
Shohei Imamura, un maestro recuperado
Novedad: tras el éxito de "La anguila" y de la reciente retrospectiva de su obra, llega "Kanzo Senseï", el más reciente film del veterano director japonés.
1 minuto de lectura'
Hasta hace pocos meses el cine japonés estaba prácticamente vedado en las pantallas argentinas, con las únicas excepciones de las películas del gran Akira Kurosawa y de alguna producción de acción o animación destinada al público juvenil.
Pero, gracias a la saludable apertura que se experimentó en los dos últimos años, comenzaron a llegar distintas producciones niponas. A los recientes pequeños éxitos de "Flores de fuego", de Takeshi Kitano; "After Life-La vida después de la muerte", de Hirokazu Kore-Eda, y "¿Bailamos?", de Masayuki Suo, se sumó la reaparición de uno de los grandes cineastas japoneses de todos los tiempos: Shohei Imamura.
Con el lanzamiento, el año pasado, de "La anguila", el exitoso ciclo retrospectivo de su filmografía realizado a fines de agosto último en la Sala Leopoldo Lugones (para el que se vendieron 5960 entradas) y el estreno, previsto para mañana, de "Kanzo Senseï (Dr. Akagi)", Imamura se convirtió inesperadamente en uno de los cineastas asiáticos cuya mejor obra se ha recuperado en la Argentina.
Testamento fílmico
Este prestigioso realizador de 73 años -uno de los pocos que obtuvo dos veces la Palma de Oro en el Festival de Cannes por "La balada de Narayama" (1983) y por la ya citada "La anguila" (1997)- aseguró que "Kanzo Senseï" es su último trabajo en la dirección cinematográfica.
Para este ¿adiós? artístico, Imamura eligió narrar la odisea de un médico de pueblo que, en plena Segunda Guerra Mundial, dedicó su vida a investigar la hepatitis, a luchar contra la burocracia militar imperante y a tratar a los cientos de afectados por la epidemia. Pero lo notable de "Kanzo Senseï" -adaptación de la popular novela "Doctor Hígado", de Ango Sakaguchi- no es sólo la ductilidad y precisión con que describe el obsesivo y desgarrador trabajo de este héroe anónimo (Imamura es hijo de un doctor), sino la sensibilidad, el desenfado y el humor con que muestra la cotidianidad del protagonista y de su querible corte de seguidores: una joven prostituta que se convierte en su ayudante, un colega heroinómano, un soldado holandés prófugo y un monje decididamente poco convencional.
Tras verdaderos clásicos como "Deseo infinito", "La mujer insecto", "Cerdos y acorazados", "El pornógrafo" y "Lluvia negra", Imamura llegó a "Kanzo Senseï", una de las obras más amables, emotivas y optimistas de su carrera, a pesar incluso del trasfondo -tan habitual en su filmografía- de la guerra y del holocausto nuclear de Hiroshima y Nagasaki. Lo que se dice, una despedida a lo grande.




