Beto Casella, en Rock & Pop: "Es posible hacer una radio que incluya desde pibes de 18 hasta gente de 60 años"

Beto Casella dejó la Pop para sumarse a la histórica Rock & Pop, con el desafío de llevar su gran audiencia a la FM 95.9
Beto Casella dejó la Pop para sumarse a la histórica Rock & Pop, con el desafío de llevar su gran audiencia a la FM 95.9 Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo
Ricardo Marín
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1 de febrero de 2018  • 19:29

Luego de 13 años de éxito en las emisoras del grupo Indalo –primero en la FM Mega 98.3 y luego en la FM Pop 101.5—, Beto Casella acaba de protagonizar uno de los pases más relevantes de esta temporada radial. El conductor se fue con su programa Bien levantado a la Rock & Pop. Ahora se lo puede escuchar, en el mismo horario que tenía antes –lunes a viernes, de 9 a 13— y con el mismo nombre. Casella también se llevó prácticamente a todo el equipo con el que se desempeñó en el último tiempo. Por ahora, están con él la columnista de espectáculos Lola Cordero, el humorista Rodolfo Samsó, más conocido como Alacrán y el periodista deportivo Elio Rossi. Más adelante se sumará Fernanda Carbonell. “En la Rock & Pop hicieron un esfuerzo grande para que pudieran venir los compañeros. Yo trabajo en grupo en todos lados. Con este pase todos dicen «Casella se fue a la Rock & Pop», pero en realidad nos vamos todos. Sinceramente yo soy uno más del equipo. A veces escucho algunos programas, sobre todo en la AM, en los que el conductor hace monólogos de 25 minutos. Eso no es lo mío, en absoluto”, comenta acerca de la mudanza colectiva.

–¿Qué implica este pase entonces, un cambio de estudio?

–Es mucho más que eso. Es un desafío que tiene el vértigo de cambiar de barco en pleno mar, en medio de una tormenta. Es pasarme de radio en un momento en el que estoy en pleno liderazgo, con un público que me sigue desde hace más de una década. En un pase así uno se arriesga a perder parte de ese caudal. Para tomar la decisión de cambiar de emisora no hice estudios de mercado, no reuní focus groups, ni consulté a una vidente para que me dijera qué cantidad de gente se iba mantener fiel a mi programa. Tampoco sé cuánta audiencia actual de Rock & Pop se va a quedar. Hay que tener en cuenta que esos oyentes probablemente estén molestos, irritados porque le cambian la programación. Eso es algo que me ha pasado otras veces al mudarme de radio. Al oyente no le gusta que le cambies la programación que está acostumbrado a escuchar. Andá a explicarle que los cambios responden a una crisis de la emisora y los dueños los hacen para frenarla y poder crecer de nuevo. Pero todo esto es un desafío lindo.

–¿Cuál fue el factor que te ayudó a decidirte cuando evaluabas la propuesta?

–Influyó la marca que es Rock & Pop, que está vinculada a la vanguardia, a la juventud, a la novedad. Pero por otro lado está el deterioro del grupo del cual vengo, en el que espero puedan enderezar el barco por la gente que tiene su fuente laboral allí. Yo estaba un poco cansado de ese ambiente, en el que muchas veces tuve que hacer de nexo entre los compañeros y los gerentes para ver cuándo se cobraban los sueldos o para gestionar si alguien podía poner la plata para cumplir con las obligaciones. Es una situación en la que los antiguos dueños eran totalmente amateurs en el manejo de medios y los que vienen ahora son menos experimentados aún. Sentí que era el momento de tomar un poco de aire en todo sentido. Durante mucho tiempo recibí ofertas de muchas radios para irme y dije que no. Pero este año sentí que era el momento de hacer un cambio.

Entrevista a Beto Casella

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–¿Qué va a haber de nuevo en el programa?

