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Entrevistas

Silvia Montanari: "La muerte de mi hermana fue muy dura y terrible"

Pablo Mascareño
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28 de febrero de 2019  • 00:15

Se sorprende ante el pedido de la entrevista. "Pensé: '¿Por qué me llama? ¿De qué quiere que hable? ¿Me querrá agredir?' Todo eso pensé. Además, de política no hablo", se sincera Silvia Montanari al abrir la puerta de su confortable dúplex a pocos metros del Parque Saavedra. Le genera curiosidad que su nombre despierte interés. "Soy consciente de mi trayectoria. Agradezco los personajes hermosos que tuve la posibilidad de interpretar desde mis quince años. ¡Qué suerte!".

-Debutaste en la década del ´60, cambió mucho el medio en todo este tiempo.

-Yo he cambiado. En cuanto al medio, hoy los actores exigen más por sus derechos y me parece bien. Fijate que nosotros ni siquiera tenemos jubilación, nunca supimos defendernos. Te jubilás con la mínima de Pami, pero no como actor.

-Y la pasión de los chicos jóvenes, ¿es la misma que tenía tu generación?

-Falta un poco de aquella pasión. Nosotros entrábamos a grabar y no estábamos calculando a qué hora terminábamos. Podíamos pasarnos toda la noche dentro de un estudio.

-¿Tu entusiasmo se mantiene intacto?

-Sigo teniendo la misma pasión.

-¿Qué pasa cuándo el teléfono no suena y escasean las convocatorias laborales?

-Da mucha pena.

-El medio no se caracteriza por la buena memoria, no siempre es justo.

-Sí, pero, por otra parte, ¿por qué me tienen que conocer? De los productores jóvenes, ¿quién me va a llamar? Además, ya estoy grande, no es como antes que hacía de la buena, de la mala, de la rica, de la pobre y hasta de hombre.

A pesar de las omisiones en las que suele incurrir el medio, Montanari no ha dejado de trabajar. En los últimos años, protagonizó, en teatro, la comedia Mujeres de Ceniza. ¿El futuro? Intenso. De su propia factoría, esté preparando un unipersonal sobre su vida que escribe la prolífica dramaturga Marisé Monteiro y con el que piensa recorrer el país. Además, en marzo, filmará un piloto para Netflix, hay una pieza teatral que produciría Javier Faroni y que la contaría en su elenco y un proyecto de televisión para el que fue convocada y guarda bajo siete llaves. A veces, los olvidos dejan paso a las justezas y el medio se acuerda de artistas como ella que tanto dieron y tienen para dar.

Entre las ausencias y la fe

Montanari vive entre Buenos Aires y Miami, donde reside su hijo
Montanari vive entre Buenos Aires y Miami, donde reside su hijo Crédito: Diego Spivacow/AFV

Montanari vive sola en su coqueta casa con un jardín lleno de especias, rosales y limoneros. Un oasis en la gran ciudad. En el primer piso, una colección de vestidos que envidiaría el mejor diseñador y un camarín que pocos teatros pueden darse el lujo de tener. Ese es su refugio cuando permanece en Buenos Aires. Aunque buena parte del año la encuentra en Miami, ciudad en la que vive su único hijo, Rodrigo Aragón: "Es un ser maravillo, de buena madera. Mi razón en el mundo. Ya grabó cuatro telenovelas para México y canta en Miami. Se jugó y le fue bien. Se fue con una mano atrás y otra adelante, sin una carta de presentación y dejando lujos y una vida cómoda".

Ese vergel que la actriz tiene en su casa oficia de escenario para ese reconocimiento cotidiano que incorporó hace un tiempo: "Le agradezco mucho a la Pachamama. Hace 40 años conocí a una boliviana de toldería, una mujer hermosa que cuida mi casa, a mi perro. Ella me hablaba siempre de la Pachamama y me inculcó la devoción. No salgo sin agradecerle".

-Y con Dios, ¿cómo te llevás?

-Creo mucho en Dios.

-¿Esa fe te ayuda a superar dolores como el fallecimiento de tu hermana?

