
Regreso con sello propio
A veinte años de su último disco, Antonio Tormo volvió a grabar y, junto a León Gieco, inauguró el nuevo sello discográfico con el que el autor de "Sólo le pido a Dios" promete rescatar "toda la buena música"
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León Gieco y Antonio Tormo pertenecen a distintas generaciones y universos. Uno se divide entre Cañada Rosquín y Buenos Aires. El otro entre San Luis y Mendoza. Uno es el artista multifacético capaz de estar en cuatro puntos distintos a la vez, presente en todas las manifestaciones sociales donde haga falta su presencia. El otro es el dueño del tiempo, hombre de pensamientos minimalistas sabio en medir el valor de las cosas simples.
Dos personalidades dispares que al reunirse en un disco, lejos de confrontar encuentran coincidencias Los dos sufrieron la censura de una dictadura militar. Los dos salieron de su región y rompieron el cerco de Buenos Aires con su música. Los dos cuentan con récords: Gieco giró por todo el país, recorrió miles de kilómetros y grabó un disco epopéyico como "De Ushuaia a la Quiaca". Tormo vendió mas de 3 millones y medio de simples con el tema "El rancho e´ la cambicha", en la década del 50´ y se transformó en un ícono de popularidad incomparable.
Los dos se tienen mutua admiración. Gieco es el primero en confesarse: "Siempre lo escuché a Antonio. Mi viejo era fanático de él y si viviera se pondría muy orgulloso que grabáramos juntos". Y Tormo le responde: "Yo le tenía mucho aprecio y siempre me habían hablado muy bien de León. Aunque, lo conocía poco le tenía mucho respeto".
Alumno y maestro
Tormo lo mira como si fuera su hijo. Le da una palmada en el hombro y le agradece los halagos. Gieco se imagina llegando a esa edad, con ganas de seguir subiendo a un escenario para tocar la versión número 100 mil de "Solo le pido a Dios". Como Tormo que sigue cantando "El rancho e´ la cambicha", como el primer día.
Al cuyano le extendieron la licencia de conducir por dos años, en vez de uno como es habitual para una persona de 84 años. Ese pequeño logro que rompe con el paso del tiempo lo pone de buen humor. Y León aprovecha para elogiarlo una vez más: "Antonio sigue cantando en el mismo tono de cuando empezó -comenta-. A mí me gustaría llegar a esa edad de la misma manera".
Gieco que hace una pausa en su atareada rutina diaria, está grabando dos videos de forma simultánea, que lo tienen como protagonista, "El imbécil" y "Alas de tango". Tormo, mientras tanto, se entretiene vocalizando.
Luego, sentados frente a frente los músicos comparten el sueño en común de "20 y 20": la primer placa de Tormo, después de 20 años de no sacar un disco nuevo y la primera producción del flamante sello independiente "Cañada Discos", de León Gieco.
"Lo veníamos preparando hace 40 años", bromea León. Quizá por eso la rapidez con que fue grabado el disco: "Grabamos todas las canciones en una tarde, en el auditorio Aleph del Centro Cultural Borges", sostiene Tormo.
Obra de la casualidad o del destino, el santafesino había tenido un encuentro profético con el maestro a los cinco años de edad. "Había un señor en mi pueblo que era uno de los músicos que tocaba con mi padre. El tenía un acordeón y una fonola que me llamaban mucho la atención. Un día me puso un disco de 78 y era de Tormo cantando La jota cordobesa. Mirá lo que son las vueltas de la vida, ahora lo tengo a Tormo enfrente mío y encima pude grabar un disco con él, que hubiera sido un orgullo enorme para mi viejo".
El trabajo está compuesto por 19 canciones del ayer con el sonido de hoy. Algunas como "Amémonos", "La canción del linyera", "Mis harapos", "La jota cordobesa" y "El huérfano", marcaron el imaginario de una sociedad golpeada por los militares. Y es el testimonio sonoro de una época que se dividió entre una patria peronista y otra antiperonista. Pero que se proyecta como una postal para las nuevas generaciones. Como dice el booklet del compacto: para los descamisados y sus hijos.
"Es un disco para mostrarle a la juventud que en la música no hay ni edades ni estilos. Que se pueden compartir todas las cosas. Que la felicidad de cantar en un escenario, es la felicidad de cantar, no la felicidad de cantar una canción determinada. Nosotros tenemos que aprender de esa felicidad, porque venimos de una generación que sufrió mucho, y quizá cantar para nosotros es como ser una especie de guerrilleros de rock. No es la felicidad que tiene Antonio para cantar", sostiene Gieco.
