El balcón de la Casa Rosada: su origen en una guerra de celos en la presidencia de Sarmiento
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Al sancionarse la Constitución en 1853, el país estaba partido en dos: Buenos Aires, por un lado, y las 13 provincias restantes, por el otro. Así sería hasta 1860, año en que Buenos Aires se integró al resto. Pero pronto brotarían los conflictos de jurisdicción: el presidente administraba los destinos de toda la Nación desde una provincia que tenía un gobernador con poder soberano. En ese escenario, el primer mandatario del país pasaba a ser un huésped del gobernador bonaerense.
Bartolomé Mitre no tuvo problemas ya que hasta antes de asumir la presidencia había sido gobernador de Buenos Aires y su lugar lo ocupó el presidente provisional del Senado. En cambio, en el transcurso del mandato de Sarmiento hubo cruces con el gobernador bonaerense Emilio Castro. Uno de los conflictos tuvo lugar el 2 de enero de 1870, con motivo del arribo de las tropas que habían combatido en la Guerra del Paraguay. Durante los últimos días de diciembre de 1869 se habían organizado los detalles de la bienvenida. Una vez desembarcados, los veteranos se formarían en el largo muelle de Viamonte y la Alameda (hoy Alem), desfilarían hacia la Plaza de Mayo, pasarían por la puerta de la Catedral hasta Maipú o Florida, y enfilarían rumbo a Retiro, donde estaban los cuarteles.
Para Sarmiento era una complicación, porque la Casa Rosada -que era una casa sencilla y ocupaba sólo la mitad norte del espacio actual– no tenía balcón y él necesitaba estar en un lugar en el cual sobresaliera para que se le rindieran honores. En cambio, el edificio del gobierno bonaerense, que se hallaba junto al Cabildo en el espacio que ahora ocupa la Avenida de Mayo, contaba con una ubicación privilegiada. Castro invitó a Sarmiento a ver el desfile desde los balcones del municipio. El sanjuanino respondió que era un acto nacional, que él mismo debía presidirlo y no podía ser huésped de nadie. Incluso le pidió al gobernador que le cediera el edificio a la Nación para poder invitar a quien él quisiera. El gobierno provincial se excusó alegando que ya había cursado las participaciones a los vecinos ilustres.
El 1º de enero de 1870, una numerosa cuadrilla construyó un estrado de madera junto a la Recova (que cortaba la actual Plaza en dos). Ese sería el palco oficial. Las tropas llegaron esa noche.
Al día siguiente, pocos minutos antes de que se iniciara el apoteótico desfile –Buenos Aires era celeste y blanca, nunca se habían visto tantas banderas argentinas adornando la ciudad–, Sarmiento ordenó un cambio de ruta. Las tropas, entonces, ingresaban a la Plaza de la Victoria y no bien cruzaban el arco principal de la Recova viraban hacia la derecha, abandonaban la plaza y tomaban por Reconquista hacia Retiro. Esto hizo que el balcón del gobernador Castro, repleto de invitados, quedara fuera del recorrido. Tuvieron que contentarse con ver a los veteranos a 100 metros de distancia.
Para evitar complicaciones en el futuro, Sarmiento mandó construir un balcón en aquella precaria Casa de Gobierno.
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