-Mucho. Hace dos años perdí a Marilyn, pero sé que está bien. Sé que me cuida y se pone feliz cuando el teléfono suena y hay proyectos como sucede en estos días.

-Su muerte fue prematura y repentina.

-Estaba conmigo en casa y muy bien. Al otro día se fue a Panamá, donde vivió toda su vida. Al día siguiente de viajar me llamó para comentarme que tenía cuarenta grados de fiebre. A los dos meses y medio se murió por algo que afectó el líquido raquídeo. Fue muy duro, terrible y lo sigue siendo. A veces pienso: "La tengo que ir a buscar a Ezeiza". Y la veo venir sonriente, con su cuerpo divino, elegante. Tenía una energía maravillosa. Era muy linda.

-¿Te permitíste el duelo?

-Sí, pero cambia la vida. Es distinto saber que ella no está en esta tierra, que no la voy a volver a abrazar, que no voy a sentir su perfume. Es muy difícil.

-Imagino que, para vos, la fe en Dios es un buen refugio para atravesar el dolor.

-Lo tengo a él, qué suerte que creo, estoy tan contenta. El es mi Señor, mi hombre. Hace ya casi veinte años que él es todo. Nunca más miré a un hombre. No lo digo mucho porque hay gente que se puede reír. No es para todo el mundo, pero confío en Dios, es suficiente.

-Y ese bello vínculo, ¿antes cómo era?

-Estaba, pero no era mi todo, como es ahora.

-Deslizaste un concepto interesante: no miraste más a un hombre a partir de tu gran fe en Dios.

-No fue solo por Dios. No fue un cambio de figuritas, surgió naturalmente. Tenía 55 años cuando inicié este camino.

-Esta suerte de revelación con mucho de epifanía, ¿sucedió por algún hecho puntual?

-No.

-En cierta forma la fe es tu sostén y hace a tu felicidad actual.

-Sí, pero también sé que si estuviese en pareja mi hijo estaría feliz. Recuerdo que era lindo. Estar en pareja con amor es lindo. Sin amor, no.

-¿Estuviste en pareja sin sentir amor por la otra persona?

-Sí, es bravo e inútil. Sin sentido.

El amor después de amar

"Hace ya casi veinte años que Dios es todo, nunca más miré a un hombre, pero no lo digo mucho porque hay gente que se puede reír"
"Hace ya casi veinte años que Dios es todo, nunca más miré a un hombre, pero no lo digo mucho porque hay gente que se puede reír" Crédito: Diego Spivacow/AFV

-¿Tenés vínculo con el padre de tu hijo?

-Me llevo muy bien. Y, cuando está Rodrigo acá, se queda a dormir con nosotros porque vive en Mendoza. Estuvimos 12 años juntos, fue muchísimo. A mí, el amor no me dura tantos años.

-¿Por qué?

-No sé transformarlo. Se termina la pasión y no puedo transformar los sentimientos. Es una pena.

-¿Es una virtud transformar el amor?

-Debe serlo. Si no se pudiese transformar el amor no existirían esas parejas mayores divinas que uno ve, por la calle, tomados de la mano.

-¿Sentís que tu relación con Darío Grandinetti hoy sería vista de otra manera y no con los ribetes de escándalo que tuvo en su momento?

-¡Jamás tuve un escándalo!

-Pero la opinión pública se escandalizó con aquello...

-A Susana Giménez, cuando salía con Ricardo Darín, se lo permitieron, porque ella es una comediante. Lo de Luisina Brando con Carlín Calvo tampoco fue un escándalo. A mí, que venía del drama, no me lo perdonaron. Pero fue tan hermoso...

Sobre su romance con Darío Grandinetti: La opinión pública no me lo perdonó, pero fue hermoso""

-En su momento, algunos sostenían que se ponía en juego tu prestigio.

-Eso era para algunos, para mí no, esto sucede desde que el hombre es hombre.

-Los paradigmas culturales se modifican, hoy no sorprendería un vínculo como el que tuviste con Grandinetti.

-Nos llevábamos 16 años de diferencia. Hoy, hay parejas que se llevan 30, lo mío no fue tan grave.

-¿Fueron lindos aquellos años?

