Thom Yorke, el cantante de Radiohead, es capaz de precisar exactamente dónde y cuándo tocó fondo: fue el 19 de noviembre de 1997, apenas bajó del escenario después de dar un concierto en el estadio nec de la ciudad de Birmingham, Inglaterra.
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Les quedaban cinco meses más por delante. Pero Yorke ya estaba fusilado, agotado de la neurosis explosiva de sus shows, atragantado con el circo de la promoción y el amor plástico.
-Cuando terminó ese concierto -recuerda- salí, me senté en el camarín y de repente no podía hablar. Pero realmente no podía hablar. Los demás me decían: "¿Estás bien?". Yo sabía que se dirigían a mí, pero no los oía. Y no podía hablar. Es que estaba completamente harto. Y estaba aburrido de decir que estaba harto. Ya estaba de vuelta de eso.
"Es muy fácil caer en la mentalidad de víctima -reconoce Yorke (32 años) con el ruido del tránsito de fondo, en un bar al aire libre de Oxford, la ciudad donde nació Radiohead-. Después de algunas veces, uno termina cayendo en las cosas en las que no debería caer. Lo más fácil es ponerte en resentido. Y a mí me salía muy bien el papel de víctima. Podés renunciar a la responsabilidad y mandarte cagadas cuando se te dé la gana sin tener que dar explicaciones.
Y cita un verso de "Everything in Its Right Place", el tema plácido pero atormentado que abre Kid a, quinto disco de Radiohead: "Ayer me desperté chupando un limón".
-Mucha gente dice que esa canción es un montón de palabras sin sentido -se fastidia Yorke-, pero no. Habla justamente de eso que me pasó.
Es decir, de aquella parálisis muda y vengativa que sintió en Birmingham y que lo acompañó durante la rara grabación simultánea de los discos gemelos de Radiohead, Kid A y el recién editado Amnesiac.
En Inglaterra, explica Yorke, se dice chupar un limón en referencia a "la cara que pone uno por lo ácido que es el limón". Contrae sus pronunciados rasgos y hace una mueca violenta. "Es la cara que tuve durante tres años."
Los tres años ya pasaron. radiohead, el grupo de rock más inventivo que dio Gran Bretaña en esta última década, es actualmente una de las bandas más exitosas e intransigentes del mundo.
-Lo que hacen parece muy claro e inteligente -opina Michael Stipe, el cantante de R.E.M., fan declarado de Radiohead y muy amigo de Yorke desde 1995, cuando ambos grupos salieron de gira juntos-. Fijáte la cantidad de hits que tuvieron y, sin embargo, lo que eligen es afirmarse como banda independiente, que hace la música que quiere hacer: no son perros falderos de nadie, ni de un público, ni de una compañía discográfica, ni de ningún otro grupo de rock. Y por eso los aplaudo a estos hijos de puta -dice Stipe, lleno de admiración-. No es fácil escucharse úni- camente a uno mismo y actuar en consecuencia…
Los Radiohead estuvieron tocados por la varita de la grandeza durante toda la década del 90. Para empezar, "Creep", el sarcástico tema de Yorke sobre el autodesprecio -incluido en Pablo Honey (1993)-, los convirtió en estrellas radiales del modern-rock. Luego, el temple futurista y el dramatismo musical de The Bends (1995), sumados al millón de copias que vendió ok Computer (1997), los catapultaron a la categoría de sucesores directos de los Beatles, Pink Floyd y U2 en la lista de dioses del rock clásico: una banda grossa, con ventas a su altura.
Sin embargo, Radiohead prefirió poner a prueba la licencia creativa y comercial que semejante recompensa le otorgaba. Y así fue como, en octubre del año pasado, Kid a se convirtió en el primer Número Uno del grupo en los Estados Unidos, a pesar de su carácter oscuro y sus pocas guitarras, y de no haber contado con el apoyo de singles de difusión ni videoclips. Por su parte, Amnesiac, tan enigmático como Kid a, acaba de ingresar en el segundo puesto del ranking de Billboard, frenado únicamente por el álbum Break the Cycle, de Staind (véase pág. xx); de todos modos, en la primera semana superó a Kid a por casi 25 mil copias. Y una tarde de fines de mayo, en los Estudios Bray (un complejo de producciones cinematográficas sobre el río Támesis, en las afueras de Londres), los Radiohead están ensayando para la que será su primera gran gira por los Estados Unidos después de aquella maratónica recorrida de 1997-1998.
