El último día del festival, en el que debía presentarse la banda de Villa Celina, tuvo doce mil personas, un festejado homenaje con los hits del grupo coreados por la multitud y un impecable cierre de Las Pelotas.
1 minuto de lectura'
La familia de la última jornada del Gesell Rock fue la más cercana a Callejeros. Poco antes de que arranquen Las Pelotas, se vio en las dos pantallas que rodearon el escenario una inscripción homenaje al grupo que por obvias razones no estaba: "No olvidar, siempre resistir", decía. Ahí sonaron las canciones más radiales: "Una nueva noche fría" (video clip incluido), "Presión", "Imposible", "El nudo", "Ilusión"... Los más nuevos fueron entonados por la multitud.
Luego Alejandro Sokol -cantante de Las Pelotas- pidió un minuto silencio -cronometrado- para recordar a las víctimas y arrancó con "Capitán América". En ese momento, desprendieron una bola de sonido que se dilató por el campo alcanzando a las doce mil almas que estaban allí. La continuidad y la potencia de Las Pelotas en el tablado parecen demandar, urgente, un show en estadio. "Desaparecido", "Para qué", "Uva-Uva", "Corderos en la noche", "Espirales", "Muchos mitos", "Shine" (la lista podría abarcar todos los temas que tocaron) no sólo consiguieron alto lazo con el público, sino que también fueron ejecutados a la perfección y con gran firmeza. "Fijate qué bengalas más hermosas", exclamó metafóricamente Sokol después de hacer que el público apunte las manos al cielo en mitad de la performance. Hubieron dos bises emocionantes: una versión viola-rocker de "Cinco magníficos" y "Ojo blindado", ambas de Sumo.
Antes del delirio pelotero, tocó La Vela Puerca, confirmando la afinidad que tienen con el público argentino. "Sin Palabras", "El ojo Moro" se convirtieron en ejemplares de la fuerza de los sebastiánes (Teysera y Cebreiro) en los micrófonos uruguayos (Rock que también "está de luto", según Teysera). Kapanga estuvo antes que los orientales con algo de fiesta reparadora que necesitan en el barrio. "Ramón", "Yo quiero estar con vos", "Me mata", "El mono relojero" y "En el camino" dieron paso al baile.
El inicio de la fecha llegó de la mano del reggae-rock-dub de Holy Piby. Villanos siguió con resonancia y estética stone. Pegadito aparecieron los rosarinos de Cielo Razzo para confirmar que en el interior hay un repertorio lírico y musical apetitoso. Desde Lugano (el barrio que más vecinos perdió el 30 de diciembre pasado) arribaron los Jóvenes Pordioseros y su cantante "Toti" Iglesias concentró la atención trepándose a una torre de sonido y caminando entre la gente. "Muchas banda dieron cátedra de lo que había que hacer, pero hace mucho que no salen a la calle a ver que les pasa los pibes", reclamó "Toti" entre aplausos (quizá la expresión más ortodoxa y barrial del festival).
Terminó el primero de los festivales que inundarán el año. El sonido y los horarios fueron exactos. La seguridad, comprensiblemente exagerada. Afuera del predio, muchos autos en las calles de Gesell paseaban ostentosos y cargados de nenas escuchando "Una nueva noche fría". En el autocine, especialmente durante la última jornada del Festival, se vieron muchas remeritas negras pulcras con inscripciones de Callejeros. En menor número, modestas, machucas y gastadas se paseaban las camisetas de Sed -el primer disco- y alguna que otra de fabricación casera alentando a los sobrevivientes y al grupo. Fue el cierre del primer evento de rock post-Cromañón donde Callejeros ratificó que es una banda de consumo masivo, pero masivo en serio, después de un recital que nunca dio.
El resto de las jornadas:
Día 3: Y una noche volvió la fiesta
Día 2: Maratón de Rock
Día 1: El lado pop de los festivales





