Dear White People: la controversial serie de Netflix

Logan Browning, la protagonista de la serie
Logan Browning, la protagonista de la serie Crédito: gentileza Netflix
Si todavía no la conocés, te contamos por qué no te podés perder esta producción
Laura Marajofsky
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20 de junio de 2017  • 00:17

Trailer - Dear White People

02:11
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Dejando de lado la programación retro que rinde culto -o exprime, según se vea- décadas pasadas, los reality shows de turno y la nueva camada de series de época, Netflix ha decidido darle un pequeño espacio a producciones verdaderamente originales y provocadoras. Dear White People es una de ellas. Esta nueva serie está basada en el film de Justin Simien que causó sensación en el festival Sundance el año pasado, promete y cumple con una temática original, un desopilante guión y buenas actuaciones. A continuación te contamos por qué no podés dejar de verla.

Una radiografía generacional

Sin importar la clase social o tu lugar de nacimiento, Dear White People tiene algo para decirte sobre el racismo. Siguiendo la tradición de cineastas afroamericanos como Spike Lee y catalogada como una versión de Do the rigth thing, pero universitaria y millennial, la serie se propone hablar de cuestiones de raza en los Estados Unidos, en la actualidad, pero no sólo con humor sino también dejando al descubierto el lado ridículo de lo políticamente correcto de ciertos aspectos de la propia cultura estadounidense (tanto negra como blanca).

La historia está relatada desde la perspectiva de un grupo de estudiantes negros en una universidad ficticia de la Ivy League (Universidad de Winchester) con mayoría de asistentes blancos y cuenta las dificultades que tienen que navegar en su cotidianidad dando explicaciones que ofuscarían a cualquiera. De la frustración de las minorías a los privilegios de las mayorías y todos los grises del medio, esta producción es un acertado retrato generacional que nos muestra lo peor de la condición humana y todavía un poco más.

El lado políticamente incorrecto de las cosas

La campaña de promoción de la serie buscó llamar la atención desde antes de estrenarse
La campaña de promoción de la serie buscó llamar la atención desde antes de estrenarse

Desde su nombre que muchos tomaron como una indirecta bien directa hacia "la gente blanca", luego desafiada por el mismo póster de la serie que Netflix circuló (y en donde se le rinde homenaje al tema de Carly Simon, "You Are son Vain") que proclama: “Seguro pensás que este show se trata sobre vos”, DWP busca llamar la atención e interpelarnos por el racismo de la sociedad actual. En definitiva, es una serie sobre los estereotipos tanto de un grupo como del otro. Si los negros usan afro, ven "shows de negros" (en la serie los personajes ven un show muy parecido a Scandal) y fuman porro, los blancos sólo saben emborracharse, aprovecharse de chicas y jugar al fútbol. Es decir, la serie de Simien nos muestra estos estereotipos, pero también su contracara.

La ficción recibió críticas negativas cuando Netflix estrenó el primer avance y miles de usuarios amenazaron con cancelar sus suscripciones a la plataforma sin haber visto siquiera un capítulo, pero ser provocador también puede resultar una buena estrategia de seducción. Con trailers muy comentados, buenas críticas y una campaña publicitaria exitosa ya se está pensando en una segunda temporada.

Múltiples narrativas, distintas perspectivas

¿Qué pasó? Diferentes miradas sobre un suceso
¿Qué pasó? Diferentes miradas sobre un suceso

El recurso que utiliza no es nuevo y de hecho está siendo explotado por otras series vigentes en la misma plataforma como por ejemplo 13 Reasons Why. ¿La idea? Tomar un día en la vida de todos estos personajes de variada procedencia, idiosincrasia y clase social, y generar diferentes subargumentos mostrando el mismo acontecimiento, pero desde las distintas miradas. Así, se toma como disparador una fiesta (“blackface party”) organizada por una revista de humor satírico de la universidad, en donde gente blanca se disfraza de personajes negros de la historia o la cultura pop como un guiño supuestamente cómico, generando un gran escándalo entre los estudiantes negros, que irrumpen en la fiesta provocando disturbios. A partir de allí, se reconstruyen las 24 horas anteriores y lo que sigue al evento desde las miradas de los distintos personajes. Esto hace que el relato adquiera mayor profundidad y produzca intriga, ya que se van introduciendo los personajes -y la información sobre ellos- a cuentagotas, y nunca llegamos a ver la totalidad de la pintura sino sólo pinceladas de la misma según quien la mire. Cada capítulo es un personaje diferente, un recurso interesante que no se agota y que suma.

Sexualidad en pantalla

Amor en el aire...
Amor en el aire...

Hay que decir que DWP es sexy desde el minuto uno. Lo es por su estética funky, su música, su arte, su casting y todo el mix de elementos traídos de la cultura negra a los que se le rinde homenaje. Sin embargo, más allá del humor o la política, el sexo está presente y es mostrado de forma realista tanto desde la óptica masculina como femenina. Así, se le dedica la misma cantidad de tiempo y detalle a las escenas de sexo de Sam White (la bella Logan Browning) con su novio blanco, como a las del escultural Brandon P. Bell, dos de los personajes centrales que a su vez han sido novios y mantienen una tensión sexual tangible.

La serie también habla del descubrimiento sexual e identitario con un personaje central gay. Acostumbrados a ver el placer femenino relegado o censurado -al lado del masculino que suele ser reverenciado y estetizado-, la manera en que DWP muestra las relaciones sexuales en la pantalla chica resulta una bienvenida novedad en formato ATP.

Entretenimiento inteligente

La voz en off del relator (el actor Giancarlo Esposito) que dispara la acción en la serie explica que “los creadores están dependiendo de su voz étnica pero no amenazante para explicar las cosas que son demasiado perezosos para establecer de forma tradicional”. Con este comienzo los creadores también buscan establecer una complicidad tácita con un espectador inteligente, informado y que capte rápido las referencias culturales y políticas de la trama. Esta furiosa sátira en diez dinámicos capítulos, apta para bingear, no será el entretenimiento para cualquier televidente y es probable que muchos desistan. Pero quienes lo intenten encontrarán un producto ideal quizás no tanto para distraerse, como para reírse y pensar. Una combinación todavía más difícil de conseguir en tiempos de sequía creativa y remakes al por mayor. Vale la pena intentarlo, y si no, siempre se puede recurrir al material original, en este caso el largometraje.

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