-Me hace sentir bien que aquella mala época se haya terminado -dice Yorke, animado. Tiene una campera de jean, vaqueros muy anchos y una barba castaña rojiza de pocos días. El alivio que transmite su voz es tan grande que inunda el tinglado donde Radiohead repasa casi treinta canciones de sus últimos cuatro discos.
-Thom posee una capacidad impresionante para influir en el entorno de emociones que lo rodea -asegura Colin Greenwood (32 años), que lo conoce desde que tenían 12 y estudiaban guitarra clásica juntos en la Escuela de Abingdon, cerca de Oxford. Lo mismo piensa Chris Hufford, uno de los tres managers de Radiohead, que describe a Yorke como "increíblemente carismático. En las viejas épocas, cuando estaba enojado y entraba en un lugar, todos se daban cuenta sin que abriera la boca".
En los Estudios Bray, Yorke está feliz haciendo lo suyo. Canta "Airbag" (de ok Computer) con la cabeza tan cerca de su guitarra acústica que parece estar a punto de meterse adentro; entona los últimos versos de "Street Spirit (Fade Out)" (de The Bends) como si fuesen un inquietante himno religioso del Medioevo. Selway, O’Brien y los hermanos Greenwood retoman esa electricidad y transforman el murmullo líquido de "Packt Like Sardines in a Crushd Tin Box" (de Amnesiac) en un precipitado ritmo funk, una combinación del rock alemán de los años 70 con la guitarra metálica de los Rolling Stones.
Más tarde, cuando el grupo termina con "The Tourist" (el clímax de ok Computer), O’Brien (33 años) cuenta qué parte del día le gusta más: "El final, cuando nos amontonamos alrededor de la batería de Phil y tocamos juntos. Estamos todos ahí amuchados, sintiendo."
El magnetismo se da de manera natural. Los Radiohead editaron su primer trabajo, el ep Drill, en 1992, pero existen como banda desde mediados de los 80, cuando, siendo estudiantes en Abingdon, empezaron a componer y a ensayar con el extraño nombre de On a Friday [Un viernes]. Jonny Greenwood, el más joven de todos, tenía 13 años cuando tocó por primera vez con los demás. Los otros cuatro se dispersaron para seguir sus respectivas carreras universitarias -Yorke fue a Exeter; Colin, a Cambridge; O’Brien, a Manchester, y Selway, a Liverpool-, pero se reunían los fines de semanas y los feriados con Jonny para componer y grabar cintas. Hoy, los cinco siguen viviendo en la zona de Oxford (aunque Jonny, Colin y O’Brien también tienen casas en Londres), y registraron la mayor parte de Kid a y Amnesiac en su nuevo estudio, un granero reciclado que queda cerca de la Escuela de Abingdon.
-La palabra cerrados nos calza perfecto -dice Colin.
Yorke recuerda que, cuando Radiohead convocó a la Orquesta de St. John para que tocara en Amnesiac, una integrante de la sección de cuerdas se mostró preocupada porque Radiohead mezclaba los negocios con la fraternidad. "Cinco varones que están juntos desde hace más de diez años... es insalubre", le dijo a Yorke. "Para las mujeres está bien, pero para los hombres no."
Una vez, esa sensacion de confinamiento casi desmanteló al grupo: al terminar la gira de ok Computer, Yorke estaba convencido de que Radiohead había caído en la rutina. Quería un cambio radical, a cualquier precio; según O’Brien, también en lo que tenía que ver con las relaciones personales.
-Siempre sostuve que nuestra amistad es algo absolutamente fundamental -dice O’Brien-. En cambio, creo que a Thom no le parecía fundamental, por momentos. Eso dice mucho de nosotros. Thom tiene ese impulso de "Tengo que domar esto, cueste lo que costare". Y yo soy un blando. (Y confiesa con una tímida sonrisa que, si tuviera que valerse por sí mismo, "probablemente no lograría nada".)
Yorke insiste en que la grabación de Kid ay Amnesiac le enseñó algo:
-No hay que involucrarse tanto en lo personal para hacer las cosas. Muchas veces el problema era que yo me ponía impaciente. Pero fueron situaciones que tenían que suceder. Teníamos que sacar un montón de basura de en medio.
"Habría sido muy triste hacer lo que la gente decía que estábamos haciendo, es decir, empezar a tocar música electrónica y extraña -agrega-. No fue así para nada.
