Rating: todo lo que está en juego
El Sistema Federal de Medición de Audiencias (Sifema) salió a la cancha el jueves 10 de octubre para jugar un partido por día. Tratar de sacar ventaja en el campeonato que se juega por el rating es vital para un gobierno como el kirchnerista, que desde hace tiempo promueve la idea de que las escuálidas mediciones de audiencia de los medios oficiales responden a alguna estrategia intencionada.
En el fondo, la estrategia oficial sobre el tema no hace más que romper uno de los axiomas fundamentales que le dan sustento y sentido al funcionamiento de sistemas televisivos públicos en el mundo. Ese principio nos dice que esos medios deberían apartarse de la lógica comercial de los canales privados y desentenderse de la búsqueda del rating como principio rector. En todo caso, el propósito de ganar audiencia tendría que ir de la mano con un criterio también diferenciado de la TV comercial en el armado de una programación en la que conviven el entretenimiento de calidad, el deseo de aprender, la búsqueda de calidad, la experimentación y la idea de lo público llevada a su máxima expresión.
En este sentido, la política televisiva kirchnerista muestra una involución. En los primeros tiempos del oficialismo actual, la programación de Canal 7 ofrecía en el horario central programas como Al Colón y Científicos industria argentina (que, por fortuna, permanece en el aire). Hoy, ese lugar lo ocupa el programa de apología ultraoficialista 6,7,8, cuya existencia misma desmiente el carácter de TV pública con que la emisora se autoidentifica.
El lanzamiento del Sifema no hizo más que reforzar ese criterio. No sólo porque las mediciones del sistema oficial mejoran (aunque no demasiado) los números del ciclo "militante", sino sobre todo porque el principio rector de los números responde a una lógica similar a la utilizada en la TV comercial, con el fútbol como bandera.
En el acto de presentación, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, utilizó el rating del último River-Boca, jugado bajo la lluvia el domingo 5 de octubre, para subrayar las diferencias con las mediciones que hasta ahora viene utilizando el mercado y proporciona la empresa Ibope. Para Capitanich, el Sifema registró un rating de 51,6 para el superclásico (transmitido, como todo el fútbol oficial de la AFA, por la TV Pública) e Ibope, 45. Desde Las Heras (Santa Cruz) y en el mismo acto, la presidenta Cristina Kirchner agregó algunos puntos al nuevo sistema, que en su mirada "va a permitir la verdadera y correcta lectura de cuál es la verdadera audiencia no de una región del país, sino de todos los argentinos". Y llevó los números del Sifema para River-Boca a 54,9.
Conviene aclarar que los números mencionados por la Presidenta y por Capitanich aludieron a cifras que corresponden sólo a los picos de rating y no al promedio de una transmisión de casi dos horas. Cuando se hizo este anuncio ya habían pasado casi 72 horas de la difusión de los números oficiales de rating de Ibope, y la cifra para Boca-River fue de 33,8 de rating promedio.
Pero más que discutir sobre números lo que vale subrayar aquí es el vector que los promueve. Si lo que importa es la "verdadera y correcta lectura de cuál es la verdadera audiencia" y esos números crecientes vienen del Fútbol para Todos, ¿por qué pensar en alternativas que podrían provocar una eventual baja del rating? Se entiende entonces que en el pico de la temporada futbolística, con partidos de primera división, el Nacional B y la Copa Argentina ocupando las franjas horarias más vistas casi a diario (más el inevitable 6, 7,8), las auténticas novedades de la programación de la TV Pública hayan sido empujadas hacia horarios marginales.
Las últimas ficciones promovidas por el canal oficial (Cuentos de identidad, Las 13 esposas de Wilson Fernández y El secreto de los Rossi) debieron soportar serios déficit de continuidad y quedaron confinadas a un espacio casi invisible luego de haber sido presentadas en condiciones mucho más razonables. En el mismo sentido, ya se escucha por lo bajo cierta disconformidad por el tardío horario de comienzo (23.30) elegido para la tercera temporada del premiado ciclo En terapia, que se pone en marcha mañana.
Si por alguna razón un capítulo de En terapia concluyera pasada la medianoche, el Sifema no lo incluirá en las mediciones de rating del día de comienzo, sino en el del cierre. Esta es una de las particularidades de la medición oficial, donde lo primero en llamar la atención (por esa misma razón) fue la inclusión de ShowMatch en las planillas del miércoles.
El sitio television.com.ar, que publica a diario un cuadro comparativo entre los números de Ibope y los del Sifema, subraya algunos detalles signficativos. Mientras el primero mide el rating de 12 a 0, el nuevo lo hace de 0 a 0. También llama la atención la posibilidad aportada por el Sifema de hacer búsquedas por tipo de programas y por características socioeconómicas de la audiencia. En la práctica, el sistema metodológico es el mismo (se recurre a aparatos llamados peoplemeters o telemeters instalados en hogares elegidos a partir de una muestra representativa de la población total) y el panel inicial de 890 hogares de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires en los que viven 3119 personas con un total de 1692 televisores se extenderá a todo el país con "9000 aparatos en el primer semestre de 2015", según vaticinó Capitanich.
Los números del Sifema están al alcance de cualquiera vía Internet (www.pascal.unsam.edu.ar) y al frente del sistema de medición, realizado por la Universidad Nacional de San Martín, aparece el geógrafo Marcelo Escolar, un reconocido estudioso de los sistemas electorales y de la evolución del sistema de partidos políticos en nuestro país.
En el análisis diario de los números ya se esbozan algunas tendencias. La medición de ShowMatch es mezquina en el Sifema respecto de Ibope: entre tres y cuatro puntos menos para el líder de la audiencia. Lo que baja para El Trece sube, en cambio, para la TV Pública: el jueves último, 6,7,8 duplicó en el Sifema el rating de Ibope . Subió de 2.9 a 5.0 en el cálculo oficial.
Pero más allá de estos números, que en algún punto reforzarán el convencimiento del Gobierno respecto de sus planes televisivos, lo más importante surge del contexto. "Si bien todas las mediciones de todos los programas son algo distintas de las de Ibope (cuestión lógica al ser una encuesta), la diferencia es muy baja, casi imperceptible en un promedio mensual", se indica en television.com.ar.
Si en el fondo las cosas no cambian tanto, ¿se pronunciará Ibope en algún momento sobre esta nueva medición? ¿Qué dirán los anunciantes, las centrales de medios, las productoras y los canales que integran la Cámara de Control de Mediciones de Audiencia, única encargada de homologar el rating y que hasta ahora legitima a Ibope? ¿Y qué dirá el público? Por lo pronto, surge una primera conclusión, que no es cuantitativa: el esmero que hoy pone el Gobierno en la medición del rating no se extiende a cuestiones más acuciantes como la pobreza y la inflación.







