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Skay Beilinson y el Indio Solari hablaron por última vez hace treinta y tres meses. La conversación fue telefónica, y no debió durar más de cinco minutos. Solari puso en palabras algo que venían presintiendo desde hacía un tiempo: “Tenemos que parar. No voy a tocar a Santa Fe”. A Skay le pareció perfectamente razonable. A la Negra Poli, también. Cortaron el telefono y dede entonces no volvieron a hablarse. Habían conformado un triángulo equilátero durante veintiseis años: un ideólogo, un músico y una gerente. Una banda convertida en la empresa independiente más rentable de la historia del rock argentino...
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