El impertinente Guerrero Marthineitz
Maestro, pionero y militante del micrófono, el locutor peruano impuso el extraño estilo del silencio radial
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El lunes pasado cumplió 79 años y él mismo sostiene que no lo puede creer: se mueve y actúa en la calle y frente al micrófono con la energía, el ingenio y la verborragia que signó su trayectoria. Sus 55 años dedicados a la radio (48 en nuestro país y 13 entre Perú, Chile y Uruguay) lo erigen como el maestro reconocido de casi todas las generaciones de este medio, el profesional de dicción impecable (que nunca renegó de su acento natal) y el gran creativo del micrófono.
Cautivó a la audiencia leyendo desde Ray Bradbury hasta capítulos diarios de la biografía de Greta Garbo y cuentos de Borges, realizó entrevistas de más de 20 minutos, utilizó los silencios -considerados herejes en la radio- y fue el primero en poner en el aire los mensajes de los oyentes e incluso de contestadores telefónicos.
Fue el creador de "El club de los discómanos", "Splendid Show" y "El show del minuto". Pero su carrera tuvo un desarrollo intermitente. Precisamente por ese pensamiento, expresado siempre en voz alta y sin eufemismos, es que sus ciclos -muy exitosos- fueron alternativamente censurados, prohibidos, suspendidos, levantados, tanto por gobiernos militares como democráticos, por directivos de emisoras estatales y privadas.
"Fui acusado de jesuita, masón, militarista, marxista y hombre de la CIA, según los años y las costumbres", dice con franca ironía y estentórea risa, casi tan popular como sus frases "Otro más que clavó la sintonía en este punto del dial" y "Hasta mañana si Dios y los autobuses lo permiten".
"Ejercí esta profesión de la única manera que conozco: despreocupándome del éxito y pensando en el trabajo -cuenta el locutor-. Fui el primero en la Argentina en tener su propio equipo de grabación, poseo una buena discoteca con material comprado con mi dinero, nunca recibí un disco de una grabadora ni acepté regalos por ningún concepto. Cuando intentaron hacerlo, lo hice público y esas circunstancias tuvieron un alto costo en mi vida."
Desde hace casi dos años, todos los domingos, de 15 a 18, Hugo Guerrero Marthineitz conduce -de pie- "Reencuentro", por Radio 10, un ciclo con esa música especial donde conviven Beethoven, Palito Ortega, Troilo, Goyeneche, Piazzolla, Bach, Brahms, los Beatles, el chamamé y la música de bailanta, porque según el locutor "todo lo que sale del pueblo está contando la historia del país". Alternativamente realiza diversas entrevistas y enlaza toda esa música con imaginativas glosas e inteligentes reflexiones donde siempre aparecen datos autorreferenciales.
De Chiche a los domingos
-¿Cómo se produce su incorporación a esta emisora?´
-De manera casual. Chiche Gelblung me convocó para una entrevista telefónica y le contesté que no tendría inconveniente en hacerla en vivo en el estudio. Así fue. Al parecer, a Gelblung le interesó y pasé a formar parte de su staff hasta que un día veo pasar a Daniel Hadad y le pregunto: "Daniel, ¿para cuándo mi programa?" "¡Cómo! ¿Ya te peleaste con Chiche?", me dijo. Cuando le expliqué que no era así, fue categórico: el año que viene. Y cumplió su palabra. Aquí estoy los domingos, como una alternativa frente al fútbol y desde donde ya anuncio que comenzaré con la clásica lectura de textos.
-¿De dónde surge ese caudal cultural y musical que lo distingue?
-Le debo a mi madre el percibir que el autodidactismo existe. Ella era amante de la ópera, de la zarzuela, y de la misma manera en que me enseñó a leer y escribir, también educó mi oído. Entré al primario directamente en tercer grado y desde esos años se fue forjando la vocación. Sé que es un don de la naturaleza poseer una buena voz y por lo tanto me presenté a un concurso como cantor, pero desafinaba tanto que el director de Radio Central de Lima me permitió trabajar como operador técnico. No conforme con esa tarea me presenté en Radio Miraflores como locutor. Me aprobaron y así sucesivamente comencé a desarrollar actividades como relator y adaptador de cuentos. Hoy pienso que no sólo la voz es necesaria, sino también la intención de percatarse de que no existe el público oyente, sino una persona que oye lo que quiere oír.
-Su nombre es sinónimo de radio. ¿Tiene una definición del medio?
