Rock en el principio del mundo
El trío del oeste bonaerense realizó un concierto atípico: con el canal de Beagle de fondo, tocó con jóvenes músicos locales
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USHUAIA.- El joven tiene 21 años y un rostro de sonrisa adolescente y mirada tierna, pero profunda. Vive en Ushuaia, Tierra del Fuego, y es el más "viejo" de los cuatro músicos que integran el grupo Animal de Pueblo. A los 14 años decidió que quería vivir tocando música y creó una banda con sus amigos en la que hacían temas de Divididos y Sumo. Siete años más tarde, Boris Piñeda se prepara para subir al escenario y entonar junto a Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Jorge Araujo "Par mil", una de las canciones más emotivas del grupo formado en el oeste bonaerense: "No lo puedo creer", dice balbuceando, y se lanza en busca del sueño tantas veces soñado. Señoras y señores, ésta es la historia del día.
Hace ya casi dos meses, Mollo -guitarrista de la banda que se alzó con el rubro mejor grupo de rock del año 2000 en cuanta encuesta se haya realizado por estos días- le anticipó a La Nación que Divididos sería el encargado de la apertura del festival Argentina en Vivo 2, en Ushuaia, con un show fuera de lo común. "Vamos a ir a ver a los grupos de allá y, si nos dejan, vamos a armar un concierto conjunto", había dicho Mollo.
Sorpresa y media
Así las cosas, los organizadores fijaron una fecha de audición de bandas fueguinas. "La Secretaría de Cultura nos llamó para una audición, supuestamente para una gira con un camión de no sé qué -recuerda Boris, un día antes del recital, dándole la espalda a las montañas y al canal de Beagle- y nadie tenía idea de lo que íbamos a hacer. Fuimos recontentos y nos hicieron entrar como caballos. Cuando llegué, justo estaciona un auto delante mío y bajan estos tres... no entendía nada, me quedé duro. Después ellos mismos nos dijeron que la audición era para esto, que nos habían engañado. Fue impresionante."
Esto no es otra cosa que la idea que surgió de las cabezas de los tres Divididos para darle el puntapié inicial a Argentina en Vivo 2, el último sábado -día de Reyes-, en Ushuaia: un concierto del power trio, con los músicos de la ciudad fueguina como invitados en varias de sus canciones.
"La primera vez que vinieron a vernos -continúa Boris- se sentaron y no nos dijeron nada, sólo miraban y escuchaban. Tocaron diez grupos y los Divididos grabaron y filmaron todo. Les dejamos direcciones y teléfonos y nos quedamos esperando que nos llamaran. Pero creíamos que ya no se hacía poque no habíamos tenido noticias. Cuando llegaron, el 2 de enero, y nos empezaron a decir quién hacía cada canción, casi nos desmayamos. No sé si cualquiera lo puede entender, pero yo tocaba esas canciones cuando tenía 14 años y ahora las voy a volver a tocar, pero con ellos. La verdad, todavía no puedo entender bien qué es lo que pasa, si esto es una broma o qué."
El principio del mundo
Boris nació en Buenos Aires en 1979 y a los cuatro años se instaló en Ushuaia. "Fue una época medio fea de Buenos Aires. Mi viejo -que toca la guitarra en la Banda Municipal y también va a actuar con Divididos- laburaba en Entel y lo habían echado. Fue todo un rollo", comenta el joven músico mientras espera para subirse al escenario de la Casa de la Cultura y ensayar por última vez junto a Mollo, Arnedo y Araujo, antes del día del concierto. "Yo tampoco tengo trabajo ahora y todavía no terminé la secundaria. Igual, cuando sale, estoy tocando en bares. Y es bastante redituable, saco ciento cincuenta pesos por fin de semana. En un mes, tengo un minisueldo."
Mollo se para frente al micrófono y cual maestro de secundaria, llama de a uno a sus alumnos fueguinos. El examen es el ensayo final, las bolillas son las canciones: "A ver bolilla cuatro... los Par mil, suban al escenario", bromea el guitarrista y Boris, Gastón y Sandobal se levantan inmediatamente de las butacas del anfiteatro y corren a ocupar sus lugares. Arrancan; Boris canta eso de "luz del alma, soy un hombre que espera el alba"; lo repiten y ahora sí, todos quedan satisfechos. Los músicos se abrazan, los experimentados y los no tanto. La alegría y la emoción que se respiran en este anfiteatro son tan inmensas que no se pueden medir con nada.
"La primera vez que practicamos el tema -cuenta Boris ya más relajado- fui con la letra y me temblaba hasta el último dedo del pie. Le pregunté a Mollo cómo quería que lo cante y me dijo: "No, yo no lo voy a cantar. Elegí este tema para que lo cantes vos, así que cantalo como quieras". En ese momento me explotó la cabeza. Empezar el año así es el mejor regalo que me podían dar en la vida."
