Netflix: en Dirty John, un misterio con poco que dilucidar
Dirty John (Estados Unidos, 2019). Creadora: Alexandra Cunningham. Elenco: Connie Britton, Eric Bana, Juno Temple, Julia Garner, Jean Smart, Keiko Agena, Jeff Perry. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: regular.
A Dirty John le pasa lo que suele sucederle a varias ficciones que abordan temas complejos de la agenda pública y deciden digerirlos para el paladar de sus audiencias: lo que antes tenía misterios y opacidades se convierte en un espectáculo plano y de una única pieza. Basada en una serie de artículos de Los Angeles Times, luego devenidos en podcasts, la historia de Dirty John es la de Debra Newell (Connie Britton), una exitosa diseñadora de interiores de California, cuya vida se convierte en un infierno cuando conoce al anestesiólogo John Meehan (Eric Bana) en un sitio de citas on line. Que la serie creada por Alexandra Cunningham haya evitado definir la mirada de Debra como origen del relato desnuda un primer problema: el grotesco choque entre un John que para Debra resulta seductor y bienintencionado y para el espectador, la progresiva caricatura de un villano.
Hay algo que la serie nunca decide y es si quiere acercarse a las complejas raíces de la violencia de género o si quiere convertir el calvario de su protagonista en un mero espectáculo. En esa confusión el personaje que más sufre es el de Debra, que resulta anodino y deshilachado, construido a partir de vagas pinceladas de inocencia y frivolidad con las que Britton no tiene mucho que hacer. Todos a su alrededor resultan más sólidos, sobre todo su hija Veronica (demostrando lo desaprovechada que está Juno Temple como actriz), figura compleja y contradictoria, que por momentos advierte a su madre el peligro y en otros parece tan vampiro de su bondad como el oscuro John.
La estrategia de Cunningham de alternar las mieles del romance entre Debra y John con eventos del pasado, de una y otra historia, fuerza al límite una causalidad que se torna banal y algo peligrosa. Sobre todo el encadenamiento de la trágica historia de la hermana de Debra, el pietismo de su madre y su propia inestabilidad amorosa se convierte en un atajo que anula las decisiones y voluntades del personaje bajo el peso de la imposición del guion.
La serie funciona cuando se concentra en el errático comportamiento de John y en los contradictorios sentimientos de quienes pasaron por su vida, cuando elige dar aire a sus ambigüedades en lugar de impulsar ideas predigeridas. En los últimos episodios, cuando el rumbo del conflicto parece definido, cuando no hay que machacar en la riqueza y credulidad de Debra, es cuando algunas situaciones se salvan pese a ese aire de telefilm con moraleja que termina definiendo el tono.
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