Radiohead funciona de la siguiente manera: "Cuando los cinco dicen: «Esto es perfecto», está perfecto", explica Chris Hufford. "Si solamente dos -digamos, Ed y Phil- dicen que está perfecto y los otros dos dicen que es una porquería, queda en la nada. Y definitivamente Thom tiene poder de veto." Hufford lo sabe por experiencia propia. Vio tocar a la banda por primera vez en 1991, cuando todavía se llamaba On a Friday, y produjo los demos que ese mismo año le valieron al grupo un contrato con emi. "Por lo general, lo que hacemos como managers es: cuando los cinco le dan luz verde a algo, darlo por hecho", continúa Hufford, en referencia a Bryce Edge y Brian Message. Ahora bien: "Si Thom es el único que está conforme, avanzamos con precaución". Porque Yorke no es precavido.
Es rápido y directo para hablar, y camina con decisión y celeridad. Aunque en escena se queda más bien quieto, sacude la cabeza de un lado a otro mientras canta, como si literalmente se sacara las palabras de la boca a sacudones. En la escuela era de pelearse: a pesar de su escaso tamaño, no estaba dispuesto a tolerar que lo molestaran. "En algunos casos", cuenta Yorke, "la persona en cuestión no insistía nunca más".
Estaba bien plantado en su puesto de combate cuando comenzaron las sesiones de grabación de Kid a/Amnesiac, en París y luego en Copenhague, en febrero y marzo de 1999. El segundo día de Copenhague, Radiohead terminó tres canciones: "Knives Out", "Dollars and Cents" y la versión que salió en Kid a de "Morning Bell", un tema tan bueno que lo volvieron a grabar para Amnesiac. Selway no recuerda si "Pyramid Song" se hizo ese día o al siguiente, pero sí tiene presente que se quedó contento con los resultados. Por un tiempo.
-Ese primer día fue particularmente bueno -dice Selway, que con sus 34 años es el mayor de la banda-. Y seguíamos con nuestro viejo método: tocar en vivo en el estudio.
Así se grabó ok Computer en St. Catherine’s Court, una mansión del siglo xv, ubicada cerca de la ciudad de Bath, que pertenece a la actriz Jane Seymour. El grupo registró los temas principales en vivo, en el colosal salón de baile, y en muchos casos la voz de Yorke salió perfecta en la primera toma.
El cantante reconoce que estaba muy comprometido con el proyecto, pero igualmente desconcertado. "Cuando compongo, entro en un estado de ánimo que es como un virus maligno", aclara, sonriente pero compungido. "Todo se me descalabra por dentro." Yorke estaba tan desorientado por lo enmarañadas y caóticas que eran sus composiciones -en esencia, poemas extensos y fragmentos entrecortados- que imprimió las letras y las pegó en las paredes del estudio "para ver qué pensaban los demás".
El cantante es consciente de que volvió locos a sus compañeros y a Nigel Godrich, ingeniero y coproductor. "No fueron discusiones terribles", protesta, pero en seguida se ríe: "Bueno, sí fueron. Es mentira. Totalmente."
-Thom nos pone a prueba todo el tiempo -dice O’Brien sin rencor-. Uno piensa: "¿Tengo que pasármela demostrando lo que soy?". Y la respuesta es sí. Por eso le sale tan bien ser el líder del grupo. Te mantiene alerta. Pero somos una banda. No me cabe duda de que Thom haría una música espectacular por su cuenta, pero nosotros somos el alma. (En los discos del grupo, la autoría de todos los temas y la producción se atribuyen en forma colectiva a Radiohead.)
Yorke fue emprendedor desde el minuto cero.
-Cuando lo conocí -recuerda Jonny Greenwood, que ahora tiene 29 años-, Thom estaba tocando en la sala de batería de la escuela. O, mejor dicho, yo estaba tocando la batería y él entró a tomar mi puesto. Me mandó a tocar el contrabajo. Yo le dije: "No sé", y él: "Hacé esto", y me mostró una parte. "Te va a salir bien. Atacálo y listo." Tenía la actitud de que uno siempre es capaz de hacer lo que se propone. La gente piensa que Thom se queda sentado en un rincón y que es apático y molesto -sigue Jonny, que de hecho es un talentoso multiinstrumentista (toca la viola, la flauta, los teclados, instrumentos electrónicos), formó parte de la Orquesta Juvenil Thames Valley y hoy hace los arreglos para cuerdas de Radiohead-. Esa imagen no cuadra con la personalidad que en verdad tiene: una personalidad apasionada, hambrienta, musicalmente enérgica. A veces sus ideas no son muy buenas -esboza una sonrisa traviesa debajo del largo y oscuro flequillo-, pero él las quiere llevar hasta las últimas consecuencias. Típico de Thom: es el último en darse por vencido.
