
Cuando se ve está bueno, y otros en los que no le gusta nada de nada. Hablamos un poco de la mirada crítica y yo le digo que parece que hay gente que es loca de la autocrítica, personas que al final no disfrutan lo que hacen.
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Cuando se ve está bueno, y otros en los que no le gusta nada de nada. Hablamos un poco de la mirada crítica y yo le digo que parece que hay gente que es loca de la autocrítica, personas que al final no disfrutan lo que hacen. El me dice que es de esos. "Puede que sea demasiado. Ahí es cuando me doy cuenta de que los extremos no son buenos. Te puedo decir que nunca me senté a disfrutar del programa. Lo miro y me río, pero nunca pude sentarme y relajarme y decir: a ver… Pero no sólo con el programa, con todo lo que hice me pasa. Nunca me senté a disfrutar."
De chico era más "chispa" (así dice él), y jura que hubiese actuado todos los actos del colegio si su mamá no se hubiese negado a hacer todos los trajes. Aquí vuelve el denominador común, el kit Son amores de respuestas al periodismo: la idea de empezar desde el colegio, la de hacerse trabajando y la de crecer en público y mantener el bajo perfil.
Le digo a Nicolás Cabré que ahora mismo ellos tres podrían ser unos descontrolados con carné, pibes de la tele con estatus de estrella pop, ajustándose a un régimen estricto de sexo, drogas y rocanrol o a alguna combinación que se le parezca. Hay algo en la mirada que dice muy claramente que eso, por ahora, es imposible. O que nunca lo voy a saber. Y después de la mirada viene una frase que es así:
"Particularmente, no me interesan esas cosas. Te inventan 10 mil historias, ¿viste? Es como una regla de juego que pone no sé quién y que no sé por qué la tengo que aceptar. Mi vida privada es mi vida privada, y a mí me interesa actuar y tener la posibilidad de hacer lo que me gusta. Conozco la realidad de este país: a veces llego a mi casa, muy cansado, y no puedo menos que disfrutar del hecho de estar cansado por estar trabajando."
Unos días después de la charla en All Boys estoy en mi casa viendo Son amores y escucho que María le dice a Pablito Marquesi:
-Vos sos tu propia trampa…
No me acuerdo a qué venía el comentario, pero creo que María hablaba del modo en que el personaje duro que juega Pablito es, en realidad, un tierno. Así las cosas, no puedo dejar de pensar que las apariencias engañan, y me cuesta creer que ese chico modelo sensatez y sentimientos que habló conmigo se haya puesto tan quisquilloso con la gente de Rolling Stone que pocos días antes se encargó de trabajar en torno del retrato que ilustra la tapa de este número. Que sea la misma persona que, en los días previos a la producción que ven aquí, rebotó una idea tras otra sin más argumento que la palabra "no", la misma que a la hora de las fotos propiamente dicha puso tan poca onda con el fotógrafo y sus asistentes. Me cuesta creerlo porque no lo quiero creer, en realidad: ustedes vieron lo negadores que pueden llegar a ser los fans. No vieron en cambio -o no suelen ver, por excesiva amabilidad o complacencia de los cronistas- lo dificiles o neuróticas que se pueden poner algunas estrellas.
CAPITULO CINCO:
EL DEL REY SOL
Llegó el momento de hablar seriamente de Son amores. Llegó el momento de Martín Rey Sol Marquesi.
Ahora el escenario es el hermoso hall del teatro Opera. Sábado a la tarde. Acaba de terminar la función de El Zorro, y mientras Fernando Lúpiz posa para las fotos (ataviado como Diego de la Vega) junto a un grupo de señoras peinadas con spray, dos chiquitos amenazan con sacarse un ojo con unas espaditas de plástico. Veo que en la vereda se arma un revuelo y… fiuuuu, de repente los varones Marquesi aparecen en el hall secundados por un guardaespaldas xxl.
