Desafiante y misteriosa: Silvia Montanari, una de las figuras favoritas de la televisión

La actriz Silvia Montanari
La actriz Silvia Montanari Crédito: Diego Spivacow/AFV
Marcelo Stiletano
(0)
26 de octubre de 2019  • 10:03

Silvia Montanari debe haber sentido en el final de su vida que cumplió con creces todo lo que se propuso a lo largo de su larga y fecunda carrera de actriz. El público que la convirtió en una de las figuras favoritas de la televisión durante sus mejores años (entre las décadas del 70 y del 90) nunca la olvidó. Y entre sus pares, un mundo en el que siempre Montanari dio y recibió afecto constante, quedará el recuerdo de una estrella que pasó por todos los estados de ánimo imaginables en el mundo de la ficción.

"Fui una de las actrices que con mayor continuidad trabajaba. Tenía la posibilidad maravillosa y la suerte de que me convocaran para hacer comedia, drama, la rica, la pobre, la mala, la buena.", dijo hace poco tiempo, cuando le tocó en Villa Carlos Paz recibir los últimos grandes aplausos de su carrera, en la temporada teatral de 2017, gracias a un papel de "viejita pícara" en la comedia Los Corrupteli, de José María Muscari. En ese tiempo también disfrutaba de las giras en compañía de Nora Cárpena, Zulma Faiad y Mercedes Carreras, con un proyecto teatral que se puso en marcha en 2014, con dirección de Roberto Antier.

Silvia Montanari analizó su carrera. Fuente: El Nueve

10:13
Video

Montanari falleció después de una breve lucha contra el cáncer en un sanatorio de la capital federal, a los 76 años. Deja atrás una extensa carrera artística de más de cinco décadas con especial lucimiento en la televisión. Con el recorrido exhaustivo por su trayectoria casi es posible armar un mapa histórico de algunos de los hitos más destacados de la ficción en la pantalla chica local. Brilló sobre todo en el mundo de las telenovelas clásicas y las adaptaciones de obras teatrales. Pero, ya en la madurez, encontró también un espacio de reconocimiento y éxito a través de la comedia. En papeles tan celebrados como los de Los otros y nosotros y Son de Diez encontró otra faceta para destacarse.

También alcanzó el raro privilegio de sentir que su personaje de ficción podía mimetizarse con la realidad. Ocurrió en 1996, cuando tuvo que instalarse un buen tiempo en San Martín de los Andes para personificar en Alén, luz de luna, a Fanny, una villana con ínfulas políticas. Hasta la intendenta de la ciudad en ese momento, Luz Sapag, hablaba de Montanari con su nombre de fantasía y decía, como muchos de sus vecinos, que Fanny era "parte de la comunidad". Así la trataban cada vez que fuera de ese papel hacía las compras en el supermercado.

Silvia Montanari en una escena de la película "Proceso a la infamia"
Silvia Montanari en una escena de la película "Proceso a la infamia"

Había nacido como Silvia Dina Montanari el 14 de enero de 1943 y se crió en Quilmes. Allí, en el Teatro Infantil Alfonsina Storni, se reveló su vocación artística. Encontró nada menos que en Narciso Ibáñez Menta a su primer padrino artístico. Estuvo por primera vez ante una cámara en el programa Lux busca a una estrella (donde recitó una poesía) y vivió su debut teatral con la mexicana Dolores del Río, que llegó a Buenos Aires para encabezar una puesta de El abanico de Lady Windermere, de Oscar Wilde.

Sabía aprovechar con naturalidad las facciones de su fino rostro y con el tiempo también comenzó a sacar ventaja de otra condición innata, la de saber seducir con su cuerpo, la manera que tenía de sonreír y una voz siempre insinuante. A principios de la década del 60 llegó a la televisión y desde ese momento no paró de trabajar. Lo hizo con programas que llevaban el teatro a la TV, algunas comedias disparatadas y teleteatros, de los que fue figura habitual. Le tocó enamorar a Juan Carlos Dual ( Me llamo Julián te quiero), Víctor Hugo Vieyra ( El hombre que me negaron, La sombra), Rodolfo Salerno ( Teatro del aire), Juan Vitali ( La búsqueda), Germán Kraus ( Cuando es mentira el amor) y varios más.

