
Jake Gyllenhaal, Jamie Foxx, Peter Sarsgaard
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Una película de guerra honesta desde el punto de vista raso
La guerra es un infierno, pero lo que te mata es la espera. Jake Gyllenhaal protagoniza este film en el rol de Anthony Swofford, un marine francotirador al que le ordenan luchar en la primera guerra en el Golfo Pérsico, lo que lo obliga a estar en constante alerta por un posible ataque que nunca llega. Es la mejor actuación en la carrera de Gyllenhaal. El es el núcleo y el alma de esta película oscuramente intensa y ferozmente divertida que posa la mirada sobre los soldados bajo la orden de no hacer nada. "Es la espera... eso es nuestra vida", dice Swoff.
Si estás pensando que el aburrimiento es un tema problemático para una película de guerra, no estás equivocado. El director Sam Mendes, premiado por la Academia ( Belleza americana , Camino a la perdición ) no consigue que nuestras mentes, al menos de a ratos, no piensen eso. Pero lo que sí consigue, con total honestidad, es retratar una guerra de bombas y campos de aceite incendiados –según mostralos medios recientemente en tomas aéreas– desde la mirada de los soldados tragando humo y polvo.
Eso sólo hace que Soldado anónimo [Jarhead] sea única. La chispa que comenzó el proyecto fueron las memorias de Swofford, quien tenía 20 años y estaba lleno de odio y rencor cuando se alistó en la Marina en el verano de 1990 y se embarcó hacia los desiertos de Arabia Saudita. El texto de Swofford fue publicado mucho después, en 2003, durante la segunda Guerra del Golfo, generada por la administración Bush bajo el nombre de Operación Libertad Iraquí, lo cual hace aún más amarga la experiencia de Swofford.
Mendes y el guionista William Broyles Jr., un ex marine, usan fragmentos de la narración para mostrar el cambio de Swoff, de inocente a escéptico. El film no necesita bajar línea. Lo que pierde en velocidad lo gana en sentido de la funcionalidad. Mendes empieza sobre terreno familiar: las escenas en el campo de batalla están sacadas directamente de Full Metal Jacket , de Stanley Kubrick. Mientras los muchachos miran Apocalypse Now de Francis F. Coppola, brindan por el ataque a un pueblo vietnamita con el atronador sonido de "La cabalgata de las valquirias", de Wagner, de fondo. Pero cuando uno de los reclutas reclama diciendo que esta guerra necesita su propia música, Mendes pone "Don’t Worry, Be Happy" para enfatizar la ironía.
El film tiene tiempo para los hombres de Surveillance [Vigilancia] y de la Target Unit [Unidad de Objetivos], desde Evan Jones como Fowler –el irritante del grupo–, hasta Lucas Black como Kruger, el rebelde que no puede dejar la política fuera de la ecuación mientras los demás intentan hacerlo. Pero es Sarsgaard, escondiendo los secretos de su personaje y su temperamento hasta que es presionado al extremo, quien brinda una interpretación de brillo implosivo. La escena de Troy disparando impotentemente su arma en la noche está hecha para sacudirnos. Sarsgaard lo consigue.
Y guárdense un bravo para Jamie Foxx, ganador del Oscar por Ray, quien aporta el hedor del Stealth [Sigilo] con una actuación sólida y sorprendentemente conmovedora como el Sargento Sykes, el típico marine que transforma a estos recipientes vacíos (Jarheads) en obedientes esclavos. En una escena de trinchera, el sargento le cuenta a Swoff por qué prefiere la guerra antes que trabajar en el negocio familiar. Y Foxx pone una carga humana en el clisé que hace que te caigan las lágrimas.
Eso es lo mejor de Soldado..., con el gran cineasta Roger Deakins utilizando una cámara manual para capturar la imagen, la luz y la textura de esta tormenta del desierto, y los actores utilizando cada elemento de su arsenal para que la historia se mantenga íntima y brutal. Los videos porno, las pajas, la fiesta de Navidad por la que casi terminan muertos, son todas maneras de mostrar cómo estos marines pueden sobrevivir a la crisis de la inacción. Incluso cuando el guión se desliza al sermón –una voz nos dice que aún estamos "en el desierto"–, Mendes sigue llenándonos de emociones. El sacudón de Soldado anónimo es innegable, y llega cuando uno menos lo espera.