Sigo a Mariano Martínez (23 años) hasta los camarines. Es el último del elenco al que tengo que entrevistar, y en el camino hasta aquí, Florencia Bertotti, Ernesto Korovsky, Jorge Maestro, otros actores de la tira más algún que otro técnico me habían hablado maravillas del chico maravilla. Dicen que a él le pertenece la idea de Martín Marquesi como cantante de cumbia; dicen que, al igual que Cabré y Bertotti, le aportó a la tira bocadillos que se metieron de prepo en la gente (mazzazzo, hitazzo, voz aterciopelada, aguante Marquezziiii, amorcis, porfis, yanyito con cola); dicen que su osadía y la de Cabré fueron definitivas a la hora de torcer a Son amores para el lado de la comedia más física, con unos piñazos y unas caídas que (atención: ¡nueva analogía imprudente!) un poquititito les deben a Los Simpson y otra pizca a la mejor tradición de la comedia lunática del Hollywood Clásico.
Evidentemente Nicolás Cabré es un muy buen actor, un tipo bien sólido, que sabe lo que hace y lo que quiere. Pero Mariano Martínez es otra cosa: no alcanza con decir que la cámara lo adora, porque pasa algo que va más allá. Si Adrián Suar habla de iluminación para referirse al elenco del programa (un plantel en el que brillan casi todos), es justo precisar un detalle: si a uno se le ve el aura, ése es sin dudas mm (hasta tiene las iniciales repetidas, che, como un héroe de Migré, como los comprimidos de chocolate).
La historia que tiene para contar es del tipo "ídem anteriores". La secundaria, los castings (dice que hizo 100 y quedó para una publicidad recién en el 101), la vida en Avellaneda, pasar de repartidor de pizza a estrella de la tele, no traicionar el barrio, estudiar un poco de teatro, querer crecer profesionalmente. Hizo dos películas, una muy buena llamada Sólo por hoy, otra no tanto llamada No sabe/No contesta (que se estrena por estos días y en la que él está realmente bien, en su faceta más nocturna, más asordinada), y sobre ambas me dice algunas generalidades, todo en el marco de un camarín en el que la gente entra y sale, y bajo la atenta mirada de su representante.
Hablemos de la cumbia, entonces, de la carrera musical del Rey Sol. Me cuenta que a los personajes les pone preferencias de todo tipo, gustos musicales incluidos. Que Valentín de Campeones era rockero stonazo, y que su personaje de 22, el loco era un rockero más pesado, más oscuro. Dice que cree que la actuación tiene que reflejar lo que se vive en la realidad y que venía viendo mucho el tema de la cumbia, el tema del cuarteto. Para bailar me divierte, dice. Pero escucho Elvis, Creedence, los Stones. El personaje empezó a escuchar, a escuchar, a escuchar cumbia, dice Mariano, hasta que pensé: tanto le gusta la cumbia, le tiene que gustar cantar. Empecé a inventar pasos y después dije: voy a escribir mis propias canciones.
¿Se viene un tercer tema de Marquesi, no?
Un tercero, un cuarto, un quinto.
El primer hitazo se llamó "Yo sé", el segundo fue "Guarda que vengo" y el tercero es "Todoasí, Todoasí" (¿se escribirá todo así?). Cada tema es una pieza de la autobiografía de Martín Marquesi (de la auto-ego-grafía, mejor), y Mariano dice: "El que cree que canta bien es Marquesi, cree que puede llegar a ser un artista brillante, de voz aterciopelada… Ese es él, y yo lo tengo clarísimo. Nunca pensé en cantar ni pienso seguir cantando".
Pero un programa de tanto éxito puede disparar una carrera musical. ¿Se viene un disco de Marquesi?
No digo que no, puede ser. Pero nunca se me había cruzado la idea de hacer shows. No pensaba hacer recitales porque no soy cantante, por respeto. Pero como veo que gusta y además me encantaría aplicar esto a algo útil de verdad, la única posibilidad en el futuro sería hacer algo a beneficio.
En la revista de actualidad que me zampé en el living de los Marquesi (¿se acuerdan?) leí que Mariano Martínez tiene una novia que se llama Lola Ponce, que es cantante y vive en Italia. Ahí ponían que, como los dos tienen mucho trabajo, se ven poco y la pareja "estaría llegando a su fin". "Las mujeres mueren por él y él duerme solo tratando de apostar a un amor que se le hace cada día más difícil", decía la nota que estaba leyendo en el living cuando Mariano apareció, saludó amablemente, pienso que pudo haberme visto leyendo esa nota, y me siento al borde del bochorno total.
