
Sensualidad a la española
"Girados", espectáculo de los cantantes Ana Torroja y Miguel Bosé. El miércoles, en el teatro Gran Rex. Músicos: Alvaro Peire Arroba y Alfonso Pérez Arias (teclados), Angel Celada Brizuela (batería), Eduardo Duarte Hernández y Gilson Batista Da Silveira (percusión), Pedro Gómez Andrea y José Salvador Mumbardo (guitarras), Helena de Quiroga Gobzález, Carla Joyce Vallet y Javier Ponferada (coros), Javier Quilez Carralón (dirección musical). Nuestra opinión: bueno.
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En la calle es una noche de miércoles como tantas otras. Pero en muchos hogares y en los bares no es tan habitual. Se palpita, frente a los televisores, el duelo deportivo entre la Argentina y Chile por las eliminatorias para el próximo Mundial.
En la sala del Gran Rex tampoco es una noche como las demás. Este público, en su mayoría femenino, quiere ver y escuchar a los cantantes Miguel Bosé y Ana Torroja en la única función porteña de su espectáculo "Girados". Es el último tramo de un tour a dúo con el que estos artistas del pop español recorrieron la Madre Patria y gran parte del territorio americano.
Las luces se apagan y el escenario se enciende acompañado por un pasaje sonoro incidental que da un efecto futurista. Pero es breve y lo que sigue no va al futuro, sino al pasado. Los sonidos viajan hacia la década del 80 en manos de una poderosa banda de once músicos.
Sobre la pared instrumental aparece la voz de Torroja: "Hacemos el balance de lo bueno y malo / cinco minutos antes de la cuenta atrás", canta en el estribillo de "Un año más", ese mismo que interpretaba con el grupo Mecano. La frase cabe en la boca del cualquiera cada vez que llega fin de año, pero no le sienta bien a este espectáculo donde los artistas sólo muestran lo bueno de sus exitosas carreras.
Ana sigue sobre el escenario con "Ya no te quiero" y "Hoy no me puedo levantar". Su voz, a veces aniñada otras estridente, suena más fresca que en sus discos. Aquí no busca el empaste con los instrumentos. Sus melodías terminan de tomar forma en una figura que, lejos del prototipo de una diosa, se vuelve atractiva desde una mezcla de sensualidad sutil y provocadora.
Show ágil y ajustado
En su carrera junto al grupo Mecano, Torroja también cosechó fans por estas pampas, claro que no fueron tantos como los que acopió su actual compañero de ruta. Bosé irrumpe en escena con los primeros acordes de "Salamandra" y los alaridos femeninos que conforma la audiencia de esta noche.
La mejor respuesta al público está sobre el escenario. Allí Bosé pone todo su oficio. "Es que hay un ángel en tu mirada/ Y es ese que sabes sólo tú/ solo tú", dice mientras se mueve con pasos ensayados que parecen espontáneos, con sus gestos amanerados que no son más que un juego sobre su propio estilo, hasta ponerse de espaldas al público para mover la colita sin que nadie se lo pida. Le gana de mano al pedido de sus fans y aporta una cuota de histeria. En un lenguaje coloquial se puede decir: ¡qué jugador que es Bosé!
En su lista figuran otros temas como "Muro", "Hacer por hacer", y "Si tu no vuelves"; en la de Ana están "A contratiempo" (de su primer CD solista) y el explícito "Mujer contra mujer". Sobre una estética pop común a la propuesta de los dos intérpretes (con melodías y armonías muy simples), en ocasiones aparecen leves matices de rock, funk-soul, baladas y, casi en el final, un poco de tecno-dance-latino para la versión que la dupla dejará de "Amante bandido". También en dúo entregarán "Nada particular", "Dulce pesadilla", "Duende" y "Corazones".
El show es ágil, suena ajustado y cuenta con una certera puesta de luces. Pero no hay que dejar de lado que el riesgo de los artistas es irrisorio gracias a un repertorio a prueba de fallas. El mérito está en la selección de las canciones y en el resultado de una producción que logra ensamblar el rol de cada uno. Aquí la sensualidad toma un papel importante. Bosé y Torroja recrean una atracción mutua que llega hasta los labios cada vez que la oportunidad se presenta.
Cuando llegan los bises, con un popurrí demasiado extenso, en la calle todo sigue igual, en algunos hogares la cena se saborea junto a la victoria del equipo argentino (2 a 0), y en el teatro los españoles celebran su triunfo mientras el público entrega la última ovación. No parece una noche de miércoles.





