
"Siempre vivimos al límite"
Anthony Kiedis: la voz de los Red Hot Chili Peppers dialogó en forma exclusiva con La Nación luego de sus shows en Buenos Aires.
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La historia de los Red Hot Chili Peppers está repleta de anécdotas y tragedias, en las que las culpas se reparten entre el destino y los propios músicos en un cincuenta y cincuenta. De allí es que el relato de sus vidas se transformó en uno de los más interesantes de la escena rockera y, más allá de sus excelentes condiciones musicales, el disparador por el que se ganaron adjetivos como salvajes, sexistas, suicidas, divertidos y únicos.
Desde mediados de los 80, cuando irrumpieron en la escena californiana, los Peppers debieron sortear todo tipo de obstáculos. Sus adicciones al alcohol y las drogas; la muerte del primer guitarrista e íntimo amigo de Kiedis y Flea, Hillel Slovak; la deserción del virtuoso guitarrista John Frusciante en medio de su gira más exitosa, en 1992; peleas internas; varios accidentes graves, y, por lo tanto, la sombra de la disolución persiguiendo permanentemente al grupo.
Pero, por suerte, todo quedó en las páginas del pasado y, una vez más, los Peppers resurgieron como el ave Fénix. Kiedis abandonó las drogas y Frusciante, el hijo pródigo del grupo, está de regreso. Y eso se nota.
Anthony Kiedis habló en exclusiva con La Nación acerca del regreso de Frusciante, de cómo es vivir al límite, de la vida y de la muerte. Aquí, el pensamiento de una de las cuatro cabezas que motorizan a la banda que, junto al Nirvana de Kurt Cobain, más influyó en la música de la última década.
"John (Frusciante) es una influencia hermosa -señala Kiedis sobre la vuelta del guitarrista-, un componente químico-espiritual que, si uno se lo agrega a nuestro tubo de ensayo, produce una acción increíblemente creativa. Cuando él se dedica a algo, es su existencia completa la que da vuelta, tocando la guitarra, grabando, escribiendo canciones y exhalando toda esa energía en la atmósfera que hay a su alrededor.
-¿Creés que son una banda que vive constantemente al límite?
-A veces, sí. Creo que esto se manifiesta en ritmos y ciclos. A veces definitivamente empujándonos contra el borde y desapareciendo justo allí mismo. Y otras veces regresando. Hay períodos donde somos tranquilos y pacíficos, y después de un rato alguien se queda enganchado en el borde otra vez. Afortunadamente podemos seguir dando vueltas un poco más porque tengo el sentimiento de que, con John en la banda, hay un montón de canciones que podemos escribir y hacer un montón de grabaciones más. Ahora somos nosotros los que lo seguimos a él hasta el borde.
-Hace unos días, en una entrevista, Frusciante aseguró no tener miedo a morir. ¿Tenés la misma relación con la muerte?
-Yo sí le tengo miedo a la muerte, no estoy listo para morir. Amo levantarme a la mañana, tomarme un café, mirar por la ventana de mi casa y comprobar que el cielo sigue allí arriba. Le temo a la muerte y eso es lo que me mantiene vivo.
Los Peppers están de regreso y en su mejor forma. Como en los viejos tiempos. Por eso, Kiedis no encuentra diferencias entre su actual momento y diez años atrás: "De algún modo esto se convirtió en un círculo completo. Diez años atrás estaba tocando música con John, Flea y Chad, y ahora también. Diez años atrás mi mente estaba fuera de control y ahora también. Quizá nada haya cambiado, o quizá la respuesta sea demasiado existencial para una mañana como ésta".
Sólo queda tiempo para una pregunta más. ¿Podría Kiedis, definir con una sola palabra a California, ese pintoresco lugar que a lo largo de sus 36 años lo golpeó y lo premió por partes iguales y al que tanto ama y odia al mismo tiempo? "Ardiente. Definitivamente creo que la palabra sería ardiente". Como la historia de su vida y la de su banda. No es casualidad.
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