¿Qué más puedo decir de Mariano Martínez? No sé, busquen por Internet una nota que salió en Clarín del domingo 11 de agosto, que ahí tienen muchos más textos del tipo "tengo mis días buenos y mis días malos, pero lo disfruto. Hay que responderle bien a la gente. Yo soy muy agradecido: si actúo, lo hago porque me gusta, pero también actúo por la gente". Yo no puedo ni quiero seguir transcribiendo esas cosas. Todo bien, le creo todo a Mariano Martínez. Todo. Y hasta en una de esas la culpa es mía, que no supe preguntar cosas profundas, complejas, avispadas. Quizá sólo hice preguntas de fan, mientras veía que ahí en el camarín, rodeado de compañeros de elenco, asistentes y representantes, uno de los mejores actores de este momento y de este lugar (el más carismático, el más intuitivo, el más gracioso) se defendía de algo que nunca supe detectar.
CAPITULO SEIS:
EL DE ADRIAN SUAR MIRANDO CANAL 9
Vestido de negro, con su ya clásico conjunto de pantalón pinzado + remerita ajustada, Adrián Suar está mirando Canal 9. Hoy, justo hoy, es el día del debut de la programación nueva del señor Hadad, y Suar tiene alguna que otra teoría para ofrecer acerca de la consolidación de la identidad del ex Canal Azul, cosas que por supuesto no serán reproducidas aquí porque no vienen al caso. Suar dirige desde octubre del año pasado los destinos del 13 y en los pasillos de la calle Lima se repite la siguiente frase: "Está dando vuelta el canal". Todo parece indicar que lo está haciendo sin apuro y con cautela, sin salidas de tono (la emisora de Constitución no se permite esas cosas), y con un estilo de conducción llamativamente sereno.
Suar se entusiasma al referirse a Son amores, se enciende al hablar de cine (de El bonaerense, la nueva película de Pablo Trapero, una mirada sobre la policía que se encuentra en el extremo opuesto de la serie 099 Central, que va a ser estrenada por Pol-ka en pocos días más; de la comedia romántica que va a protagonizar en febrero; del nuevo guión de Juan José Campanella) y se muestra templado, en el límite superior de la abulia, cuando el temario se desliza hacia el rating, Marcelo Tinelli o los Martín Fierro. ¿Verdad o consecuencia? A continuación, una breve porción del formato conocido como pregunta-respuesta, confeccionado con un alto respeto por el ritmo y la cronología de la charla y con algún que otro momento periodístico.
Siempre en tus programas figurás como el autor de la idea original. ¿Cómo van apareciendo estos grupos humanos, así, uno atrás del otro?
Hace poco me acordé que se me había borrado… Este fue uno de los primeros programas que pensé, cuando tenía 14 ó 15 años. Iba a actuar yo y lo había llamado, a ver si lo hacíamos juntos, al Pato Mayorano. Era la historia de un tío con tres sobrinos.
No me vas a decir que a los 14 años ya estabas pensando programas.
-Sí, sí, sí. No de la manera en la que lo hago ahora, claro. Pero ya me daban ganas de armar cosas desde aquel momento. Habíamos hablado con dos autores, uno de los sobrinos lo iba a hacer Gustavo Bermúdez, con él estábamos haciendo Pelito. Obviamente no es esta misma historia. No era un árbitro. Pero estaba ya el tema del tío y los sobrinos, como en el Pato Donald. El cuento cambió, pero el alma es similar.
¿Qué te interesa de esta historia de la familia alternativa pero a la antigua?
Me interesó, primero, hacer una comedia blanca. Y eso se logró, a pesar de estos tres pibes que son tres diablos. Bueno… son tres diablos blancos en todo caso. Gasoleros también era comedia blanca, pero esta es redonda redonda. Esta es un tanque.
-Hay algo que hacés muy bien y que todo el mundo dice que hacés muy bien: armar elencos. ¿Tenés límites a la hora de pensar en las posibilidades de combinación?
