Rafflesia, la flor más grande y de peor olor
Sería de la familia de las violetas
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MADRID (ABC).- Después de 180 años de intrigas, los científicos aseguran haber resuelto el misterio de los orígenes evolutivos de la planta que produce la flor de mayor tamaño del planeta.
Los investigadores dicen ahora que la rara Rafflesia -cuyas flores pueden medir un metro de diámetro y cuyo olor fue descripto por el explorador sueco Eric Mjoberg como más repulsivo que un cadáver de búfalo en avanzado estado de descomposición- proviene del dulce grupo de plantas que incluye las flores de pascua, las violetas y las flores de la pasión.
"Fue una sorpresa", dice Todd Barkman, botánico de la Universidad Western Michigan, que describe su hallazgo en la revista Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. "Algunas personas habían pensado que esta planta estaba emparentada con otras flores grandes y olorosas, y no con las inofensivas violetas."
Además, parásita
Esta planta no sólo da unas flores gigantes y de mal olor, sino que también es parásita. Aunque algunas especies tienen vestigios de hojas, no existen en ella tejidos para la fotosíntesis, ni hojas, raíces o tallos de los tipos conocidos, sino que parasita a los árboles, creciendo sobre sus raíces y alimentándose de ellas.
En los bosques tropicales del sudeste de Asia, donde vive, la Rafflesia crea su hogar a partir de otra planta, pariente de la vid, tomando los nutrientes que necesita de ella. Lo que sí se desarrolla bien es la flor, que aparece desde debajo de la tierra como una estructura gruesa, carnosa, de cinco lóbulos que pesan en total hasta 11 kilos y con una medida de hasta un metro de diámetro. Esta flor permanece abierta entre cinco y siete días, desprendiendo un olor fétido que atrae a las moscas que se alimentan de carroña, que, según descubrieron en los años 80 John Beaman, botánico y profesor emérito de la Universidad del estado de Michigan, y su hijo Reed, de la Universidad de Yale, actúan como agentes polinizadores.
Precisamente, John Beaman asegura que en los veinte años que ha dedicado a estudiar la Rafflesia ha estado cada vez "más perplejo" sobre sus conexiones evolutivas, por lo que considera que Barkman "ha hecho un excelente trabajo". La moderna ciencia molecular le ha sido de gran ayuda para ello.
Así, Barkman y sus colegas analizaron primero el genoma de la planta, pero el hecho de que la Rafflesia no realice la fotosíntesis -lo que implica que muchos de los genes para ello han desaparecido o se han modificado- hacía inútil la comparación con otras plantas. En su perseverancia, los investigadores encontraron un gen en el ADN mitocondrial de la Rafflesia que estaba intacto y en un estado que permitía la comparación con otras especies, llevándolos a situar a esta planta junto a las violetas, las flores de pascua y las flores de la pasión.
En su análisis de 95 especies de plantas, los investigadores hallaron que no hay ninguna relación cercana entre la Rafflesia y uno de los parientes que se le habían atribuido hasta ahora, otra curiosa especie parásita del sudeste de Asia, la Mitrastema. Esta última entraría en el orden de las Ericales, junto a los arándanos y los caquis.
Barkman explica que la Rafflesia gigante no debe ser confundida con otra planta que erróneamente se dice da la mayor flor del planeta y que crece en Indonesia. Esta planta, normalmente llamada flor de cadáver por su hedor, no es sólo una flor, sino una gran estructura formada por diminutas flores. Por tanto, puede competir en el olor con la Rafflesia, pero no puede desbancarla como la más grande del mundo vegetal.