Lo más llamativo de las obras Kid a y Amnesiac es lo honestas y humanas que son. Los títulos de las canciones, combativos y burlones ("Knives Out" [Saquen los cuchillos], "You and Whose Army?" [¿Vos y el ejército de quién?], "Everything in Its Right Place" [Cada cosa en su lugar]), aluden sin duda a un grupo en crisis. Y gran parte de lo que se oye es verdadera música rock, aunque está tan modificada que no es fácil de reconocer. Por ejemplo, en algún lugar del robótico tema "Kid a", Selway toca la batería. Otro caso es el de "Like Spinning Plates" (de Amnesiac): se trata de la grabación del inédito "I Will" pasada al revés.
-Thom se aprendió la melodía dada vuelta y la cantó -explica Colin-. Las palabras se entienden, pero suenan como al revés… No me parece que ninguno de estos dos discos sea completamente distinto de lo que veníamos haciendo. Pero todo el mundo esperaba que termináramos siendo una banda como u2, con esa credibilidad en vivo. Parecía que nos había llegado la hora de heredar la corona…
Radiohead pagó caro por desviarse. En The New Yorker, Nick Hornby -el autor de High Fidelity [Alta fidelidad], la novela suprema para fanáticos del rock- destrozó a Kid a, equiparándolo a íconos de la perversidad como Metal Machine Music, de Lou Reed, y Self Portrait, de Bob Dylan. La crítica de Hornby fue "una traición clara", opina Colin, con una especie de admiración. "El buscaba otra cosa."
Lo mismo le pasó a Jon Clews, un admirador de Radiohead de 18 años oriundo de Rugby, Inglaterra. Es uno de los tres devotos -junto con Mark Higgenson (21 años), de Manchester, y Amy Garrick (16 años), de las Islas Shetland de Escocia- que tienen la suerte de estar sentados frente a Yorke, Colin y O’Brien en una radio londinense. Los tres jóvenes ganaron un concurso de preguntas y respuestas sobre Radiohead en Evening Session, un programa de la bbc conducido por el dj Steve Lamacq, y se llevaron el primer premio: la posibilidad de entrevistar a la banda.
Clews va directo al grano: comenta que le gustó "el coqueteo con la música electrónica" de Kid a, si bien extraña las canciones y el sonido de The Bends, "el mejor álbum de la historia. Me encantaría que volvieran a ese estilo".
La respuesta de Yorke es cordial pero firme: "Eso es como pedirle a un pintor: «¿Puede volver a pintar lo mismo?»". De todas maneras, Yorke reconoce que las críticas desfavorables que tuvo Kid a fueron "una verdadera bofetada... Yo no entendía qué habíamos hecho para merecerlas".
La hora de programa, moderada por Lamacq, se pasa volando. Yorke, Colin y O’Brien quedan impresionados por todo lo que saben los fans y recompensan tamaña pasión con autógrafos, fotos y cálidas bromas. Yorke elogia a Higgenson, estudiante de diseño gráfico, por la carpeta de arte de tapa de Radiohead que diseñó como proyecto personal. O’Brien se asombra cuando Garrick afirma que Kid a es su disco de Radiohead preferido. "¿Te imaginás lo que será escuchar toda esa música electrónica con el frío, la oscuridad y la humedad de Escocia?", se deslumbra el guitarrista.
A su vez, Clews, Garrick y Higgenson están maravillados de tener tan cerca a sus héroes y descubrir que no son unos jodidos susceptibles con pretensiones de artistas. "¿Pensás que nos estamos mirando el ombligo todo el tiempo?", pregunta O’Brien durante el reportaje, dando vuelta la tortilla. Clews responde de inmediato: "Ahora que los conocí, no, no me parece".
L a mejor manera que se me ocurre de describir la ciudad de Oxford es como dice Thomas Hardy en Jude el oscuro: O estás de un lado de la pared o estás del otro", dice una mañana Yorke, tomando café. Más allá de las piedras color vainilla que rodean el patio del Hotel Old Parsonage, se alzan las imponentes murallas, cúpulas y puertas de hierro del cúmulo de facultades que conocemos como Universidad de Oxford. "Gran Bretaña tiene un cierto elitismo, que en lugares como Oxford se intensifica."
