Rejuvenecer arriba de una tabla

En Estados Unidos, el skate gana cada vez más adeptos. Hombres que andan por los 40, pero que se divierten como si tuvieran 20
Alex Williams
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23 de mayo de 2012  

NUEVA YORK (The New York Times).- Un sonido rechinante, algo entre un repiqueteo y un ruido sordo, erupciona sobre una colina suburbana de Nueva Jersey. Las figuras, vestidas con camperas de cuero y cascos de motociclistas, comienzan a aparecer, una, dos, tres, hasta que llegan a ser casi 20, en cuclillas sobre las tablas de skate, como un escuadrón de villanos rodantes.

Al pie de la colina, el líder de los Bergen County Bombers, como se hace llamar esta pandilla de skaters, se quita el casco negro de la cabeza, revelándose como un agente hipotecario con algunas canas en la barba y patas de gallo propias de décadas de trabajo de oficina.

"Es, totalmente, una crisis de los 40", dice el líder del grupo, Tom Barnhart, de 47, de Cresshill, Nueva Jersey, que empezó a practicar skate hace dos años. Su vida, dice, se había vuelto anquilosada. "Mis hijos crecieron, entonces adopté un perro. Mi perro se hizo viejo, entonces compré una tabla de skate."

Revancha

Miembros canosos de la Generación X, e incluso sus hermanos mayores, reclaman su juventud y su vena de rebeldía saltando sobre una pista de skate. Algunos también despliegan sus viejos trucos en los parques.

Es el último grito ahogado de una generación de tipos que escuchan Black Flag en sus BMW y saludan chocando las palmas de las manos con sus clientes. Es la apuesta a escapar de la moledora corporativa y cumplir con un cliché generacional: extender la adolescencia hasta la llegada de las inevitables prescripciones médicas.

"Los viejitos skaters tienen su revancha", esboza Michael Brooke, editor de Concrete Wave , una revista del estilo de vida skater de Ontario, Canadá. Efectivamente, el viejito skater se está convirtiendo en una figura cada vez más popular. Será por eso que Dave Carnie, el anárquico escritor y antiguo compinche de Johnny Knoxville en Jackass , presentó una línea de tablas con la marca Tum Yeto llamada Fat Old Guy Skateboards para atraer a los skaters que "recién se despertaron de un coma y aún piensan que es 1984", dice.

¿Y por qué no? El skate en sí mismo está entrando en la madurez. Como los miembros más antiguos de la Generación X, el deporte nació en los años 60. Los pioneros ahora tienen edad suficiente como para terminar de pagar sus hipotecas y las universidades de sus hijos.

"Tony Alva y yo bromeamos con eso", dice Stacy Peralta que, junto con Alva, fue miembro del legendario equipo de skate Z-Boys en Venice, California, en los 70. Como se detalla en el documental de 2001 de Peralta, Dogtown y los ZBoys , se metían en casas suburbanas desocupadas con piletas vacías para hacer skate.

Ahora Peralta tiene 52 años, su hijo tiene 21, y él mismo está haciendo precisamente eso, pasando sus fines de semana en un parque de skate de vanguardia cerca de su casa en Santa Monica, California.

"Tiene transiciones lindísimas y formas voluptuosas, nada que ver con las peligrosas piletas que usábamos cuando éramos chicos", dice Peralta. "Finalmente se dieron cuenta de cómo diseñar un parque de skate considerado con los de más de 40", comenta. Y no sólo los parques se volvieron más indulgentes.

Para los mayorcitos

Las tablas de skate son ahora más blandas y amistosas para los maduros, gracias a un creciente segmento llamado longboards.

Los longboards son el lujoso sedan del mundo del skate. Por lo general tienen entre 1 metro y 1,20 de largo, comparados con las tablas callejeras tradicionales, que miden alrededor de 80 cm. Equipadas con ruedas más grandes y más blandas para rodar sobre veredas con grietas y caminos de piedritas, están construidas para pasear y andar rápido, no para hacer pruebas y volteretas, y apuntan a atraer a usuarios que ya no se arriesgan a fracturarse un hueso haciendo grinds en barandas u ollies en los cordones, como hacían cuando eran adolescentes.

Muchos skaters de 40 crecieron leyendo acerca de las proezas fuera de serie de skaters como los Z-Boys. Y aunque no se hayan metido en piscinas de jardines ajenos, el ethos subversivo de chico-malo que tiene este deporte se ha arraigado tanto como las cicatrices en los hombros de un skater veterano. Como todo estudiante de secundaria sabe, los skaters siempre han sido los adolescentes adictos a la adrenalina con tendencia al punk, los tatuajes y las notas bajas.

Los padres, la policía y los funcionarios han intentado tomar medidas en cuanto a la práctica de skate, pero sólo sirvió para reforzar su imagen antisistema. Los skaters, por su parte, colocan calcomanías en sus tablas que dicen Hacer skate no es un crimen .

La mística antiautoridad no está perdida en Joe Borress, 41, un contratista de Greenwich, Connecticut, que empezó a hacer skate hace dos años y ahora viaja todos los días de Grand Central Terminal a su trabajo en SoHo en una Bustin maestro de 96 cm. "Andar en skate asocia: juventud, punk, rebeldía -dice-. Tiene esa connotación de ser algo malo."

Acciones colaterales

Pero la diversión tiene su precio. Don Bailey, director técnico de noticias en un canal de televisión de Atlanta, aparece ocasionalmente en el trabajo rengueando. Los colegas ya no se molestan en hacer preguntas.

"El asfalto se siente mucho más duro -dice Bailey, ubicado en el extremo del espectro de viejitos skaters con sus 53 años-. Tenés raspaduras por todos lados, los hombros están muy lastimados, entonces pasás por una farmacia antes de ir a casa y comprás vendas, te cubrís lo mejor que podés antes de que te vea tu esposa."

Para aquellos que andan en grupo, el skate no es solamente una rebelión contra la edad, sino también contra el aislamiento que provoca llegar a los 40. El deporte ofrece a los skaters de 40 o más una oportunidad de pasar el tiempo con amigos como lo hacían antes de casarse y tener hijos.

Sólo hace falta ver la fiesta rodante que genera el grupo Old Guy Skate Camp, dirigido por Steve Morris, un agente inmobiliario de San Diego y skater aficionado. Durante varios años, unos 30 skaters que superan los 40 se amontonan dentro de una furgoneta provista de cerveza y carne asada, y pasan tres días viajando de parque en parque en el sur de California.

Por supuesto, a los adolescentes no siempre los causa gracia ver a sujetos canosos acaparando su campo. Cuando Travis Cowan, 48, analista de redes en Columbia, South Carolina, aparece en un parque de skate con su tabla naranja fluorescente de los 80 y sus sienes plateadas, los jóvenes skaters que podrían ser sus hijos se quedan atónitos y le preguntan: "¿Estuviste en Dogtown?" El generalmente les tapa la boca sacando un truco de la galera, claro.

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