Hasta que llegó en 1986 Querido salvaje. La pasión que compartían en esa novela la madura Montanari y el joven Darío Grandinetti (16 años menor que ella) se trasladó a la vida real. "La opinión pública no me lo perdonó, pero fue hermoso", recordó Montanari a LA NACION en febrero de 2019 en una reveladora y extensa charla con Pablo Mascareño.

"Fueron años maravillosos, tanto que hasta nos fuimos a vivir a mi casa y después hubiésemos vivido en su casa si yo hubiese tenido una apertura mental de verdad", agregó. Afectada por algunos comentarios insidiosos y el rechazo de sus padres, que dejaron de hablarle, el vínculo entre ambos se fue diluyendo. "Era un amor puro y hubiéramos estado muchos más años juntos", reconoció con un dejo de arrepentimiento por el modo en que se frustró ese proyecto. En el romance con Grandinetti, Montanari invirtió los términos de la relación de pareja. Años atrás, muy joven, había sido pareja del autor Abel Santa Cruz, bastante mayor que ella.

Entre fines de los 80 y comienzos de los 90 asomó la veta más cercana a la comedia de una actriz que parecía ajena a ese mundo. En ese terreno disfrutó de los dos últimos grandes papeles protagónicos de su larga carrera. En Los otros y nosotros interpretó a una psicóloga de espíritu abierto, separada y con tres hijos adolescentes, que empezaba un vínculo de pareja lleno de peripecias con Rodolfo Bebán, que llegaba también varios hijos a cuestas y un temperamento machista. Y en Son de Diez cosechó muchísimos elogios como la madre de familia (y esposa del personaje encarnado por Claudio García Satur) que llevaba adelante una comedia familiar con temas atípicos para ese tipo de propuestas. Allí se hablaba de temas como violencia de género, sida, aborto y homosexualidad.

La actriz murió a los 76 años
La actriz murió a los 76 años Crédito: Diego Spivacow/AFV

Montanari siempre exhibió una actitud desafiante. Además de animarse en tiempos incómodos a sostener un romance con un colega muchos años más joven, también se sometió a tratamientos estéticos que, según admitió en la conversación con LA NACION de febrero pasado, le dieron bastantes disgustos. "Me hice un lifting total a los 39 años. ¡Para qué, si estaba divina! Jamás oculté todos los retoques que me hice, pero aquello fue muy exagerado. Me cambiaron las facciones, no me lo tendría que haber hecho. No me puso fea, pero me cambio", admitió. Otro gesto de arrepentimiento, seguramente tardío.

De la mano de estas autorreflexiones, Montanari contó que de a poco fue acercándose a la espiritualidad. Y reconoció que su creciente fe en Dios resultó paralela a su disposición a permanecer sola, sin búsqueda de pareja. Lejos de las pasiones que despertaba desde la pantalla. "Hace 20 años que Él es todo. Nunca más miré a un hombre. No lo digo mucho porque hay gente que se puede reír. No es para todo el mundo, pero confío en Dios, es suficiente", decía sin ocultar la edad, como siempre hizo. Acababa de cumplir los 76 años.

Confesó también que esa disposición de ánimo (que también se manifestaba en la veneración de la actriz hacia el culto de la Pachamama) la ayudó a sobrellevar el dolor de la pérdida de su única hermana, Marilyn. Comenzó a apoyarse cada vez más en el vínculo con su único hijo, el actor y cantante Rodrigo Aragón, que reside actualmente en Miami, donde lleva adelante una exitosa carrera artística. En ese tramo de madurez, Montanari alternó su vida entre Buenos Aires y la ciudad estadounidense, donde permanecía largas semanas junto a su hijo. Regresaba cada vez que surgía en la Capital Federal algún nuevo proyecto artístico.

El camino inverso le tocó hacer a Aragón cuando su madre experimentó los primeros síntomas de la enfermedad que terminó derrotándola. El afecto familiar y de sus colegas mitigó los dolores físicos y afectivos de largas internaciones.

Antes de afrontar ese trance, había reconocido a LA NACION que tuvo una existencia feliz y no le quedaron cuentas pendientes. "La vida me ayudó. No tenía que hacer demasiado trabajo, simplemente mirar", admitió. Y hasta el final mantuvo un perfil bajo que todos le reconocieron y valoraron. Nunca escondió nada, pero se las ingenió para que todos creyeran que su vida encerraba muchos enigmas. Hay una confesión más de Silvia Montanari para corroborarlo: "Alguna vez un galanazo me dijo: ¿Sabés qué me enamora de vos? Tu misterio".

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.