-El nombre del disco tiene que ver con una época de mucha popularidad...
Tormo: -Esa es una historia muy linda. En la época de mayor éxito me pusieron el apodo de "20 y 20" o "El papá de los cabecitas negras". Pero 20 y 20 fue el que me quedó. Porque en la mayoría de los lugares estaba la vitrola, donde había muchos discos. Ahí ponías la moneda y te pasaban el tema. Como yo tenía tanta repercusión, en ese momento, había muchos discos míos en las vitrolas. Generalmente eran bolichones donde se juntaban los obreros. Veinte centavos era para una pasada del tema y los otros 20 para un pedazo de pizza. Por eso me pusieron 20 y 20. Y por eso León quiso ponerle ese nombre al disco. Porque es la vuelta a un tiempo importante en mi carrera.
"20 y 20" tiene el sabor de un documento histórico, que tendrá su real significado cuando el tiempo se coma los años futuros. "La gente va a reivindicar mucho este trabajo", apuesta León. "Creo que cuando uno busca generalmente encuentra, y este disco tiene este valor. Y en eso coincidimos con Antonio, en definitiva, el movimiento nos permitió encontrarnos y generar este proyecto." Tormo coincide y asiente con la cabeza. "Aunque hacemos distintos repertorios, nuestras músicas se tocan en algún punto." Gieco retoma esa idea y señala:"Antonio, en realidad, es mucho más originario, el hace música de Cuyo, aunque puede cantar cualquier cosa. En mi caso, siempre canté muchos estilos. Pero él es un artista folklórico original de una región, que normalmente podría haber sido universal, sino hubiera sido prohibido. Lo mío es la variedad, pero no soy originario. Me hubiera gustado ser un buen chamamecero o un buen cantante de chacareras".
-Creo que el punto de conexión entre los dos es que siempre le cantaron a los más postergados...
Tormo: -Si siempre hicimos canciones sociales y le hablamos a la gente humilde. Incluso a mí me prohibieron los militares porque decían que era peronista. Pero jamás dije en un show "Viva Perón", aunque mi público era todo peronista y familiar. Ahora son los pibes los que me siguen.
-¿Y cómo es esa relación?
Tormo: -Muy buena, y el culpable de eso es León, que me ha buscado para actuar con él.
Gieco: -Los pibes lo ven como al abuelo que a todos le gustaría tener. Como a mí, que algunos chicos me dicen que lindo sería tener un padre como vos. Tormo, es buena onda. Es como un maestro. Pertenece a una generación de cantores que ya no hay. Ellos están en contacto con otro tipo de cosas. Quizá tengan respuestas más optimistas y más sencillas y simples que se relacionan más con el planeta. A nosotros, en cambio, se nos complicó la historia.
El sueño que se hizo realidad
"No tenía mejor forma de empezar mi propio sello", dice León Gieco en su nueva ocupación de productor y creador de "Cañada Discos", con respecto de la salida de "20 y 20". Este disco junto a Tormo es la primera de una serie de producciones locales que mantendrán un perfil definido: "La premisa básica es que sea música buena. Ya estamos pensando, en una antología con Sixto Palavicino y en un material de una artista mapuche. También producimos a un cantante de 11 años que se llama Abel Pintos, pero que saldrá por una compañía grande. La idea es que sean diferentes estilos de música que tenga pretensiones artísticas, que sea música valiosa y ante todo que sean discos atemporales. Es un poco la idea que mantenemos de Ushuaia a La Quiaca".
Junto con el lanzamiento del nuevo sello, Gieco está terminando el nuevo estudio de grabación que se levanta en su antigua casa del barrio de Caballito que su familia no quiso que vendiera. "Ahí fue cuando dije: vamos a convertirla en algo productivo".
El amplio caserón permitirá grabar a los artistas del interior a costos más accesibles. "Es lo que me hubiera gustado encontrar a mí cuando vine por primera vez a Buenos Aires, con toda la ilusión de grabar un disco. Estamos instalando el estudio de modo tal que el músico pueda venir a grabar y quedarse a vivir en el lugar donde graba. Este es un tipo de estudio que no existe todavía en el país, y que me parece necesario para la gente del interior, que a veces no sabe bien cómo manejarse en esta ciudad."
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