
Sin Pettinato y con vuelo propio
Nuestra opinión: Muy bueno
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Espectáculo de La Groovísima, con Adrián Oliver, voz; Daniel Colombres, en batería; Silvio Formansky, guitarra y coros; Gabriel Lazzarini, en bajo y coros, y Pablo Donelli, en teclados. En el Hard Rock Café.La Groovísima superó largamente las expectativas del público reunido en el Hard Rock Café. Tocan sueltos y con una justeza monolítica. Sus arreglos destilan buen gusto y los ochenta minutos del show no dejaron dudas de la calidad interpretativa de esta banda, cuyo sello es el funky.
Arrancan con algo así como "In the midnight round", un funky duro donde se distingue claramente la fuerza de Daniel Colombres, un baterista singular por su estilo. Con un tempo demoledor se erige en el "cadenero" del grupo. La voz de Damián Oliver encaja a medida con el tema, donde se destacan algunos arreglos de Silvio Formansky, un prolijo guitarrista.
En "Playin´ funky music", la base de Colombres y Gabriel Lazzarini, en bajo, sorprende por su solidez. El tema, reforzado por Pablo Donelli que desde su teclado inserta arreglos de vientos, tiene todo el sabor de rey del funk, James Brown.En su solo, Formansky recrea el riff de "Purple haze", de Jimi Hendrix.
Luego, todo un hallazgo. Hacen "We can work it out", de los Beatles (incluido en el álbum de este grupo que estará en la calle a mediados de noviembre) como un funky, aunque por momentos mantienen partes del tema original. Los arreglos recaen en el teclado, mientras que Colombres, que tuvo una noche soberbia, reemplaza el típico redoble por rulos o tresillos, una técnica que le imprime al tema un marcadísimo empuje.
Las voces de Oliver con los coros de Formansky y Lazzarini suenan compactas, sin baches.
Esta banda, que noche a noche tocan en "Duro de acostar", en Telefé, dejan en evidencia un alto profesionalismo que no se contrapone con la espontaneidad. Tocan sueltos, pero con una justeza nada común en estas playas.
"Mustang Sally", otro funky, pero con reminiscencias rocanroleras. La voz de Oliver domina el tema que contagia a la audiencia.
Ahora bien, en esto de interpretar temas de James Brown, La Groovísima, con acierto, reemplazó grandiosidad, sello de este compositor norteamericano, por frescura. Así, el grupo recuerda por momentos a los legendarios Doobie Brothers, de los setenta.
En "The blue is in the sky" baja la aceleración. Casi un descanso para el ritmo. El clima es tranquilo; Colombres juega sobre los platillos y ayuda a crear junto con el teclado una melodía delicada para una banda de funk.
En "Come on, Widdie", el soul gana la escena. Si bien se mantiene la sección rítmica, la fuerza no decae; la guitarra de Formansky se destaca en un solo, rico en variedad. Con un estilo cuidado, sus progresiones dejan en evidencia a un músico de pulida técnica.
En seguida llegará algo así como el himno funk, "Sex Machine", de James Brown. En este tema la fuerza es la nota dominante, aunque los arreglos en las voces suenan claros. Concretamente, La Groovísima no confunde fuerza con estridencia. Suenan parejo y los arreglos a toda velocidad de Colombres en los tambores le dan un toque personal a este conocido funky.
Un blues, pero al mejor estilo de las bandas de Chicago: rápido y con tempo de shuffle. La voz de Oliver con los coros de Formansky y Lazzarini levantan el clima del público. El solo de guitarra, intenso, sin respiro tiene el aroma de B.B.King. Otro tema de la factoría James Brown. Desde el escenario comienzan las palmas que se contagian a la audiencia . Mientras el riff del funky toma calor, la batería de Colombres empuja sin descanso. Llega su solo que muestra variedad de golpe y velocidad; de pronto, usa los silencios para modificar la cadencia rítmica, para luego sí, retomar el tempo inicial.
El epílogo del show es "Supersticions", de Steve Wonder, un soul a medio camino del funky, donde predominan los climas y en el que sobresalen los arreglos de Donelli; una despedida acorde para una banda que conjugó calidad interpretativa con buen gusto, valores que supo reconocer el público del Hard Rock .