-Maravillosos, tanto que hasta nos fuimos a vivir a mi casa y después hubiésemos vivido en su casa si yo hubiese tenido una apertura mental de verdad. Hubiéramos estado muchos más años juntos.

-¿Por qué no siguieron? ¿Qué sucedió?

-En esa época, mis padres no me hablaban y esa gente era importante para mí. Si bien dije que abandonaba todo por él, no pude. No pude en parámetros de educación. A mí me dolían las cosas que se decían.

Si bien dije que abandonaba todo por Grandinetti, no pude. A mí me dolían las cosas que se decían.

-Es lógico.

-Tendría que haberme reído y haber vivido mi amor.

-¿Te arrepentís?

-¡Pero claaaarooooo! Susana Giménez me decía: "Te jugaste, sé feliz".

-Para evitar los comentarios, ¿no pensaste en esconder ese amor?

-Lo que se esconde, se pudre, y este era un amor puro.

-Más allá de la fe en Dios y tu vocación hacia él, si apareciese hoy un señor que se fijase en vos, ¿te atreverías?

-Una nunca puede decir nunca más, yo vivo y hoy siento así, pero no te puedo decir qué sucedería el día de mañana, sería maravilloso. Y, si sucede, te llamo inmediatamente y te cuento.

-Te tomo la palabra, ¿y qué tendría que tener ese hombre?

-Debería admirarlo un poquito y tendría que hacerme reír. ¿Sabés qué me pasaba con Darío? Me reía tanto, tanto, con él, ahí aprendí que el humor es tan importante.

Aunque hace mucho dejó de pensar en el amor y se entregó a su fe en Dios, no descarta volver a enamorarse
Aunque hace mucho dejó de pensar en el amor y se entregó a su fe en Dios, no descarta volver a enamorarse Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Spivacow/AFV

-Tuviste una vida intensa. En materia de amor, ¿te diste todos los gustos?

-No me quedó nada en el tintero, ¡nada! La vida me ayudó, no tenía que hacer demasiado trabajo, simplemente mirar.

-Seducir no es trabajo para una mujer espléndida. ¿Hay algún secreto para compartir? ¿Cuál fue tu receta?

-Hay que quedarse tranquilito, relajadito y viene. Tuve una hermosa vida de amor.

-Sin embargo, poco se conoce de tu intimidad, más allá de tu pareja con Grandinetti y alguna otra...

-¿No está bien?

-Maravilloso, pero difícil de sostener cuando se tiene un trabajo público.

-Alguna vez, un galanazo me dijo: "¿Sabés qué me enamora de vos? Tu misterio, nunca se sabe nada de vos". Es que soy una persona de perfil muy bajo. Esto que estamos haciendo ahora me cuesta muchísimo.

-¿Hubo muchos amores dentro del mundo del espectáculo?

-¿Vos querés que te cuente lo que nunca conté en mi vida? También hubo hombres que no eran del ambiente.

-Siempre fuiste una mujer de vanguardia.

-Me gusta que me lo digas. Contame vos...

-Vos lo sabés, fuiste precursora y libre en el amor; y en otros aspectos también. Recuerdo cuando te atreviste a experimentar tratamientos estéticos, sin pudores y sin ocultarlos.

-Me hice todos los tratamientos que se te ocurran.

-Alguna vez diste que hablar con una intervención en tu rostro, en tiempos donde no eran tan habituales este tipo de procedimientos estéticos.

-Nunca lo oculté, pero fue demasiado exagerado. Carlín Calvo me decía: "Te dio el viejazo, Silvia". Me hice un lifting total a los 39 años. Para qué si estaba divina. De todos modos, jamás oculté todos los retoques que me hice, pero aquello fue muy exagerado. No lo necesitaba.

-¿Por qué lo hiciste?

-Me dio el viejazo, como decía Carlín. Me cambiaron las facciones, no me lo tendría que haber hecho. No me puso fea, pero me cambió.

-¿Sos de las que dicen la edad?

-76 años y estoy muy orgullosa, no tomo conciencia de la edad. Me parece imposible. Qué rápido pasó, pero estoy muy bien, con pasión.

