
Seis refinados intérpretes del barroco
Concierto de Il seminario musicale. Solistas: Gérard Lesne (contratenor y dirección) y Patricia González (soprano). Programa: 3 Lecturas para el Oficio de los Difuntos, de Sébastien de Brossard; motetes "Infirmata vulnerata" y Salve Regina, de Scarlatti, y Sonata da chiesa en do mayor, Opus 3 Nº 8 de Corelli. Función del martes 6 de Festivales Musicales en el teatro Avenida. Nuestra opinión: muy bueno .
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"Música barroca con perfume francés" podría definirse la propuesta que presentaron el contratenor Gérard Lesne, su grupo Il seminario musicale y la soprano Patricia González como invitada, anteanoche en el teatro Avenida.
Lesne ofreció a los abonados de Festivales un programa combinado, con una primera parte francesa -Sébastien de Brossard, un compositor redescubierto por el contratenor- y una segunda italiana, con los más conocidos Alessandro Scarlatti y Arcangelo Corelli.
De todos modos, el color y el enfoque interpretativo de Lesne y su grupo, integrado por dos violinistas, una intérprete de viola da gamba y una continuista que alternó entre el órgano y el clave, estuvieron dominados por un espíritu musical francés. Un estilo que nace de la propia voz de Lesne, que tiene un registro equivalente al de una contralto de bello color -tanto en el grave como en el agudo-. Una voz que el cantante utiliza con delicadeza y extremada precisión para el fraseo y la ornamentación. Lesne no es potente, pero hace correr la línea melódica sin esfuerzo ni desbordes y se une a la perfección con la soprano Patricia González, exacta y obediente a cada una de las sutiles indicaciones de Lesne.
El grupo instrumental sigue este molde, con los violines tocando con muy poco peso de arco, poco vibrato y una afinación precisa que, por ejemplo, hace aún más filosas las disonancias planteadas en los motetes de Scarlatti, aunque sin llegar a "herir" con ese sonido austero.
En conjunto, funcionan como un exquisito grupo de cámara experto en hilvanar con precisión la delicada trama intimista del grupo de obras sacras elegidas para su presentación en Buenos Aires.
Eso sí, para el repertorio italiano, su actitud hierática puede hacer extrañar la forma más sanguínea y agresiva de tocar que tienen sus pares peninsulares y que es inherente a la música de Scarlatti o Corelli.
Músicos al rescate
Una marca registrada de Il seminario musicale, que Gérard Lesne fundó en 1985, es tomar como una cruzada el rescate de compositores del barroco, en particular el francés.
Este fue el caso con Sébastien de Brossard, un destacado compositor que produjo su obra desde finales del 1600 hasta su muerte, en 1730, recuperado gracias a las investigaciones musicológicas encomendadas por el propio cantante. Aquí presentó sus "Tres lecturas para el Oficio de Difuntos", para dos voces solistas e instrumentos, obras sacras que por su carácter austero e introspectivo surgieron naturalmente como pequeñas gemas, a través de las voces de Lesne y González. Eso sí, las escuetas piezas de Brossard quedaron como meros aperitivos cuando Il Seminario entró en la zona italiana y sobre todo con los dos motetes de su notable colega contemporáneo: Alessandro Scarlatti (1660-1725).
Este padre fundador de la lírica italiana fue también un prolífico compositor de música sacra, en la que, aun ateniéndose a las formas generalmente más estrictas del género, dejó ver el enorme oficio y arte lírico e instrumental del compositor italiano.
Sutilezas
Después del intervalo, Lesne quedó solo con el grupo instrumental para interpretar, con precisión de orfebre, el motete "Infirmata vulnerata" (Enferma, herida). El comienzo mismo sirve de ejemplo al respecto: mientras el grupo instrumental avanzaba obsesivamente con una típica secuencia armónica barroca, Lesne hizo surgir su voz de la nada para hacerla crecer, lisa y blanca, y guardarse el vibrato como un recurso más para cerrar una frase.
Los cromatismos y los gestos teatrales surgieron luego del grupo, siempre dentro del marco preciosista e intimista que envolvió a todo el concierto. La Sonata da chiesa de Corelli fue el único momento puramente instrumental en el que quedó claro que los movimientos en tiempos lentos eran más afines a su sensibilidad que los más rápidos y extrovertidos.
Con "Salve Regina", regresaron las disonancias, pero exquisitamente entrelazadas a dos voces, que anticipan obras como el "Stabat Mater" de Pergolesi.
Precisamente de esa obra fue el bis que ofrecieron (el número "Fac ut que ardeat, cor meum") como agradecimiento al cálido aplauso del público.