-Todo lo que vale la pena ver, todo lo hermoso y tradicional, queda detrás de una pared muy alta, que está ahí para que los estudiantes no salgan y para que vos no entres -coincide Jonny.
Esa mentalidad de asedio -una fusión de paranoia, angustia y violencia inminente- permea toda la música de Radiohead, especialmente en el estribillo de "Karma Police" (de ok Computer): "Eso te pasa por meterte con nosotros". Así y todo, Jonny insiste en que el temperamento de excluidos que caracteriza a los Radiohead no tiene mucho que ver con haber crecido del lado equivocado de las paredes de Oxford: "Nuestro mundo era muy chico; se centraba en ir a la universidad y ensayar con la banda".
Jonny, Colin y O’Brien nacieron en Oxford, si bien los hermanos Greenwood -hijos de un comandante del ejército británico- se mudaron varias veces dentro de Alemania y de Inglaterra antes de establecerse en Abingdon. Selway llegó a Abingdon desde Cambridgeshire. Por último, Yorke -que es hijo de un proveedor de equipos químicos y tiene una parálisis congénita del ojo izquierdo, corregida parcialmente mediante distintas operaciones- nació en Northamptonshire, vivió en Escocia hasta los 7 años y llegó con su familia a la zona de Oxford a los 9.
Yorke declara que desde los 8 años supo que sería músico de rock. Y lo dice en serio. "Lo decidí cuando vi a [el guitarrista de Queen] Brian May por primera vez en la tele." Cuando Colin lo conoció en la Escuela de Abingdon, ya componía canciones; de hecho, "The National Anthem" (de Kid a) está basado en un riff que compuso Yorke a los 16 años. Y O’Brien cuenta que, entre los demos más viejos de Radiohead, anda dando vueltas un disco solista de Yorke, una cinta llamada Dearest que hizo el cantante a fines de los años 80. "Era un trabajo muy bueno", dice O’Brien, "bastante parecido a Jesus and Mary Chain, con delays y reverb".
Como sea, Yorke se tomó el tiempo necesario para terminar su carrera de Arte y Literatura y recibirse en la Universidad de Exeter. Además, allí hizo su debut en vinilo, cuando grabó una canción con un grupo llamado Headless Chickens editada en un ep de recopilación indie. "Lo que más me importaba seguía siendo la música", dice Yorke, que sostiene que su título universitario "no sirve para nada. Pero si lo único que aprendí en los años que me pasé ahí metido fue a seguir trabajando cuando estás varado, está bien: no necesito saber nada más".
Colin, Selway y O’Brien también se graduaron de sus respectivas facultades. Jonny dejó el Politécnico de Oxford en primer año -a fines de 1991-, cuando el grupo firmó contrato con emi y tomó la sabia decisión de cambiarse el nombre por el de Radiohead, tomado de una canción de True Stories, el álbum de Talking Heads de 1986.
-Siempre tuvimos el plan de volver a juntarnos después de terminar la universidad -dice Yorke-. Por otra parte, me pregunto qué habría pasado si no hubiéramos ido a la facultad como buenos niñitos. Supongo que si nos hubiéramos metido directamente en Radiohead, habríamos quedado tarados.
Pero el estado cercano a la psicosis que sufrió Yorke en escena fue, en su momento, penosamente real, según Hufford:
-Era la energía de un hombre joven, muy enojado, urgido de que le prestaran atención. Cuando funcionaba, era electrizante. Pero sé que a él le resultaba desgastante en el plano emocional [en 1992 Radiohead dio más de 130 recitales en un solo año] porque todo lo que hacía le salía desde adentro.
El tardío éxito que tuvo el simple "Creep" en los Estados Unidos, en 1993 -un año después de fracasar al momento de su edición en Gran Bretaña-, complicó los esfuerzos de Yorke por controlar y encauzar su propia intensidad. Ocurrió que el público norteamericano malinterpretó el reproche cómico del estribillo ("Sos tan fucking especial./ Ojalá yo fuese especial") tomándolo literalmente, como las palabras de un resentido. Tan es así que, después de los recitales, la gente iba a los camarines a buscar a Yorke preguntando -O’Brien jura que es cierto-: "¿Dónde está el de «Creep»?". "Thom no quería tanta atención", comenta Colin, "sino respeto, como el que la gente le tiene a Lou Reed o a Neil Young".
