
Sergio Mihanovich, un músico secreto y desconocido
La primera vez que se escuchó "Sometime Ago" ("Hace algún tiempo"), el vals de Sergio Mihanovich que es hasta ahora el único estándar aportado por un argentino al repertorio del jazz mundial, fue en agosto de 1963, ubicado como punto final a "Interaction", un álbum perfecto del cuarteto de Art Farmer, pero el verdadero despegue se produjo el año siguiente, cuando muchos de los músicos que importaban entonces comenzaron a enamorarse de la pieza.
El más apasionado demostró ser Bob Brookmeyer, que la registró dos veces en menos de seis meses, primero con un supergrupo impensable (Stan Getz, Herbie Hancock, Ron Carter y Elvin Jones) y luego con el quinteto que encabezaba junto a Clark Terry, aunque el pianista Jack Wilson y el guitarrista Joe Pass también estrenaron hace cuatro décadas sus versiones iniciales de la canción, a la que volvieron reiteradamente.
La seducción del tema -una de esas combinaciones de fluidez melódica, versos sensibles y estímulo a la improvisación que se dan muy excepcionalmente-, sumada a la curiosidad de estar escrito en el tiempo de vals que intrigaba al jazz de la época, lo convirtieron rápidamente en un favorito de grandes solistas y, luego de que Irene Kral revelara la letra, extendió su atractivo a los cantantes más exigentes.
La lista de grandes intérpretes que grabaron "Sometime ago" sinceramente atraídos por sus valores es muy larga y ni siquiera cuando Chick Corea usurpó el título en 1971 para denominar una pieza suya nada despreciable, el original de Mihanovich fue desplazado. Al contrario, tan vigente se mantuvo que una década más tarde el mismísimo Bill Evans se dignó incluirlo en lo que quedó como último disco de su trío en estudio: "You must believe in spring".
Lo que no lograron Schifrin, Bacalov, Barbieri y demás argentinos de su promoción instalados triunfalmente en el exterior, con abundancia de discos propios y acceso a la gran industria cinematográfica, lo consiguió Sergio Mihanovich: componer una balada que se incorporó naturalmente al repertorio oficial del jazz gracias a la originalidad de su métrica y la madurez del texto.
Nada para sorprenderse tampoco, porque este huidizo artista siempre pareció una anomalía dentro del presuntuoso mundo jazzístico porteño de los años de Frondizi, un pianista capaz de improvisar con solvencia, pero más inclinado a crear, tanto en inglés como en castellano, canciones nocturnas que cantaba de la manera confidencial en que entonces lo hacían Anthony Perkins o Chet Baker.
A pesar de ese intimismo, hubo un momento en que parecía que Mihanovich iba a ocupar un lugar preponderante en la música popular local. Fue a comienzos de los años sesenta, cuando luego de grabar acompañado por Jim Hall de paso por Buenos Aires, aportó los mejores temas del primer álbum de Horacio Molina, concibió la música de la película "Los jóvenes viejos", estupenda banda sonora en la que las orquestaciones de Oscar López Ruiz obligan a considerarlo un coautor, y, con el mismo arreglador, dio a conocer el long play "B.A. Jazz".
Luego comenzó a desvanecerse en un dúo con su esposa, a la manera de Jackie & Roy, agregando música desganada a films que se la merecían y cometiendo el error de "El amor nunca morirá", aparatoso álbum producido por Mochín Marafioti en 1976 que es su última grabación hasta el día de hoy.
Continúa actuando casi en secreto y nunca dejó de componer - sólo una de las editoriales que lo representan ofrece más de cincuenta temas - y es en las denominaciones que elige donde puede estar la clave de por qué esa abundante obra permanece desconocida: "Llorando en la noche", "Desencantado", "Realmente no me importa", "Lamento para dos", "Sin chance", "Ocaso", "Los jóvenes tristes" y "Guiño de desesperación" indican humores mucho más pesimistas que el desconcierto agridulce ante el primer fracaso que hizo de "Sometime ago" un clásico, hace ya algún tiempo.
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