Hugo Weaving: fue el villano de Matrix, le dio la espalda a Hollywood y ahora brilla en un estreno de Netflix
El actor protagoniza El capellán del aeropuerto, la serie australiana que ya está disponible en el gigante de streaming
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Es posible que una gran parte del público no esté familiarizado con el nombre de Hugo Weaving pero habrá muy pocos que no reconozcan la cara del actor que protagoniza El capellán del aeropuerto, la serie australiana que acaba de estrenarse en Netflix.
No importa que en la ficción de ocho episodios el personaje de Weaving esté a años luz de distancia de su papel más reconocible: el implacable agente Smith de Matrix. Aquel villano de la saga protagonizada por Keanu Reeves que era puro cálculo y maravilla digital impactaba no solo por sus habilidades para el combate cuerpo a cuerpo sino también por su aspecto anguloso, por las cejas que ayudaban a contar la historia al enmarcar sus ojos siempre cubiertos por anteojos negros. Esas mismas cejas que también contribuyeron a darle un aspecto sobrenatural a su Elrond, el poderoso líder de los elfos de Rivendel en las trilogías de El señor de los anillos y El Hobbit, de Peter Jackson, y que ahora definen el costado más rebelde de Tobias Wallace, el hombre de fe que encarna en la serie dedicado a atender y resolver las crisis espirituales que ocurren todos los días en el aeropuerto de Melbourne.
Empático y siempre dispuesto a romper las reglas para ayudar a quienes lo necesitan, el personaje privilegia la humanidad frente al trajín de un espacio que se empeña en despojar de ella a sus visitantes. Con la voz grave y plena de matices que el actor le prestó a películas como Happy Feet, Transformers y Babe: el chanchito valiente, entre otras, Weaving representa una autoridad que su personaje no tiene pero que parece inseparable del actor de 66 años nacido en Nigeria.
Aunque es uno de los intérpretes más celebrados del cine, la TV y el teatro australiano Weaving pasó los primeros años de su vida en África donde su padre sismólogo inglés trabajaba para las compañías petroleras que buscaban explotar yacimientos por todo el continente. La vida trashumante de los Weaving, mamá, papá y los chicos Simon (padre de la también actriz Samara Weaving), Hugo y Anna-Jane, continuó más tarde entre Inglaterra, Australia y Sudáfrica. Recién cuando Hugo cumplió 16 años la familia echó raíces en Sidney. Allí fue que Weaving descubrió la actuación como una manera de sobrellevar los ataques de epilepsia que sufre desde los 13 años. Ese diagnóstico, contó años después, contribuyó a cimentar su fama de tipo relajado y tranquilo.
“Durante tres décadas estuve básicamente dopado por la medicación anticonvulsiva que de alguna manera enmascaró el trastorno de ansiedad que ni siquiera sabía que tenía”, explicaba el actor hace unos años en un reportaje con el diario británico The Guardian. Decidido a concentrarse en sus intereses artísticos el intérprete se formó en la compañía de teatro de Sidney de la que también surgieron algunos de sus colegas más reconocidos internacionalmente como Cate Blanchett, Toni Collette y Jeffrey Rush, entre otros.
Al mismo tiempo que consiguió sus primeros trabajos sobre el escenario, el actor también aparecía en papeles menores en ciclos de TV del montón que derivaron en sus primeras apariciones en cine: fue el coprotagonista de Russell Crowe en el celebrado film La prueba (1991), y formó parte del fenómeno creado por la película Las aventuras de Priscilla, reina del desierto (1994), en la que integraba junto a Terence Stamp y Guy Pearce el trío de transformistas en el centro del relato. Ese proyecto no solo impulsó su carrera en Australia sino que también le brindó una exposición que superó las fronteras del cine independiente de su país de adopción. Hace más de 27 años emprendió el trayecto que lo llevó desde Mitzi, su personaje en Priscilla, al agente Smith que encarnó en las primeras tres entregas de Matrix, las películas que lo volvieron reconocible alrededor del mundo.

Al momento de dirigir la exitosa saga de ciencia ficción las hermanas Wachowski trabajaban en el ámbito del cine independiente norteamericano, un terreno que las inspiró a convocar al talentoso Weaving para interpretar a la contrafigura de Neo, su héroe, en la pantalla. Fue recién gracias al éxito del primer largometraje que tanto las realizadoras como su elenco comenzaron a llamar la atención de los grandes estudios de Hollywood.
En el caso del actor australiano ese interés se tradujo en un papel en la adaptación de El señor de los anillos, de J. R.R. Tolkien, que estaba preparando Peter Jackson en Nueva Zelandia con el auspicio de Warner. Allí, su Elrond compartía escenas con la Galadriel de Cate Blanchett, con quien volvería a trabajar en las siguientes películas de la saga de fantasía además de en el film australiano independiente Little Fish, que el actor señaló en más de una ocasión como uno de sus preferidos.

Entre los compromisos asumidos con Jackson y las Wachowski con quienes trabajó también en V de venganza y Cloud Atlas: La red invisible, Weaving pasó mucho tiempo trabajando en Hollywood. Por un período su presencia en un proyecto parecía ser una suerte de amuleto para lograr el éxito en la taquilla global. Por esa época fue el villano de historieta en la producción de Marvel Capitán América: el primer vengador y aportó su voz a grandes sucesos de público como las infantiles Babe: el chanchito valiente, Happy Feet y la juvenil saga Transformers.
Sin haberse instalado del todo en Los Ángeles, luego de esa seguidilla que lo mantuvo ocupado entre Hollywood y el cine australiano por más de 15 años, Weaving decidió volver al teatro y la televisión de su país: se desvinculó de los futuros proyectos de Marvel y cerró su etapa de trabajo con Jackson. De hecho, cuando Prime Video lanzó la primera temporada de El señor de los anillos: los anillos del poder, el actor fue terminante: tras haber hecho seis films en el universo de Tolkien, no estaba para nada interesado en volver a actuar en la saga de fantasía.
“Me harté de los blockbusters. Me divirtió mucho hacer Matrix pero ya no estaba seguro de querer seguir involucrado en proyectos así. Y después de aparecer en la película de Marvel me di cuenta de que gran parte del público piensa que eso es lo que hago cuando en realidad prefiero estar filmando una pequeña historia con un buen guion en medio del desierto australiano”, explicaba el actor hace pocos años sobre el nuevo rumbo de su carrera que lo llevó de regreso a las historias creadas en su país de adopción y eventualmente a convertirse, cejas expresivas y todo, en el bueno de la historia en El capellán del aeropuerto.
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