
Junior, cantante y líder, explica la mística que sostiene el crecimiento de La 25: hinchada y un purismo exacerbado.
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"No se que decir en las entrevistas. No me interesa hablar mucho", se sincera Mauricio Lescano. El, Junior, más que cualquier otro referente del movimiento stone local, carga con el estigma del rock futbolizado. Ante el grabador de Rolling Stone, expele un característico discurso parco, como el de un futbolista sumiso enfrentándose incómodo a las cámaras de televisión. El famoso casete.
Cuando jugó en el Torneo Clausura 92, para el recién ascendido equipo de Quilmes, se mostró como un deportista promisorio, que para cumplir debía "mejorar su imagen física" (según el Clarín Deportivo del 16/03/92). Se sabe, la disciplina del deporte no siempre es compatible con el rocanrol way of life (¿hola, Diego?) y terminó decidiendo su destino mientras comenzaba a tambalear en las canchas profesionales. Su hermano Marcos, que jugó en la tercera de Boca, y el guitarrista Hugo Rodríguez, que se calzó la 9 del Cervecero, pasaron por lo mismo. Ahora lleva casi una década como rockero profesional al frente de La 25 (aunque es dueño de una marca de ropa surfer, Roll 77) y el fútbol quedó como una actividad amateur.
"Lo nuestro es la suma de logros que se consiguieron con trabajo. Y lo hacemos con vocación, porque prácticamente somos independientes", insiste al referirse a los dos más recientes hitos en la carrera de su banda: el primer Luna Park y su parte como teloneros, junto a Las Pelotas y Los Piojos, en los monumentales shows de los Stones en Buenos Aires. Parece el premio mayor para una banda que dedicó buena parte de su energía a ganarse la hinchada pegando afiches, revoleando trapos y viajando por todo el país hasta ocupar hoy el lugar de sucursal argentina de los legendarios londinenses, donde estuvieron los Ratones en el 95 y Viejas Locas en el 98.
Junior escuchó a los Stones gracias a Marcos, que le pasó Some Girls a principios de los 80. "De ahí no paré. Recién después vinieron Chuck Berry, Muddy Waters…", enumera señalando sus influencias evidentes de rock clásico en su rock básico. Con Pablo "Ponch" Poncharelo (bajo), Alejandro "Mingo" Ender (batería), Claudio "Sanguchito" (armónica) y Darío "Rodia" Bruschi (guitarra acústica) eran amigos desde chicos. (Más tarde llegaron Chilli Willy en teclados y Araña Blanca en percusión). Ellos siempre tocaron. Pero la decadencia de Junior como atleta, allá por la temporada 97-98 en el Berazategui, permitió que La 25 comenzara a rockear. Como muchos otros, pasaron de covers de los Stones a sacar sus propios temas. Y así llegaron a tocar con el Pity en el Club Unión de Berazategui. Llegaron los discos La 25 rock and roll (2001), Así es el rock and roll (2003), Con el rock en las venas (2004) y el vivo Ruta 25 (2005). Y llegaron los pibes, cada vez más, a Cemento, a Cromañón, a Obras.
Parte de esa popularidad forjó un "aguante" para nada espontáneo. En los Fiestones 25 los fans se multiplicaban. En barra, chicos y chicas de zona sur viajaban organizados a cualquier parte del país (invitaban a las célebres mellizas Lozano de Quilmes). "Supongo que la gente del barrio se identificó con lo que es ser legítimo, hacer lo que uno quiere y ser feliz en lo que se hace. Cuando llegue el show del Luna, la gente va apoyar la nuestra."
La historia del grupo no sólo está cruzada por las bengalas sino también por su relación con Callejeros y por el incendio que ellos mismos vivieron en Cromañón pocos días antes del 30 de diciembre fatal. Se solidarizaron con Callejeros desde el primer momento postragedia aunque solían competir en popularidad. Junior entonó el hit "Solo voy" en Cosquín Rock 2005 con un guiño: "Más pasa el tiempo, más callejero soy" e invitaron al escenario a Edu Vázquez, batero de los de Villa Celina, en su primer show después del incendio. Ahora, como anticipó esta revista, se sabe que Callejeros ya volvió a hacer música y Junior lo aprueba. Ahora Pato Fontanet le escribió a su novia [Mariana "la Negra" Sillota, muerta por el incendio] frases como: "Voy a escribirte mil canciones y una más", aludiendo al tema "Mil canciones", de La 25, banda de la que la Negra era fanática al punto que protagonizó el clip de "Chico común". "Me parece algo legítimo de parte de ellos volver a grabar, sé que lo hacen con honestidad", explica.
El poder de La 25, él lo sabe, reside en sus seguidores incondicionales, que le piden al grupo lo único que puede dar. "Yo le llamo simplemente «rock» al rocanrol. Lo demás es otro tipo de música mucho más comercial. Nosotros estamos en esa y no vamos a cambiar. Y la gente se hace fana de La 25 por eso", analiza. "Sinceramente no entiendo eso de «abrirse», me parece que es algo ilegítimo. Cuando se pasa al lado comercial se puede terminar haciendo cualquier cosa", exclama con rechazo al hablar del incipiente viraje de algunos grupos de rock, por curiosidad o inquietud musical, a otros géneros. Y ni hablar de etiquetar a su banda: "Cuando a nosotros nos dicen que hacemos «rock cuadrado» o rock no se qué, yo quiero preguntarles: ¿qué quiere decir eso? Porque, de verdad, no lo entiendo".
–Junior, más allá del público ¿cómo sigue progresando una banda?
–Yo creo que hay que ir creciendo dentro de lo que se empieza a hacer y sostener así el mensaje. El que se pone a hacer una cumbia y dice: «¡Uh… que amplio que estoy» ¿a qué apunta? Yo a eso no lo voy a entender, ni La 25 hará jamás algo así. En definitiva, es mi gusto."
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