Has recorrido un largo camino

Corrió mucha agua desde aquellas tardes en el Teatro Infantil Alfonsina Storni de Quilmes, donde descubrió la llama de la vocación. Pasaron ya varias décadas desde que enfrentó una cámara para recitar una poesía en el programa Lux busca una estrella y a partir del cual Narciso Ibáñez Menta posó su ojo avezado para incorporarla en sus filas. Tal fue el vínculo que el actor español, y tan argentino a la vez, se convirtió en su padrino artístico. Y ella en una de las figuritas del ciclo Obras Maestras del Terror, donde, en uno de sus episodios, debió meterse en un ataúd lleno de ratas.

En el arcón de los recuerdos emerge rápido aquel debut en El Nacional con Dolores del Río en El abanico de Lady Windermere, de Oscar Wilde. Con los años llegó una versión inolvidable de Panorama desde el puente, de Arthur Miller, junto a Alfredo Alcón en el Astral, trabajo por el que fue galardonada como mejor actriz. Y, desde siempre, decenas de títulos televisivos sembraron su carrera, esos que le dieron popularidad y arraigo en la gente: desde El Show de Antonio Prieto, donde cantaba tangos y boleros, hasta aquellas madres de Los otros y nosotros y Son de Diez. Las épocas de Goar Mestre en Canal 13 y la de Alejandro Romay en el 9 fueron maravillosas. "Alejandro Doria me llamaba para hacer Alta Comedia una vez por mes. Me hacía hacer las películas de Greta Garbo", recuerda.

Montanari tiene preparadas, para la producción fotográfica, unas cuantas capelinas al estilo Garbo. Supervisará cada detalle con ese ojo entrenado por el oficio. "Papi, aquella luz me gusta más", le dirá al fotógrafo con el que entablará un juego de seducción. El juego, en realidad, es entre ella y la lente. En realidad el juego es también con el fotógrafo, con el cronista y con los transeúntes que la saludan y le elogian el porte aún llamativo. Es una seductora. Una gran seductora a los 76. Hasta su voz irradia sensualidad. "Me sorprendo cuando salgo y me saluda la gente. Recién ahora tomo conciencia de lo mucho que me quieren y respetan", asegura.

-Decías al comienzo que no te interesa hablar de política, ¿por qué?

-Porque para hablar hay que saber y yo de lo único que sé es de mi vida, de mi trabajo como actriz, de otra cosa no sé. Hablar de política cuando no se sabe, es peligroso. Jamás digo si soy de Boca o de River, quiero que me quieran los de Boca y los de River.

-En este sentido, buena parte de tus colegas se manifiestan muy abiertamente y eso ha ha generado algunas enemistades entre ellos.

-A mi no me gusta eso, me hace mucho daño. Si vos me agredís en privado o frente a una cámara, me pongo a llorar, no me sé defender. Detesto el enfrentamiento. Nosotros tenemos que demostrar cómo es uno como actor, movilizar desde lo que se hace, jugar con las emociones, no hay que pelear y decir pavadas.

-Algunas vez, ¿lo has pasado mal trabajando?

-Tengo tendencia a acordarme de las cosas lindas. No tengo recuerdo haberme peleado con una compañera. Decían que yo era muy envidiada porque trabajaba mucho. Algunos decían ¿por qué otra vez ella? Se decían cosas que no eran ciertas, pero yo no escuchaba eso.

-Hoy, muchas actrices jóvenes y de generaciones anteriores se atreven a denunciar situaciones de acoso, violencia y abusos sucedidas en el ambiente laboral. Pertenecés a una camada de actrices que, por temor, naturalizaron algunas actitudes que no debían ser tomadas como lógicas o normales. ¿Tuviste que atravesar alguna situación de ese tipo?

-Jamás viví una situación fea. Tuve mucha suerte, gracias a Dios. Iba tan claro por dónde quería caminar. Jamás nadie me dijo: "Para hacer tal papel tenés que pasar por mi cama".

-Algunas actrices denuncian hoy lo que no pudieron denunciar años atrás.

-No lo podían denunciar, pobrecitas. De todos modos, a mí me gustaría que todo pase por la Justicia y no tanto por la cámara.

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