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Salieri, tarde, pero inseguro

Pola Suárez Urtubey
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23 de marzo de 2000  

Tal vez el siglo XXI logre lo que hasta ahora parecía imposible, es decir, que se difunda la música de Antonio Salieri, que se lo juzgue sin aprensiones, que se llegue a comprender por qué en su época gozó de éxito y respeto, y finalmente que una amnesia total haga olvidar que se le atribuyó la muerte de Mozart. Lo cierto es que ahora su ciudad de nacimiento, Legnano, ha organizado para el mes próximo el primero de los festivales anuales que difundirá su producción, muy mal conocida, o mejor dicho, casi desconocida, tanto por el aficionado como por el profesional de la música. Llegado al mundo en 1750 (seis años antes de Mozart), Salieri necesitó que se cumplieran 250 de su natalicio para que se preocuparan seriamente por salvar su obra y su imagen. De paso, se podrá colocar a la histórica ciudad del Véneto en el mapa de los festivales musicales europeos, lo cual no está nada mal, mientras la discografía, que hasta ahora ha servido a Salieri con relativa generosidad, tendrá más amplio campo de acción.

Es de esperar que la iniciativa contribuya a hacer justicia a un hombre que en lo personal fue, al parecer, extremadamente conciliador; que contribuyó, como Kapellmeister de la corte de los Habsburgo, a dar brillo a la vida musical vienesa; que fue maestro de Beethoven, Schubert y Liszt y que creó una cantidad inmensa de composiciones, además de "L´Europa riconosciuta", con la cual se inauguró, el 3 de agosto de 1778, el teatro Alla Scala de Milan. Casi 40 óperas, oratorios (el más famoso "La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo"), cantatas, un centenar de creaciones sacras, conciertos, obras sinfónicas y de cámara esperan el "¡levántate y anda!"

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Sin embargo, nada garantiza que la gente se olvide por ahora de la leyenda negra que lo envuelve y se convenza de que Mozart murió de lo que tenía que morir y no de las malas artes de su colega. Tal vez a causa de que el autor de "La flauta mágica" había sentido una ardiente animosidad contra Salieri, un literato llamado Calisto Bassi, allá por 1823, hizo correr tamaña calumnia, circunstancia aprovechada prontamente por los nacionalistas austríacos contra la infiltración italiana. Luego Pushkin dio al chisme prestigio literario y Rimsky-Korsakov lo remató con su ópera "Mozart y Salieri".

Confieso que invariablemente pierdo la partida cuando pretendo convencer a mis alumnos respecto de su inocencia; tampoco me hago ilusiones con mis lectores de La Nación , porque la sospecha, agravada por el "Amadeus" de Peter Shaffer y el film de Milos Forman, es fascinante y sigue en pie. Es como si "perdonando" a Salieri se fuera infiel a Mozart, el más amado de los compositores que en el mundo han sido y el hombre cuya impulsión creadora sigue siendo un fenómeno que escapa a nuestra fantasía de simples mortales.

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