
Los idolos del rock se ven diferentes a los ojos de sus progenitores.
1 minuto de lectura'
Los idolos del rock se ven diferentes a los ojos de sus progenitores. Para la mayoría de los amantes de la música, Jimi Hendrix continúa siendo el epítome del guitarrista fastuoso, una usina de acordes arremolinados y sublimes distorsiones. Pero para James A. Hendrix, de 80 años, Jimi siempre será el niño atildado, el adolescente sonriente y el joven generoso y amable al cual siempre considerará My Son Jimi (Mi hijo Jimi), tal cual titula su libro de memorias editado por Aljas en los Estados Unidos. Además, James escribe con una mezcla de conciencia y de refrescante inocencia acerca del Jimi Hendrix público, el que ha quedado en la memoria popular.
My Son Jimi también funciona como autobiografía del papá de Hendrix. El libro cuenta cómo este nativo de Vancouver se radicó en Seattle; su casamiento y posterior divorcio de la perturbada madre de Jimi, Lucille Jeter –quien murió en 1958–; su paso por el ejército y la sucesión de empleos insatisfactorios en los que se desempeñó antes de abrir su empresa de jardinería. Nos enteramos de que a Jimi Hendrix le gustaban las revistas de historietas y los helados, las películas de ciencia-ficción y The Andy Griffith Show, y que no hacía problemas a la hora de comer o vestirse. A mediados de los 60, Jimi le mandó una postal a su padre desde "esta enorme, desaliñada ciudad de Nueva York". Al señor Hendrix, que nunca consideró que su hijo tuviera buena voz, le sorprendía que Jimi cantara. "En esta época, la gente no espera que cantes bien", le explicó el guitarrista.
Ilustrado con fotos y con dibujos de Jimi, algunos notables, el libro cumple con su cometido. El aura de fama y de rebeldía drogona de Hendrix fue ligeramente aumentada por sus managers para impresionar al público hippie de los 60. Pero, según su padre, Jimi siguió siendo un caballero. "Siempre le gustaba llevar el pelo muy prolijo", recuerda.
Cuando, en el epílogo del relato, James Hendrix recupera el control de la música de su hijo –hoy supervisa las reediciones y las ediciones póstumas mediante un acuerdo con mca Records– se percibe el final feliz exacto que merece su libro.




