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El melancólico sexto disco de Rufus Wainwright está marcado por el espíritu de su madre, la eminencia del folk Kate McGarrigle, que falleció el año pasado de una variante inusual de cáncer de riñón. Con sólo voz y piano, y despojada de su típica ampulosidad orquestal, es la música más emocionalmente desnuda de Wainwright hasta la fecha. Sus inquietantes composiciones hacen recordar las canciones artísticas europeas y el triste y viejo Broadway; Rufus se carga en los hombros un brío garlandesco, e incluso también una ligera malicia. "Hora de ir al norte a ver a Madre", le suplica a su hermana en "Martha": "Ya ninguno de los dos es realmente más viejo que el otro".