"Acá no viene nadie a tocar"
Boris asegura que, en Ushuaia, "no hay puntos de encuentro para la gente. Es una ciudad porque tiene cemento y autos pero se vive como si fuera un pueblo.Los fueguinos son de estar muy encerrados en sus casas, de no salir. No están acostumbrados a esto ni a palos, acá no viene nadie a tocar. A pesar de ello, hay muchos músicos y muy buenos. Es algo raro, porque por banda hay un virtuoso. Es como el mito futbolero argentino, que no es un equipo sino la individualidad, la estrella, que gambetea y tira caños. Algo así pasa acá con la música. Debe ser por eso de que acá no hay identidad en la música, no existe la música folklórica de Ushuaia".
Durante los cuatro días previos al concierto, los Divididos compartieron extensas charlas y comilonas hasta altas horas de la madrugada, visitaron una clínica de rehabilitación e intercambiaron con los chicos internados sus propias y pasadas experiencias con las drogas. Se hicieron amigos y se sintieron como en casa. Esa era la idea y el espíritu de este concierto en el lugar donde muchos aseguran que comienza el mundo.
El escenario, ubicado a orillas del puerto -en el mismo lugar donde Julio Bocca bailó para festejar el fin del milenio hace un año-, tiene el mejor telón posible: el canal de Beagle, las pintorescas casas de la ciudad y, más allá, las montañas. Son las 19, el show está por comenzar y el sol domina todo desde lo más alto. Entonces sí, la aplanadora del rock arranca con "Casi estatua" y "Haciendo cosas raras". Y, si se mira alrededor, la imponente muralla de montañas les da la razón: no es normal un concierto de esta magnitud. Estos tres músicos continúan haciendo cosas raras.
"Mollo me dio algo para la garganta, no sé qué es, pero me arde una barbaridad", confiesa asombrado Boris. El natural té de jengibre con el que el guitarrista ayuda a su garganta, es la medida ideal para las cuerdas vocales de cualquier cantante ansioso. Los jóvenes músicos invitados comienzan a subir de a uno al escenario para tocar clásicos de la banda: "Qué tal", "Nene de antes", "Que ves", "Azulejo" y "El burrito", entre otros. El tiempo, que había amagado con aguar la fiesta, se porta de maravillas.
Más que un concierto
Y ahora sí, es el turno de Boris. "No lo puedo creer", repite una y otra vez balbuceando, y sube los escalones del escenario con el vaso de té de jengibre en las manos. Hay aplausos, gritos y un intercambio de palabras con Mollo: "Mucha fuerza, eh", le aconseja Ricardo. Y ahí está Boris, otra vez dándole la espalda al canal de Beagle y a las montañas. Pero ahora canta eso de "¿qué hay de esta imagen en mi cielo?, no creo ser tan importante". Se cruza miradas con Mollo y con Arnedo, cierra los ojos y vuelve a confesarle a la luz del alma que es "un hombre que espera el alba". Cuando suena el último acorde de "Par mil" se estrecha en un abrazo eterno con el guitarrista que, seguramente, no olvidará jamás. El concierto continúa mientras Boris baja del escenario todavía sin entender lo que hacía allá arriba, se abraza con su padre y la emoción puede más que mil palabras. Sólo alcanza a decir un último "no lo puedo creer" y se pierde entre sus amigos que lo ovacionan.
Big band y cumpleaños
Sí, claro, también aquí, en este show de Divididos en Ushuaia, hubo un concierto tremendo, una big band -la Banda Municipal de la ciudad- que se sumó al grupo en "El arriero" dejando una versión exquisita, un cumpleaños -el de Arnedo- festejado de la mejor manera posible, más de treinta canciones y mil postales más para el recuerdo. Anécdotas muy valiosas.
Pero la historia... la historia es la de Boris que, con diferentes matices, se repite en más de veinte personas, músicos que van desde los 11 años -Sebastián, un baterista demoledor para su edad, que ama a Led Zeppelin- hasta los 56 de uno de los integrantes de la Banda Municipal.
Todos fueron sorprendidos por los Divididos y se convirtieron en las estrellas de esta apertura de Argentina en Vivo 2: Maxi, José, Fernando, Christian, Peter, Godin, Pablo, Gastón, Lucas, Kelo, Sandobal, el Pollo, Cordero, Sebastían, Luis y todos los artistas fueguinos que compartieron esta jornada con una de las mejores bandas de rock del momento, en el hermosísimo paisaje de este lugar, que muchos insisten en llamar el principio del mundo.
Ficción que no fue
Esta segunda edición del festival Argentina en Vivo viene acompañada de un proyecto fílmico al que se sumaron varios de los jóvenes e independientes directores locales. Cada show tendrá su cortometraje a cargo de uno de ellos. Este, el primero, tenía como protagonista a Daniel Burman, director de la recientemente premiada "Todas las azafatas van al cielo", una historia que transcurre en Ushuaia. Pero, debido a compromisos de ambas partes, Burman y los Divididos se encontraron por vez primera en esta ciudad austral. No hubo tiempo para acuerdos y el cortometraje de ficción que el director quería realizar no pudo ser.
Burman se volvió y quedó a cargo Andrés Di Tella, coordinador de todas las filmaciones que se llevarán a cabo durante dos meses. "Hay tanto para filmar que la idea de hacer un documental nos pareció tanto o más jugosa que lo que no se pudo hacer con Burman", remarcó Di Tella.
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