Streaming: una mirada satírica a la corrupción en el mundo del fútbol

Andrés Parra interpreta al dirigente chileno Sergio Jadue, "el Julio Grondona trasandino"
Andrés Parra interpreta al dirigente chileno Sergio Jadue, "el Julio Grondona trasandino"
Marcelo Stiletano
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5 de junio de 2020  • 00:05

El presidente (EE. UU.-Argentina-Chile/2020). Showrunner: Armando Bo. Elenco: Andrés Parra, Paulina Gaitán, Karla Souza, Luis Margani, Luis Gnecco, Alberto Ajaka, Jean Pierre Noher. Disponible en Amazon Prime Video. Calificación: buena.

Hay muchas expectativas puestas en El presidente. Por las características de su producción (hay aportes argentinos, chilenos y estadounidenses para un rodaje que pasó por Buenos Aires, Santiago, Miami y Brasil), por el respaldo de un gigante como Amazon y por las características del tema elegido: el llamado FIFAGate, un monumental escándalo de corrupción, sobornos y lavado de dinero destapado hace cinco años por la justicia norteamericana, pendiente de definiciones y con varios argentinos involucrados.

La mayor atención del espectador local va a estar puesta seguramente en la figura de Julio Grondona, el histórico mandamás del fútbol argentino, cuya muerte en 2014 evitó que su nombre fuese incluido entre los investigados por las denuncias. En esta historia que mezcla realidad y ficción, la mayoría de los dirigentes más poderosos del fútbol latinoamericano son identificados con sus nombres y sus apellidos reales poco menos que como corruptos sin remedio.

Pero con Grondona hay un matiz: su aval a todas esas maniobras resulta indiscutible. Pero detrás de esa conducta aparece el retrato diferenciado de un hombre que parece haber entendido que para dirigir el fútbol mundial hay que ser más pillo, más pícaro y más rápido que el resto. No parece haber disfrute del dinero y de los lujos derivados de acciones venales por parte de Grondona, sí de su tolerancia a partir del poder entendido como un atributo de la viveza criolla.

El lugar de Grondona, retratado aquí como una especie de Don Corleone de la picaresca argentina, es clave. Muy temprano se convierte en el narrador de la historia. Pero lo hace cuando ya no está en este mundo. Lo que el expresidente de la AFA cuenta en la aporteñada y sentenciosa voz de Luis Margani ocurre luego de su fallecimiento. Margani hace algo notable. Nunca deja de personificarlo, jamás intenta una imitación. Pero es imposible para el espectador iniciado en estos temas no reconocer en él los rasgos básicos y característicos de "Don Julio".

Luis Margani en la piel de Julio Grondona
Luis Margani en la piel de Julio Grondona

De esta elección se desprende un dato clave. El presidente es ante todo una sátira. Una burla con algo de crítica política y bastante de observación social sobre el ejercicio del poder con impunidad casi completa desde un sector que adquiere privilegios extraordinarios gracias al fútbol entendido como negocio. Es aquí donde aparece lo más interesante de la serie: la transformación de Sergio Jadue, algo así como un "Grondona chileno", en parte de esa maquinaria. Como en las obras anteriores de Armando Bo, Jadue encarna a un personaje que aspira a llegar mucho más lejos de lo que puede, hasta que esa ambición lo coloca en un punto en el que necesita volver atrás para no destruirse del todo.

El rostro inexpresivo y la actitud escurridiza del excelente Andrés Parra expresan todo el tiempo esa tensión. En las dudas constantes del personaje y sus actitudes de entrada y salida de un mundo casi surrealista está lo mejor de una serie que no logra sostener en todos sus abordajes el mismo equilibrio. Hay interés por seguir al Jadue de Parra y por conocer más el costado ambicioso de su esposa, interpretada por Paulina Gaitán. Pero no ocurre lo mismo cuando el centro de la escena es ocupado por Rosario (la mexicana Karla Souza), el único ficticio de todos los personajes centrales, una agente del FBI que investiga a los dirigentes y convence a Jadue para que colabore con ella. Las penurias personales de Rosario y sus conflictos dentro de la fuerza tienen escaso espesor y caen en más de un clisé. El presidente funciona, en cambio, cuando observa en un personaje como Jadue cuán peculiar puede resultar en esta parte del mundo el acceso al poder y su ejercicio por medios deshonestos.

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