
"Sed de mal" vuelve restaurada
Se trata de una versión ampliada del policial rodado en 1957, que será estrenada comercialmente en cuatro salas porteñas
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Uno de los principales fenómenos cinéfilos de este año en la Argentina es, indudablemente, el estreno de la versión restaurada y ampliada de "Sed de mal" ("Touch of Evil"), uno de los tantos clásicos malditos de Orson Welles.
Esta nueva versión del notable policial negro protagonizado en 1957 por Charlton Heston, Janet Leigh, Akim Tamiroff, Marlene Dietrich, Zsa Zsa Gabor y el propio Welles se presentó por primera vez en Buenos Aires, a sala llena, en el marco del II Festival de Cine Independiente de Buenos Aires de abril último. En esa oportunidad, las presentaciones estuvieron a cargo de Gary Graver, un realizador y director de fotografía que colaboró asiduamente con Welles desde 1970 hasta la muerte de éste, en 1985.
Luego, en septiembre último, se proyectó en el marco de un ciclo de conferencias organizado por la Fipresci Argentina en el que el crítico estadounidense Jonathan Rosenbaum explicó personalmente el proceso de recuperación del film que él mismo supervisó. Otra vez, mucho público se quedó sin entradas. Finalmente, pasado mañana, la película tendrá su merecido estreno comercial en cuatro salas: el Village Recoleta, el Hoyts de Abasto, el Showcase Belgrano y el Lorca.
Esta historia ambientada en el pueblo fronterizo de Los Robles (en realidad, se rodó en Venice, Los Angeles) se centra en el enfrentamiento entre el sádico y cínico detective norteamericano Hank Quinlan (Welles) y el incorruptible agente mexicano Ramón Miguel Vargas (Heston).
Precisamente, Welles llegó al proyecto de la mano de Heston, que le insistió no sólo para que interpretara "al policía gordo" sino para que dirigiera el film. "Orson aceptó con la condición de poder modificar el guión. Pero no le fue bien con sus exigencias. El improvisaba mucho en el set, reescribía día tras día, y eso a los estudios no les gustaba nada. Incluso el papel de Marlene Dietrich lo creó de un día para el otro, cuando la convenció de que participara en el film", dijo Rosenbaum durante su reciente conferencia porteña.
Welles, que tuvo serios problemas con casi toda su filmografía ("El ciudadano", "Soberbia", "La dama de Shanghai", "Don Quijote"), sufrió en el caso de "Sed de mal" uno de los peores tratos que la historia del cine recuerde. Tras el rodaje, en 1957, Welles -que con "Sed de mal" había puesto fin a un autoexilio de Hollywood de casi diez años- fue expulsado de la sala de edición por los ejecutivos de Universal. Así, en mayo de 1958, el estudio estrenó una versión recortada de 93 minutos, a la que se le había quitado buena parte del metraje concebido por el director y se le había incorporado música ampulosa y diálogos obvios. Lo que en la mente del gran Orson era una barroca tragedia shakespeareana quedó reducida a un típico policial de clase B sobre la corrupción policial.
Desde aquel estreno que Welles siempre atacó se conocieron distintas versiones cada vez más amplias (la más larga, de 108 minutos, incluía material adicional rodado por Harry Keller). Pero ninguna era exactamente la que Welles había imaginado.
Welles tenía razón
"El cambio de una sola toma puede modificar por completo el sentido del film de un autor como Welles. El agregado del ruido de un golpe en un cuadro, por ejemplo, nos induce a pensar que uno de los personajes podría haber sido torturado para confesar", indicó Rosenbaum. "En esta versión hay más de 50 cambios, algunos muy sutiles, pero que una vez realizados permiten apreciar que Welles tenía razón en todas y cada una de sus quejas y observaciones", agregó el crítico estadounidense.
Perfeccionista y obsesivo como pocos, el realizador envió en 1957 a Edward Muhll -máximo responsable de Universal- un memo de 58 páginas y más de 26 horas grabadas en el que explicaba en detalle cómo debía ser la imagen, el sonido y los diálogos de la versión definitiva.
Rosenbaum recuerda que "el memo desapareció de la Universal y sólo existía una copia en los archivos personales de Charlton Heston. El me lo dio para empezar a trabajar, pero me pidió que lo mantuviéramos en secreto hasta que el estudio nos diera su autorización. Tardamos más de siete meses en convencer a los ejecutivos de esa major de la importancia del proyecto, porque nos decían despectivamente: "¿A quién le va a interesar volver a ver esa película?" Finalmente, resultó ser el relanzamiento de un clásico que mejores críticas cosechó y más plata hizo en la historia del cine (casi dos millones y medio de dólares sólo en las salas de los Estados Unidos). Incluso una vez concretada la reconstrucción de la película, tardaron mucho en decidirse a contratar una persona encargada de venderla en el exterior. Hoy, casi no hay ciudad importante del mundo en la que no se haya proyectado. Este caso es un ejemplo perfecto de lo forma patética en que se manejan hoy en día los estudios de Hollywood".
Un equipo muy especial
En 1992, el ahora famoso memo de Welles fue publicado por Rosenbaum en dos prestigiosas revistas (la norteamericana Film Quarterly y la francesa Trafic), luego de que tanto Premiére como Film Comment rechazaron la propuesta por la excesiva extensión del documento.
La aparición pública de ese texto tuvo tanta repercusión que obligó a Universal a dar luz verde para que poco más de un año después un equipo integrado por el poderoso editor y sonidista Walter Murch (ganador de sendos premios Oscar por "El paciente inglés" y "Apocalypse Now"), los también sonidistas Bill Varney y Peter Reale y el restaurador Bob O´Neil, con la supervisión del historiador del cine Rick Schmidlin y Rosenbaum como consultor general, comenzara a trabajar en el corte wellesiano.
"Pudimos corregir varios errores, tomas que evidentemente estaban editadas en orden incorrecto, con reacciones que resultaban muy confusas, y también hicimos una banda nueva, con los efectos sonoros que Orson quería y aplicando las melodías de Henry Mancini de una manera menos obvia, porque al director nunca le permitieron siquiera opinar acerca de la utilización dramática de la música", expresó Rosenbaum.
De todas formas, el prestigioso crítico del semanario Chicago Reader admitió que "a pesar de lo minucioso del documento de Welles, hubo algunas decisiones que se tuvieron que discutir porque quedaban sujetas a interpretaciones. En ese sentido, la última decisión fue de Walter Murch, un compaginador y sonidista de un enorme poder en Hollywood y que fue una suerte de impulsor general del proyecto".
Según Rosenbaum, "se hicieron muchas pruebas para ver si los cambios efectivamente funcionaban en términos narrativos, y sólo después de aplicarlos nos dábamos cuenta de lo que Welles buscaba. Estábamos bastante preocupados por la reacción de los críticos e historiadores, pero ahora existe un consenso bastante generalizado de que esta versión definitiva es bastante más clara y comprensiva que la que se estrenó originalmente".
Reivindicación póstuma
Finalmente, esta majestuosa versión restaurada y ampliada, de 111 minutos de duración, se proyectó por primera vez en el marco del Festival de Telluride, en septiembre de 1998, y luego se estrenó en cadena y con sorprendente éxito en las principales capitales cinematográficas del mundo.
La cartelera de Buenos Aires, afortunadamente, se sumará a partir de pasado mañana a esta demorada pero merecida reivindicación de uno de los pocos genios indiscutidos que ha dado el cine. Un acontecimiento para celebrar.