Ahora Yorke goza de ese respeto, pero además carga con la imagen pública inmortalizada en Meeting People Is Easy (1999), el documental de Grant Gee sobre la gira de ok Computer: un gruñón genial atormentado por una desdicha de su propia creación. "Thom no es así, para nada", jura Michael Stipe. "Piensa demasiado, quizá. Pero, en parte, acostumbrarse al éxito consiste en sentirse más cómodo cuando la gente quiere saber más de uno, si bien eso no tiene mucho que ver con la música que uno hace. Y me parece que ahora se siente mejor en ese aspecto."
Con la sonrisa radiante que despliega mientras habla de la banda, de sí mismo y de la paternidad, Yorke no parece el prisionero de guerra de Meeting People Is Easy. Fue padre por primera vez en febrero, cuando su novia, Rachel Owens, dio a luz a su hijo Noah [Noé]. (Selway también es padre de dos hijos.) Yorke dice que tenía el nombre elegido desde mucho antes de que llegara el bebé: "Es un nombre fuerte. Era perfecto. El nene salió bien camorrero, listo para enfrentarse al mundo". Igual que el papá.
A fines de junio, radiohead finalizó el tramo de la Costa Oeste de su actual gira por los Estados Unidos. A fines de julio cubrió la Costa Este. Luego, en octubre, vienen conciertos en Europa y en Japón, y después, nada más.
-Ahí paramos -explica Hufford, uno de los managers-. La agenda está totalmente vacía. Nuestros planes llegan, como mucho, hasta dentro de seis meses… No queremos pensar con mucha más anticipación. Y está bien así. Está bueno escaparse de la mentalidad de la industria discográfica, que se pone cada vez peor: según los sellos, uno forma parte de una espantosa fábrica de salchichas. Nosotros representamos a la banda. No representamos a la industria. Tenemos que hacer lo mejor para el grupo. Y eso quiere decir: ir paso por paso.
Yorke, Selway, O’Brien y los Greenwood dicen que hacía años que no se sentían tan bien con respecto al futuro de Radiohead. Jonny garantiza que el grupo nunca va a dejar de hacer giras: "Si no tocáramos más en vivo, perderíamos la mitad de lo que somos". A Yorke lo entusiasma cómo brillan las canciones de Kid ay Amnesiac con la fuerza de las guitarras cuando las tocan en vivo.
-Las veces anteriores, cuando grabábamos, en el fondo pensábamos: "¿Cómo vamos a tocar esto en los shows?" -confiesa-. Ahora lo tocamos en vivo en el estudio, y para el recital es como aprenderse un cover. -Se ríe.- Somos una banda que hace covers de Radiohead.
También hay temas nuevos. En los Estudios Bray, probaron uno titulado "The Reckoner", y Colin asegura que Yorke tiene otra flamante joyita, "Bring On the New Blood", que trata de "esos intérpretes multiplatino que se enganchan con el productor francés que esté más de moda para hacer su nuevo disco". Se diga lo que se diga de Kid a o de Amnesiac, Colin jura que los de Radiohead nunca estuvieron ni van a estar tan desesperados como para caer en eso:
-Si uno vende suficientes discos como para seguir haciendo discos, eso es lo único que importa. Nosotros nos propusimos dedicarnos a esto desde que somos adolescentes. De ahí sale la auténtica naturaleza del asunto: venimos tocando juntos desde chicos.
Entonces menciona algo que llama "castillos en España": una especie de enfermedad que afecta al mundo del espectáculo y que consiste en lo siguiente: "Un grupo de rock viejo e importante emprende una megagira. Uno sabe que ya cancelaron la hipoteca de la casa y que les alcanza la plata para mantener a la familia. Pero también tienen las obligaciones del yate y del castillo en España."
-A nosotros no nos va a pasar -dice Colin-, porque logramos mantener un cierto nivel de cordura.
Y cuenta una anécdota sobre la aparición de Radiohead en Saturday Night Live el año pasado, la semana en que Kid a entró en el primer puesto del ranking de la Billboard. Después del programa, cuando los integrantes de la banda salieron de los estudios de la nbc, ubicados en el Rockefeller Center de Nueva York, se encontraron con tres limusinas y un Jeep Cherokee esperándolos en el estacionamiento. Los cinco se apiñaron en el Cherokee.
-Uno de la discográfica nos dijo: "Ah, estas limos son para ustedes. Elijan la que quieran" -recuerda Colin.
Y Yorke contestó:
-Fucking típico Radiohead: seguimos metiéndonos todos en el mismo auto.






