio Ángel Bustelo de la ciudad de Mendoza), y será conducida por Iván de Pineda y transmitida en vivo a las 21.30 horas por TNT, el mismo canal que televisa los Grammy, los Grammy Latinos, los Óscar, los Golden Globes, los Emmy y prácticamente cualquier entrega de premios a nivel internacional. Además, se prevé que haya shows de figuras del pop latino, por más que no estén nominadas en ninguna categoría. El debut del rubro "Mejor Canción/Álbum de Música Urbana/Trap" va en esa misma dirección, aun cuando exponga un conflicto sin resolver del negocio en esta época: los artistas más escuchados del momento no pueden competir por el premio mayor, sencillamente porque hasta ahora no han editado álbumes.

La categoría "Disco del año" (popularmente conocido como "Gardel de Oro") muestra la dificultad de la industria discográfica local para encarnar el recambio: en las últimas tres entregas, los nominados fueron Luciano Pereyra , Diego Torres y Luis Alberto Spinetta (2016), Abel Pintos , Escalandrum y Ciro y Los Persas (2017), y Charly García, Luciano Pereyra y Axel (2018); todos ellos ya habían sido nominados en años anteriores.

No se trata de un fenómeno nuevo: de los 38 candidatos a ganar el Gardel de Oro que hubo en la última década, apenas seis compitieron en esa categoría por primera vez. Entre esos seis, a excepción de Tan Biónica -quizás el último gran fenómeno de la industria como la conocimos-, se trató de músicos consagrados con décadas de trayectoria ( Las Pelotas , Pedro Aznar ), o de artistas en los márgenes del rock (Gabo Ferro y Luciana Jury, Nadia Szachniuk, Fernando Samalea).

Por eso este año llama la atención la nominación de Marilina Bertoldi en esa categoría: es la primera vez en años que una artista joven y evidentemente rockera compite por el premio mayor, en este caso junto a Andrés Calamaro , Babasónicos y Escalandrum (que ya ganaron su Gardel de Oro en el pasado) y a Los Auténticos Decadentes , que buscarán ganarlo por primera vez después de 30 años de carrera. Paradójicamente, mientras el evento busca un perfil "más pop" en su ceremonia de premiación, el pop fue completamente ignorado en las nominaciones a Disco del Año.

En ese sentido, una hipotética victoria de Marilina Bertoldi no deja de ser una apuesta segura para los Gardel, como si sus responsables dijeran: "Si va a ganar una artista nueva, al menos que sea rockera". Quizás sea la opción más arriesgada que estos premios se pueden permitir. Por otro lado, en caso de ganar, sería apenas la segunda mujer en la historia en llevarse un Gardel de Oro, después de Mercedes Sosa, que lo logró en el 2000.

La cuestión de género en los Gardel es especialmente problemática por el hecho de que algunas de las categorías más importantes discriminen entre "artista masculino" y "artista femenina" (hay premios a "Mejor Álbum Artista Masculino Rock" y a "Mejor Álbum Artista Femenina Rock", y lo mismo en pop, tango, folclore y tropical), una distinción que tiene sentido en los deportes pero es inexplicable en la música. En los Grammy de este año, por ejemplo, Shawn Mendes compitió contra Taylor Swift, Ariana Grande, Camila Cabello, Pink y Kelly Clarkson en la categoría Mejor Álbum de Pop.

En los Gardel, en cambio, el desdoblamiento de ese premio en dos categorías lo vuelve menos relevante. De hecho, mientras todas las categorías tienen cinco nominados, la de Mejor Álbum Artista Masculino Pop tiene solo cuatro: ¿qué sentido tiene dividir por género un premio para el que ni siquiera hay candidatos suficientes? En las categorías "unisex", la gran mayoría de los nominados son hombres, y la distinción por género parece forzada para incluir más mujeres, como si no pudieran competir de igual a igual.

La ausencia de Lali entre los candidatos al Gardel de Oro es sintomática en ese sentido. Brava, su tercer disco, la convirtió en una figura imposible de ignorar para la escena del pop urbano panregional. A lo largo del álbum, además, Lali recorre diferentes géneros, desde el reggaetón y el dembow hasta el R&B y el pop electrónico, una apuesta bastante más arriesgada que la de colegas hombres como Axel y Abel Pintos, que ganaron cuatro de los últimos seis premios.

Pero quizás la mayor contradicción de los Gardel sea que el artista con más nominaciones ( Paulo Londra , con siete) no pueda aspirar al premio mayor por el hecho de no haber editado un disco. El dominio de Paulo en los ránkings fue apabullante durante los últimos meses, y de hecho la categoría "Mejor Canción/Álbum de Música Urbana/Trap" parece inventada para él (hay ¡cuatro! canciones suyas).

El hecho de que los Gardel les exijan a los artistas un álbum para poder competir por el Gardel de Oro sugiere que la industria todavía espera que esos artistas (y por ende el público) se ajusten a sus costumbres, en lugar de adaptarse a los nuevos modos de consumo de música. Por más esfuerzos que se hagan para modernizar la ceremonia de premiación, difícilmente los Gardel puedan seducir a nueva generación si no están dispuestos a rever sus criterios de premiación.

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