
Westworld cumplió su promesa: "Estos placeres violentos tienen finales violentos"
La serie de HBO se despidió hasta 2018 develando algunos misterios predecibles (como la identidad del Hombre de Negro) pero proponiendo otros mayores de cara al futuro; ATENCIÓN ¡HAY SPOILERS!
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"Estos placeres violentos tienen finales violentos". La cita de Romeo y Julieta recorrió todo el arco narrativo de Westworld –la serie de HBO que culminó su primera temporada anoche– hasta comenzar a demostrar en qué puede consistir el cumplimiento específico de esa profecía, repetida una y otra vez por el doctor Robert Ford (Anthony Hopkins) y su asistente Bernard (Jeffrey Wright). Por supuesto, hay spoilers para quienes no hayan visto aún "The Bicameral Mind", el episodio final de esta primera temporada, de 90 minutos de duración.
Como muchos espectadores habían predicho al comienzo de la ficción, el enfrentamiento –o showdown, si seguimos el registro de este western existencialista– entre el Hombre de Negro (Ed Harris) y Dolores (Evan Rachel Wood) terminó por clarificar la identidad del primero y el propósito de la segunda a través de la figura del muy discutido laberinto.
Efectivamente, el laberinto es real, pero sólo para los anfitriones robots: no es un lugar específico sino un juego diseñado por Arnold, su creador, para ayudarlos a alcanzar la conciencia a través del sufrimiento, un viaje al interior de su psique impulsado por el "dolor que provoca descubrir que el mundo no es como queremos que sea". De ahí que la cíclica victimización de Dolores y la muerte de la hija de Maeve (Thandie Newton), así como la enfermedad del hijo de Bernard cumplían el mismo propósito: impulsar a los tres androides en su camino hacia su doloroso despertar.

Dolores –descubrimos a través de Bernard– alcanzó la conciencia por primera vez antes de que abriera el parque, por lo que su creador intentó primero convencer a su socio de que era aberrante esclavizar a seres vivos para diversión de los humanos pero, al fracasar, decidió inmolarse junto a sus criaturas (obligando a Dolores a asesinarlo luego de matar al pobre Teddy y al resto de los robots) para evitar que Westworld funcionase.
Pero Ford quedó vivo tras la masacre y encontró en William un financista lo suficientemente obsesionado con la violencia y el estilo de vida que ofrecía –y dolido por la desaparición de su amante– como para solventar la reconstrucción del parque y la recreación de todos sus habitantes robóticos, incluyendo a una Dolores devuelta a sus "seteos de fábrica".
Treinta y cinco años después, la "nueva narración" de Ford (titulada ominosamente "Viaje hacia la noche") permitirá rectificar su error, proveyendo a los anfitriones de la revolución que les hará tomar el control del mundo en el que viven. La revuelta da comienzo con la anfitriona más antigua del parque, la matriarca, asesinado a su creador frente a todos los accionistas de Delos, reunidos en lo que será una sangrienta cena de gala. Esta nueva historia, aparentemente, será la que narrará la segunda temporada de la serie, con Dolores revelada como Wyatt, profetisa/villana/liberadora de sus congéneres.
El Hombre de Negro, si bien herido físicamente (Dolores le rompe un brazo y recibe un balazo del ejército de robots liberados de las cámaras frigoríficas, ahora capaces de lastimar a los humanos) parece sonreír ante el cambio de reglas del juego, ante la posibilidad de morir en Westworld como la verdad que buscó erróneamente en el laberinto.

Maeve (la excelente Thandie Newton), la otra anfitriona que desarrolló la conciencia junto con Dolores y Bernard, ejecuta a la perfección su plan para escapar del parque junto a su ejército de dos, Hector (Bruno Santoro) y Armistice (Ingrid Bolso Berdal). La revelación de Bernard de que su deseo de huir de Westworld no es una muestra de su libre albedrío sino apenas una necesidad dramática de la nueva narrativa de Ford hace posible un nuevo desarrollo en su independencia: sentada en el tren que la llevará al "mundo de los dioses", como llama a los humanos, decide volver a buscar a aquella chica que creía su hija.
Sabemos que la nena está viva (¿o "viva"?) en un parque distinto, nomenclado como "1" por su amigo Felix (descubrimos la existencia de un "Samurai World" durante su huida, por lo que no es imposible que, así como mostraba la secuela Futureworld, haya además un mundo medieval y otro romano) ¿La decisión de Maeve de no escapar sí es suya o se trata de otra alteración de último momento de Ford? Habrá que esperar una buena cantidad de meses para que comencemos a descubrir la respuesta.
Entre las dudas que no fueron respondidas por este final de temporada están varios temas candentes, como el destino de Elsie (Sharon Woodward), Charlotte Hale (Tessa Thompson) y de Logan (Ben Barnes); la ubicación geográfica de Westworld (¿está en una Marte terraformada, como piensan muchos?) y la verdadera naturaleza de los planes de la corporación Delos, que aparentemente ya logró, gracias a las maquinaciones de Hale, sacar del parque la tecnología que hace posible a estos androides.
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