–Yo no cambio nada porque vengo a Rock & Pop. Sería una mala jugada hacer algo así. A esta altura de mi vida no puedo hacerme el rockerito. Sin embargo, como cualquiera de mi edad vengo de Deep Purple, Led Zeppelin y Pink Floyd, no vengo del tango. Yo tengo 57 y hoy un tipo de sesenta y pico es rockero y anda con la remera de Judas Priest. Para mí es posible hacer una radio que incluya en su audiencia desde el pibe de 18 hasta alguien de 60 en un mismo gusto musical y en los temas que aborde. Siempre que pienso contenidos para mis programas pienso en aquello que pueda interesarle a un adolescente y a una persona más grande por igual.

–¿Pero tu mudanza tiene que ver también con una renovación de esta radio?

Sí, claro. Vengo a un proyecto que arranca de cero. Están apostando a una primera mañana fuerte con Martín Ciccioli, también a otra figura fuerte que es Jay Mammon, que va a las 13, cuando termina mi programa. Apuntan a un cambio rotundo en lo que venía ofreciendo la radio. Ese es otro factor que me entusiasma, porque este tipo de cambios viene siempre acompañado de una campaña y de intercambios con los responsables de la radio que te consultan sobre los pasos que van a dar. Los proyectos que arrancan de cero siempre entusiasman. El desafío de conseguir posicionar nuevamente a esta radio en los primeros puestos de audiencia es lindo y no tengo dudas que se va a conseguir.

–La Rock & Pop perdió ese aura de radio contestataria y para los jóvenes con el que nació. ¿Quién ocupa ese lugar hoy?

–No hay un solo lugar que reemplace aquella radio. Hace 33 años, cuando arrancó Rock & Pop, todavía existían los cassettes y cuando aparecía un álbum de música era toda una novedad. Lo que salía en otros lugares del mundo tardaba en llegar acá. Hoy es todo muy diferente, la digitalización cambió todo el panorama. El día en que se presenta un disco se conoce inmediatamente en todo el mundo. Son otros los tiempos, es otra la demanda, otros los hábitos de consumo. Hoy en día, salvo radios eminentemente musicales, como Aspen, las mediciones dicen que la gente busca programas donde haya gente hablando, no solamente pasando música. Yo tengo como norma nunca pasar una canción entera, porque considero que a mí me pagan para venir a hacer radio, a entretener. El oyente que quiere escuchar música pone Youtube o Spotify.

Casella tiene la misión de aportar a la recuperación del lugar de privilegio en el que siempre estuvo la Rock
Casella tiene la misión de aportar a la recuperación del lugar de privilegio en el que siempre estuvo la Rock Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

–El humor, que tiñe todo lo que hacés, ¿es una estrategia para poder criticar con mayor libertad ciertas cosas o es parte de tu forma de ser?

–Probablemente me viene de la escuela primaria, donde me sentía en la obligación de hacerme el vivo todo el tiempo. “Casella ¿puede decirnos de que se ríe así nos reímos todos?” Crecí con esa frase en el oído. Probablemente hoy siga siendo aquél pibe que necesita que su grupete se ría de sus ocurrencias y sus estupideces. Pero por otro lado es tan agradable cuando tanta gente te agradece porque los divertís. Hay mensajes muy afectivos de agradecimiento por ese humor al que sienten como una ayuda para seguir adelante o para que un familiar que está enfermo, por ejemplo, se olvide un rato de su sufrimiento. Es muy conmovedor recibir esos mensajes. Además el público te demanda enseguida que vuelvas al humor cuando te ponés un poco serio porque estás hablando de política o de economía. Yo nunca me desviví por una primicia, ni presumo de tener información calificada de los ministros, así que lo mejor que puedo hacer es acompañar las noticias haciendo bromas.

–¿Sos de los que opinan que se pueden hacer chistes sobre cualquier tema o tenés un límite?

–Por estos días que está instaladísimo el tema de violencia de género, del machismo mal entendido, de los abusos, acosos y demás, creo que si te metes en esos temas no podés hacerlo bromeando. Por supuesto que tampoco me da hacer chistes con la muerte, ni sobre algún tipo de desventaja física, neurológica o alguna enfermedad. Lo fatal de la vida, lo irremediable, una perdida, tampoco permite tomárselo en broma. Pero jugar con la actualidad y hacer algo cómico con las costumbres de los políticos, con las medidas que toman, es sano.

