Shirkers: un film perdido, una historia recobrada
Shirkers (Estados Unidos-Singapur/2018) / Guión y dirección: Sandi Tan / Duración: 96 minutos / Disponible en: Netflix / Nuestra opinión: muy buena
A principios de la década del 90, tres adolescentes, Sandi, Sophie y Jasmine, rodaron bajo las órdenes de quien por entonces era su profesor de cine, Georges Cardona, una película titulada Shirkers, que narraba –con estructura y estética de road movie– las aventuras de una heroína vengadora de apenas 16 años. Toda una audacia artística y económica en un país dominado por la censura y casi sin producción audiovisual. Cuando las jóvenes finalizaron la sufrida filmación regresaron a sus hogares (se habían radicado en Londres, Los Ángeles y Nueva York) a la espera de que Cardona se ocupara de la edición. Pero el director desapareció con las latas de material fílmico y no se supo nada de él durante mucho tiempo.
En su debut en el largometraje, Sandi Tan –guionista y protagonista de aquel proyecto inconcluso ocurrido 25 años antes– reconstruyó la historia personal, la de sus amigas, la de su relación con Cardona (un hombre seductor, misterioso y manipulador que la doblaba en edad) y, sobre todo, la de aquel mítico rodaje y el incierto destino de las imágenes rodadas en las calles y rutas de la isla. Shirkers: La película perdida, que le valió a Tan nada menos que el premio a la mejor dirección del último Festival de Sundance, es un film de múltiples capas, alcances y derivaciones, un viaje pendular del presente al pasado, y viceversa, un rompecabezas fascinante en el que cada pieza que se encuentra amplía y resignifica todo lo conocido hasta ese momento.
Es un retrato íntimo, generacional (sobre la cinefilia de los 90 con referencias a Jarmusch, Soderbergh, Lynch, Wenders, los Coen, Herzog, Bergman y la nouvelle vague; sobre melómanas que adoraban a Patti Smith y Velvet Underground; sobre lectoras que reverenciaban a Salinger y Brecht), una historia de cine dentro del cine, una reflexión sobre el paso del tiempo, sobre los recuerdos, sobre el idealismo adolescente y las frustraciones de la adultez, sobre la conservación de las imágenes y muchas otras cuestiones.
Tan apela a la melancolía y la emoción, pero no se queda en el lamento o en la mera experiencia catártica luego de tanto dolor acumulado, sino que opta por elaborar un complejo y delicioso collage lleno de elementos de muy diversos orígenes y estéticas que derivan en un patchwork subyugante que sintoniza tanto con el carácter detectivesco como con el espíritu artesanal del relato. Una auténtica rareza y sorpresa de esas que aparecen muy de vez en cuando en el frondoso catálogo de Netflix.
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