
Radio a la carta
A poco de haber comenzado, el programa de Miguel Angel Solá y su esposa, Blanca Oteiza, se ha convertido en un fenómeno que, noche tras noche, ofrece la intimidad de la correspondencia
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En una época plagada por la profusión de discursos y diálogos de sordos que amenazan con vaciar de contenido a las palabras, cuatro amigos se atrincheran noche a noche, desde las 23, en el éter, pertrechados con cartas famosas, ajenas, predilectas, perdidas, ignotas, transidas de esperanzas, de angustias o de amor.
Ellos son Miguel Angel Solá, Blanca Oteyza, Nora Zinski y Jorge Mayor. Al filo de la medianoche, por Radio Mitre, nos conmueven con sus "Cartas que vienen y van". Ellas pertenecen a escritores reconocidos, pero también son de hombres y mujeres simples, cuyas historias sencillas son capaces de conmover por la ternura de su letra apretada, o el dolor disimulado en el trazo nervioso de su autor.
Desde mucho antes que Massimo Troisi nos iluminara el alma con "El cartero", de Michael Radford, las cartas han ocupado un espacio secreto en nuestras vidas. ¿Acaso usted no escribió o recibió alguna vez una carta de amor o de amistad? ¿O la rompió antes de echarla en el buzón? Los miércoles, el programa se hace en vivo y es entonces cuando la radio muestra a sus anchas en qué consiste la magia que se le adjudica. El público atiborra las líneas telefónicas y tapa de cartas vía fax el pequeño estudio de radio. Ventajas de la tecnología que, por suerte, aún no convenció a los sentimientos.
Sinceramente tuyo
Con la colaboración de Fernandito, un pequeño personaje con acento español que mete mano en todos los cortes de la emisión, los actores repasan sus guiones instantes antes de salir al aire.
"Cuando no se puede hacer lo que a uno le gusta en los medios televisivos, es mucho mejor hacerlo donde uno quiere, la radio, donde tenés el maravilloso canal de una voz que te cuenta", dice Solá abriendo fuego con su habitual claridad.
Marguerite Yourcenar, María Elena Walsh, Flaubert, Eduardo Galeano, Julio Cortázar, Franz Kafka, son apenas un puñadito de nombres reconocibles que escribieron cartas a la patria, o al amor, o al padre o una señorita en París. Esas epístolas se unen a las anónimas historias que deshilvanan los hombres y mujeres que construyen otra Argentina. Losque escriben una historia sin Samanthas ni tráfico de sueños, y aún creen en las utopías.
"Hacemos este programa para crecer y también para que le sirva a la gente, para volver a llenar de contenido la palabra y que se pueda distinguir entre la engañosa y la que encierra la verdad", dice Solá.
Su mujer, Blanca, comenta: "Proponemos un código universal, el de la sensibilidad, el corazón y el amor, a través de la palabra".
Parte de su apuesta es hacer lo que les gusta y trabajar entre amigos desde un proyecto común.
"El público percibe lo que hacés con amor -coinciden- por eso se conecta y nos envía sus cartas para que las leamos en el aire".
Los actores sostienen que el programa es "un salto de honestidad, donde contamos historias que reflejan otras historias sin preocuparnos por el zapping".
Definen a estas cartas radiofónicas como una pequeña gota en el mar. Saludable y bello en medio del fárrago de información que a diario satura a un público ávido de entretenimientos que prometen montañas salvadoras de dinero.
"Es imposible procesar toda esa información. En ese esquema la anécdota se superpone a la anécdota y gana la que más degrada al hombre. Entonces llegan las justificaciones de las estrategias, no de las verdades", cuentan Zinski y Mayor.
"Mi carta preferida", "La carta perdida", "Menú a la carta", "Carta abierta" son algunas de las secciones impecablemente musicalizadas, donde surgen cartas de una belleza indescriptible.
"En esta experiencia de trabajo -dice Solá- no estamos mezclados en frustraciones ajenas, porque podemos hacer lo que nos gusta".
Como cuentan las cuatro voces amigas en el inicio de la emisión, hay cartas que se sueñan y jamás se escriben, o que se escriben y jamás se mandan, o que se mandan y nunca serán leídas. Cartas que se leen y luego se lloran, o que se lloran y después se cantan. Una de ellas puede ser la suya.





