
Sinónimo de leyenda
1 minuto de lectura'
"Al final, la vida sigue igual" canta, con la voz temblorosa, como una alegoría de su propia historia. La imagen seguramente se repetirá, a partir de esta noche y en cada una de sus nuevos recitales en el teatro Gran Rex: hasta ahora están previstas 26 funciones, pero el número amenaza con aumentar. Y su figura permanecerá en el imaginario colectivo hasta que pase a ser un simpático recuerdo y el futuro le asigne esa mística, que hoy disfruta en vida: el sitial de privilegio que a 35 años de carrera le permitió constituirse en un fenómeno popular.
Sandro está instalado en el olimpo de los intocables. Al fervor de las mujeres maduras, sus hijas y nietas se sumó, ahora, el respeto de un sector intelectual que ahora le dio el visto bueno. Cosas de la edad y del culto al kitsch.
El cantor exhibió en todos estos años una virtud camaleónica que lo llevó de ser el rebelde rockero, émulo de Elvis Presley, al baladista romántico y estrella de cine capaz de derretir corazones. Con el tiempo se transformó en el crooner maduro, histriónico y melodramático de los últimos años.
Sandro supo dar los pasos correctos en los momentos indicados. Estaba en el bando contrario al Club del Clan, cuando hacían estragos en los cerebros adolescentes de los sesenta. Andaba por La Cueva cuando Moris empezaba a balbucear el rock en castellano. Fue "El gitano", con cierto halo profano y dionisíaco, cuando en la vereda de enfrente Palito Ortega encarnaba a su contrafigura ingenua y correcta. Declaraba que amaba leer a Hemingway y escuchar a Bob Dylan cuando los románticos de su tiempo preferían las fotonovelas. Su fama llegó hasta los Estados Unidos. En 1970 llegó a Nueva York para incendiar el Madison Square Garden con sus movimientos pélvicos. La revista Rolling Stone le dedicó una nota de una página entera al "Elvis latino". Y hasta se dice que el propio Elvis le mandó una guitarra Harmony de regalo.
Sandro siempre estuvo rodeado de buenos consejeros. Venía de un hogar simple y una madre que le inculcó el amor por la lectura. El viejo, un hombre humilde y trabajador, tenía una sabiduría incontrastable. Y su maestra de primaria le presentó el mundo impresionista de Cezane y Monet y la música de Bach y Beethoven.
Golpes de efecto
Ahora también recibe sabios consejos de quienes le dicen cuándo desaparecer, cuándo salir a la calle para dar el golpe de efecto y cuándo recluirse. Los rumores de enfermedad son otro elemento que suelen alimentar la histeria que precede a cada nueva reaparición.
Cada vez, el efecto Sandro es más arrasador. Ni siquiera hacen falta afiches en la calle para que las entradas se agoten a los pocos días. En 1996 fueron 27 funciones a pleno. Y este año nadie puede asegurar que no supere esa cifra.
Apoyado en historias simples, declaraciones de amor forjadas como pequeños dramas para ser actuados en escena, Sandro construyó su mundo musical compuesto por más de 300 canciones propias. Pero al cantante solo le alcanza con agitar sus viejos clásicos "Rosa, rosa", "Así", "Penumbras", "Quiero llenarme de tí", "Te amo", para justificar su presencia.
Sigue magnetizando a la audiencia a pesar de las transformaciones: el chico de barrio que pasó a ser el símbolo sexual de los 60 y que mutó a la leyenda de los 90. Los sucesivos cambios quedaron registrados en su discografía oficial, compuesta por 30 placas, que fundaron un estilo.
La historia de Sandro, el personaje que inventó Roberto Sánchez para ganarse la vida, es más simple de lo que parece. Tenía 12 años y nadie imitaba a Elvis Presley como ese chico regordete, que se meneaba como poseído en el escenario. Un día, el disco se rompió y el chico siguió bramando "Hotel de corazones solitarios", con lo que sorprendió a propios y a extraños.
La suerte no cambió. No terminó la secundaria.Vivió de changas. Fue joyero, metalúrgico, camionero y cadete en una farmacia. Y participó de cuanto concurso había. El tiempo hizo justicia y nadie pudo olvidar aquel episodio fundacional. El momento exacto en que el Wincofón dejó de sonar y la voz de ese pibe común de Valentín Alsina se había transformado. Nacía la leyenda.
"Me gusta así"
¿Por qué me gusta Sandro? No sé. Me gusta así, así, como dice una de sus más conocidas canciones. Y sin darme cuenta quedé enganchada en su juego sensual y pícaro.
Cuando debutó en "Sábados circulares", con Los de Fuego, mi padre me dijo: "¿Esto es música? ¡Esto es ruido!"; sí, en realidad yo pensé lo mismo, porque Elvis había uno solo.
Y sucedió lo increíble, el Gitano se dio cuenta, o lo avivaron, no sé, pero toda esa locura desenfrenada del rock la volcó a lo melódico. Y sucedió... el flash total, había encontrado la veta para seducir. Las más románticas canciones enredadas en ese fuego de pasión y sexo enloquecieron a las jóvenes de fines de los sesenta. Esa semilla bien plantada se transmitió de generación en generación, y hoy Sandro sigue ahí, con fuerza, con años, con todo el misterio de sus ausencias y con toda su experiencia bien aprovechada.
Será por todo esto que me atrae, no lo sé, porque también me atrae desde lo irracional.
En mis veinte me gustaba desde el desprejuicio de mis fantasías y, ahora, cuando ya me olvidé de la edad, me gusta igual, a mi manera. Aunque ése no sea su tema.
"No lo entiendo"
Hace 28 años, cuando comenzó el suceso Sandro, yo era un chico. Recuerdo la impresión que me causó "El Gitano", transpirando frente a las cámaras y manejando con un código gestual para nada secreto el mar de gritos que como una ola gigantesca rompía sobre el escenario. Entonces, entendí por qué gritaban. Aunque a mí, como a mi abuela, me gustaba más Raphael.
Con los años, Sandro prácticamente desapareció del ideario popular y se convirtió, lo recuerdo, en Sandro de América. Llegaba para publicitar sus giras en el exterior y promocionar algún nuevo disco. Los gritos, en ese tiempo, sonaban lejanos, apagados, casi como el eco que trae la nostalgia.
Cuando volvió, hace dos años, yo también fui a verlo. Digo bien, a verlo. Y lo disfruté. Reconocí algo genuino, verdadero, en esa estampa que no ocultaba los kilos de más o el paso de los años cuando cantaba "Quiero llenarme de tí". Pero no entendí, no me alcanzó para entender el suceso de 27 funciones a teatro lleno. Ahora vuelve. Y tampoco me alcanza.
1- 2
Ámbar de Benedictis se dio un chapuzón en las playas de Punta del Este y sorprendió por el parecido con su madre, Juana Viale
- 3
El apoyo de la esposa de Julio Iglesias, Miranda Rijnsburger, con un discreto mensaje en redes
4El álbum de fotos de Pampita desde el Caribe y la llamativa bikini que eligió

