
Rutilante, como Los Amados
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Rutilantes en el Maipo Club . De Los Amados. Idea y dirección: Alejandro Viola (voz). Dirección musical y arreglos: Lisandro Fiks (contrabajo). Músicos: Fernando Costa (percusión), Oscar Durán (requinto), Hernán Sánchez (trompeta), Analía Rosenberg (piano), David Rodríguez (congas, voz), Rubén Rodríguez (percusión, voz) y Bárbara Togander como cantante invitada. Escenografía y vestuario: Cristina Villamor. Iluminación: Dana Barber. En el Maipo, Esmeralda 443. Viernes, a las 23.50. Entradas desde $ 20. Duración: 90 minutos.
Nuestra opinión: muy bueno
Enormes jopos modelados con fiereza a la gomina, finísimos bigotes, chalecos coloridos, zapatos blancos, palmeras y flamencos como marco escenográfico, bongós, trompetas y congas. Sin que nadie haya abierto la boca, sin que ni un solo sonido haya salido de los instrumentos, ya el cuadro que recibe el espectador al entrar en la sala principal del Maipo da una muestra más que precisa sobre lo que está por suceder. Aunque siempre es recomendable dejar un espacio para la sorpresa.
Con el acento puesto en lo musical, el grupo Los Amados vuelve a cantarle al amor, a través de boleros, merengues, mambos, cumbias y otros ritmos latinoamericanos, en este show que les sirve de presentación de su último disco. Con un muy cuidado trabajo instrumental, y con buenos ajustes en los ritmos con los que van equilibrando el show -entre apaciguados, románticos, divertidos y bailables-, la hora y media que dura este Rutilantes... va ganando en color y calor.
Claro que los seguidores del grupo conocen al detalle los guiños actorales y musicales, y los esperan y festejan a lo grande cuando llegan; aquí juega un más que fundamental papel el líder de la banda músico-teatral Alejandro Viola, que, en su rol de Alejo Chino Amado, marca el ritmo humorístico de la propuesta. Aparece entonces un delirio medido, cuidado, entregado con decoro, con gestos pequeños, que sumados, en la totalidad, logran un lenguaje escénico con personalidad arrasadora. Pero Viola no está solo; detrás de él aparece como impecable ladero Lisandro Fiks en el rol del contrabajista Tito Richard Junquera. Entre los dos logran unos simpatiquísimos contrapuntos que condimentan lo que es eminentemente un show musical.
Así aparece la banda en sí misma, que si bien viene a ser un buen acompañamiento musical a las letras elegidas, también aporta, con mucha mesura, pinceladas de humor que amalgaman a la perfección con el conjunto. En este grupo, sumamente parejo, puede decirse que se destacan la pareja de "mellizos" David y Rubén Rodríguez, con sus personajes Black y Mambo Méndez. No sólo es cuestión de que les aportan un tono casi desmesurado a sus números, sino que ellos tienen más oportunidades de lucimiento que el resto de sus compañeros instrumentistas.
El peso femenino
Bárbara Togander volvió a ser de la partida de Los Amados, como la cantante invitada Dina Dulri, y volvió a demostrar que no sólo soporta con hidalguía sobre la cabeza esos tocados frutales al mejor estilo Carmen Mirada, sino que es una espléndida cantante, con una fuerte presencia escénica que logra hacerle frente al Chino Amado de Viola, tarea nada fácil.
Y para el final de esta reseña, la frutilla del postre: la niña pianista Raquelita Jarzinski, que interpreta Analía Rosenberg, quien casi escondida detrás de su enorme piano se compra a toda la platea con sus mínimos mohínes infantiles y tímidos. Rosenberg no sólo es una pieza fundamental en lo musical, sino que lo es en lo actoral y humorístico. Hace crecer a su Raquelita hasta casi la ovación.
Buena es la mano de Viola como director, que logra un conjunto compacto, redondo, sin artistas irregulares. Juntos, Los Amados, consiguen convertir su show en una pequeña fiesta -bananera si se quiere- que combina música, teatro y humor con desparpajo y calidad.






