Reunidos por la magia

Desde hace 15 años, el Bar Mágico rinde culto a la sorpresa
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17 de julio de 2009  

Se escucha, sobre todo de parte de visitantes extranjeros, aquello de que Buenos aires tiene magia. La ponderación, no obstante, es imprecisa. Salvo si uno ingresa en una vieja casona de Carlos Calvo al 1600, donde ahí sí se encontrará con un respaldo objetivo de la frase. El edificio de dos pisos, construido en 1907 por un millonario que le vendía durmientes al ferrocarril, de por sí solo posee un aspecto de singular belleza que lo convierte en el más sobresaliente de esa zona de Monserrat. Pero además es la sede del Bar Mágico. Desde 1994 es el primer bar temático de magia de América latina y uno de los cinco que hay en el mundo. Tres años antes lo había adquirido una sociedad integrada, entre otros, por Marcelo Insúa, actual propietario y director del Instituto Superior de Magia e Ilusionismo, que funciona en el lugar.

Con pisos de roble de Eslavonia, frescos en el cielo raso y paredes revestidas con mármol de Carrara, la casona contiene el bar con escenario, tres aulas y una tienda con artículos de magia hechos en la Argentina.

Los viernes y sábados hay show en el bar-teatro. El público se maravilla con inexplicables hechos perpetrados por prestigiosos magos locales y del exterior, como Juan Tamariz, René Lavand, Topas, Pablo Kusnetzoff o Juan Miraz, entre muchos más.

-Magia e ilusionismo están incluidos en el nombre del instituto. ¿Cuál es la diferencia?

-Todo es magia, en realidad. Por ejemplo, todo congreso se identifica exclusivamente como de magia. Pero es posible hacer una distinción: el ilusionismo tiene que ver con el uso de grandes aparatos, lo que significa una espectacularidad, una grandilocuencia que habitualmente no presenta la magia. Es lo que marca la diferencia entre lo que hacemos acá y un show de David Copperfield.

-Con frecuencia se habla de los secretos implícitos en los actos de magia. Están considerados reputados como muy herméticos. ¿No hay excepciones?

-Tiene que ser así. Debe ser el mejor ejemplo de aquello del secreto profesional. Es como una ley de la actividad. No se revela nada al público. Sí a los colegas o alumnos, pero con el estricto pedido de no divulgar nada.

-¿Cualquiera puede aprender magia?

-Tuvimos y tenemos alumnos de todas las profesiones y edades. Hay un solo límite respecto de los chicos: desaconsejamos que se inscriban aquellos que aún creen en los Reyes Magos y Papá Noel. No es bueno mezclar esa fantasía con esto.

El mago soy yo

Se suman al diálogo dos alumnos: Belinda Bruno, la única mujer, y el otorrinolaringólogo Jorge Alberto Ibáñez, jefe del Servicio de Medicina del Trabajo del Hospital Italiano.

Bruno admite la observación de que las mujeres no parecen muy afectas a la magia. "Es cierto, aunque sé que en Europa hay un par de excelentes magas. Está muy arraigado que sea así. Por ejemplo, cuando di un show, los chicos preguntaban: ¿Y cuándo sale el mago? Tuve que hacer algo muy impresionante con fuego para hacerles ver que el mago era yo.

En tanto, Ibáñez cuenta que en un momento buscó un hobby para dejar de lado por un rato la medicina: "Ella es mi gran pasión, pero le dedico demasiado, desde las 7 hasta las 20, en el hospital y el consultorio. Pero todo debe tener su medida. La magia dio la respuesta y hoy forma parte de mi vida. Espero ansioso que llegue el miércoles, cuando vengo al curso. Deseo aprender todo lo que sea posible, pero no para vivir de la magia. ¡Me conformo con ganar el aplauso de mi nieto y de quien venga!"

Uno no se puede despedir de un mago sin pedirle que haga algún truco. Insúa toma el desafío. Extiende un mazo de naipes, que ofrece para revisar. Todo en orden, con cuatro juegos completos del as al rey. Los pone boca abajo, los toca y pide que se los den vuelta. ¡Y lo único que esta vez aparece son 52 reyes!

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