-Soy enemigo de las definiciones. La radio, que es industria, no debe tratar de desconectarse de quienes la oyen porque los productos que anuncian en general son masivos. Pero la radio y la TV no tienen por qué ser ejemplo de equilibrio y sensatez en un país que ha pasado tantas vicisitudes. Lo que hay que tener en cuenta es que, pese a todo lo acontecido, el argentino es más culto de lo que los medios audiovisuales creen. Ese público pide que lo traten de manera adulta. El populismo no es una ideología, es una práctica que la usaron los reyes y príncipes cuando tenían que rodearse con sus bufones. De mi padre, que era indio y hablaba muy poco, aprendí que en esta profesión se debe establecer la comunicatividad, que tiene que ver con el respeto pero más con el afecto y la amistad.
-¿Cuáles son las cualidades que debe reunir un conductor?
-Debe ser actor, poseer buen oído musical, muy buena dicción, saber algo de oratoria, porque la palabra es un arte, ser buen lector, escenográfo y director de cámara, porque si no el mensaje se distorsiona. Frente al micrófono hay que asumir una actitud frontal y cordial.
-¿Y el uso de los silencios?
-Cuando se lee un libro de un gran escritor como Shakespeare, Cervantes o los buenos contemporáneos, observamos que no hay párrafos largos. Son frases cortas, esclarecedoras, sin alardes de verborrea erudita. Los silencios los pone el lector atento. Si el orador ante su público no toma en cuenta el ritmo de la prosodia, se olvida de los silencios para la recapitulación inconsciente que después valora. Para eso están los silencios, los tonos y las sutilezas.
Un carácter fuerte
-Usted tiene fama de difícil...
-Sí, por supuesto, no sólo en lo profesional, sino también con mis hijos y mis mujeres. Mi lema es: "No se debe aceptar jamás a alguien que no sepa más que tú para dirigirte. Ahora, si es capaz y tiene 15 años, respétalo como tu superior". El respeto es esencial. La autoridad que no respeta la crítica periodística es un censor irredimible. El periodismo que no se cuida de su propia obsecuencia atenta contra el periodismo. Yo he respetado, pero expresé a viva voz mi pensamiento. Hice público el regalo de una discográfica que me hacía llegar botellas de whisky importado (de contrabando), me enojé con Luis Sandrini y la productora de "La valija", al enterarme de que el film tenía dos finales (para el interior y la Capital), rechacé 20.000 dólares mensuales, y por cuestiones políticas recibí innumerables censuras... Cuando critiqué a López Rega porque empujaba en un acto público a Isabel Perón, intentando hacerla cambiar de opinión, recuerdo que la excusa fue: "Hugo, no podés seguir haciendo radio porque no tenés carnet de locutor". Lo pensé dos días, acepté el desafío y contesté: "Muy bien, pero rindo el examen ante los corresponsales extranjeros". Esa fue la constante de mi trayectoria, incluidas amenazas de muerte que exorcicé dando los detalles de mis hábitos cotidianos para que tuvieran el camino expedito.
-¿Hoy sostiene alguna fórmula de trabajo?
-Respeto por mí mismo. Ahínco en el trabajo para llegar y olvidarse de ser rico hasta el momento en que se pueda serlo. Nunca me creí el éxito. Yo ahora no escucho radio ni miro TV. Me hace feliz sentir que llegué en un momento de oscurantismo radial, en que locutores cultos se sometían a los dictados de los libretistas. Yo pude romper ese conjuro. Y me sigo sintiendo un modesto amante de la libertad.
Por adentro
Producción: Patricio Blanc es el asistente de producción de Guerrero Marthineitz. Blanc, además, es quien edita las llamadas telefónicas y coordina los e-mails.
Operación técnica: está a cargo de Jorge Díaz ("El pulpo"), un profesional muy eficaz que debe poner en el aire el minidisc en el que Guerrero Marthineitz carga la selección musical de cada domingo. A pesar de que parte de la tarea está resuelta, debe estar atento a lo que el conductor pueda sugerir o pedir durante cada emisión. Musicalización: totalmente a cargo del conductor, quien señala que durante la semana va realizando una exhaustiva tarea de selección y compaginación en su estudio.
Llamadas y e-mails: más de 200 llamadas y 100 mails cada domingo. Guerrero Marthineitz no quiere en el aire ningún elogio, sino tan sólo alguna pregunta, tema puntual o testimonios de oyentes.
Informativos: cada media hora, en las voces de Bernardo Magnago y Martín Castillo.
Domingos, de 15 a 18, en AM
Fuente: Ibope Rating
Mitre: 2,98
Continental: 2,27
La Red: 2,27
Radio 10: 1,41
Rivadavia: 0,88
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