–Muchas veces en el programa caminan al borde del precipicio. Cuando hacen humor con el mundo gay, por ejemplo. ¿No es muy arriesgado eso en este momento de tanta susceptibilidad?

–Hay colegas que están preocupadísimos con ciertas cosas. Con lo que hablábamos antes del machismo mal entendido, por ejemplo. Algunos no dan notas por miedo a derrapar en una frase. Yo los entiendo, entiendo su inseguridad. Pero en mi caso, en primer lugar tengo una gimnasia muy grande de hablar cinco horas diarias entre la radio y la tele. Por otro lado tengo una trayectoria de unos 30 años en la comunicación y la gente sabe lo que pienso del mundo gay, del machismo, de la violencia familiar y eso me permite hablar con tranquilidad, aunque hable pavadas. El que me escucha sabe que dedico una buena porción de tiempo a abrirle un poco los ojos a los pibes de cómo tratar a una chica, de cómo tratar a la madre, de qué pasa con algunas sustancias, de qué es el HPV, de cómo te podés pescar una enfermedad de transmisión sexual, de cómo evitar un embarazo no deseado. Para mí, por estos días esos son temas que como comunicador los tenés que abordar. En un momento tenés que parar la pelota y hablar de estas cuestiones en serio. Como yo tengo una historia de editorializar fuerte sobre estos asuntos, me puedo dar el lujo de hacer chistes con lo gay y que la gente separe el chiste de lo que yo pienso. Los chistes que hago son como para dejar en evidencia al discriminador haciéndome pasar por un jodido.

– Un programa como Buenos muchachos, que hacías hace unos años con Cacho Castaña, Guillermo Coppola y el Coco Basile, hoy sería difícil de hacer, ¿no?

–Yo los manejaría. Esa es una tarea del conductor. Los cuidaría porque al no ser de los medios estarían cada dos minutos por irse al pasto, por bocones. Les puede pasar lo que le pasó a Cacho hace unos días. Si yo estoy conduciendo un programa y Cacho hace el chiste que hizo, que hace 40 años era aceptado, antes de que termine el chiste lo pararía y le diría que sé que ese no es su pensamiento y aclararía lo que era ese chiste antes. Uno, como conductor, si lo ve venir tiene que evitarlo. También estoy en una edad en la que acepto todos los pensamientos. Si Mirtha en su mesa pregunta “¿Y vos qué hacías para que él te pegara?”, que es una pregunta poco feliz, pero luego alguien se lo hace ver y ella se da cuenta que la hizo por ser una persona que nació hace 90 años, cuando todo era diferente, y reconoce que no estuvo bien. Lo comprendo. No pido que la saquen de la tele como llegan a hacer algunos.

–Igual, conducir hoy un programa como Buenos muchachos sería como estar con un fósforo encendido en una estación de servicio, me parece

–No si se está seguro de lo que está en juego con esas reivindicaciones. En mi caso siempre tuve una cabeza femenina y eso posiblemente me ayude a entender el alma de las mujeres. A mí me parece bien que la sociedad hoy esté atenta a estas cuestiones y que se reivindiquen ciertas cosas. Espero que sirvan esas reivindicaciones y no queden solo en cruces de redes sociales. Para sumar al tema yo trabajaría con los chicos para enseñarles a respetar a la mujer. De manera que si está en una bailanta y la chica tomó alguna copa de más no se haga el vivo. Con los chicos se puede trabajar eso, con los adultos que tienen un pensamiento un poco torcido ya no se puede hacer mucho. Yo trabajaría desde el amor, estaría atento a las letras de algunas canciones, cumbias y reggaetones que tienen letras impresentables, absolutamente misóginas y que hacen apología de la violencia de género. Estaría atento a eso que muchos jóvenes escuchan en los bailes y no le prestamos demasiada atención.

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