No, no tengo límites. No me reprimo nada. Cero. Puedo invertir mucho tiempo en volar y pensar y buscar. Creo que tengo intuición para la química… pero es nada más que intuición, ¿eh?, no hay otra cosa. Te juro que tiene que ver con la intuición, lo pienso y lo veo y digo: es él… Y es. ¿Viste esos personajes que se ven, que te tocan la mano? Yo me conozco el cuerpo, hace muchos años que hablo del cuerpo, de lo que me pasa. A veces me escucho y pienso: mirá la pelotudez que digo del cuerpo. Pero realmente me pasa en el cuerpo con determinados programas, con ciertas elecciones. Antes no creía tanto en eso, y por ahí pensaba: bueno, es un cuento que me armé. Hoy te digo que no. Creo que el cuerpo canta, y tengo miedo que un día no cante más. Se puede ir. Pero a la intuición hay que que alimentarla. No es una cosa de: perdonáme Marcelo que está viniendo un nombre, y agarro y vomito las letras. No. Es un ejercicio. Entreno. Siempre estoy pensando, anotando, dejando cosas para más adelante. No le doy descanso al músculo.
¿Por qué creés que el programa funciona?
Porque tiene una estructura muy sólida, está muy bien escrito y el elenco está… iluminado. Eso aparece una vez cada tanto. Están muy lanzados los pibes. Es un código que la gente lo compró y con el que es cómplice. Con sus locuras, con el hecho de que queden garpando todo el tiempo, que sean antihéroes. Y ahora estoy engolosinado, me gustan estas historias blancas. Cuando salen bien, cuando sa-len-bi-en, es mucho cariño el que se te devuelve. No me había pasado nunca así tan fuerte.
¿Cuánto hace que estás al frente de Canal 13?
Desde octubre, noviembre del año pasado.
¿Sin "Son amores" tu gestión hubiese sido más difícil?
No. Yo me hago a la idea de que los próximos programas que haga no van a poder llegar a esto. 099 Central es un exitazo, hace 20 puntos de rating. Pero se habla mucho menos, el otro se lo fagocitó. Pero no es lo común… yo no creo que tenga un éxito así nunca más en mi carrera.
¿Te parece?
Tan grande no. 28, 29, 30 puntos todos los días es mucho. No es normal. Yo me hago a la idea de tener otros exitazos de 22, 23, que es muchíiiisimo para una tira diaria.
¿Cómo fue el comienzo de la competencia con Tinelli, aquella caída de rating inicial?
Y, fue dura. Pero yo trato de escaparme un poco de la pelea ésa, que no la creo, es muy para que otros se alimenten el pico. Para mí, tener arriba de 20 puntos ya está. Es mucho. En todo sentido: es mucha gente, se vende bien en rating, se vende publicidad -por ahí no ahora, porque está todo muerto- y con 20 puntos para el 13 está todo bien. No tengo que volverme loco con 28, 29 porque es de boludo, roza lo mediocre, me da un poquito de vergüenza. La televisión te pone en ese lugar mediocre, enseguida te encontrás hablando de cosas que si te llegaran a ver los muchachos del barrio… Hablar de 28.4 y de 29.2 es lo mismo, de verdad; para el negocio es lo mismo. Puede ser diferente para el ego, pero hay que trabajar un poquito en terapia, muchachos, no ser vago, porque si no te mata.
Pero ahora, en general, "Son amores" le gana a Tinelli, y todo en el medio empuja para que eso sea lo importante…
Eso es una boludez. No tiene sentido. Arriba de 20 puntos, arriba los corazones.
CAPITULO SEIS Y MEDIO:
EL DE BRITNEY SPEARS VIAJANDO EN COCHE
Una cosita a modo de despedida. En medio del maratón de entrevistas para esta nota me hice un tiempo para ver Crossroads-Amigas para siempre, el debut cinematográfico de Britney Spears. Es una película de una enorme nobleza, sin mayor interés para quien no guste de Britney, pero completamente alejada de cualquier posibilidad de bochorno y hasta con posibilidad de contagiar emoción y cierta gracia. En la película hay tres chicas y un chico que cruzan medio Estados Unidos en coche. El chico maneja y, por ende, monopoliza la radio. En un momento una de las chicas le cambia el dial y aparece un tema de ’NSync. El chico, horrorizado, vuelve a sintonizar el tema de (ponéle) nü metal que estaba escuchando. La chica, una de las amigas de Britney, lo mira fijo y le dice, con una hermosa media sonrisa burlona…
Ah, claro, porque esta música es muuuuuucho mejor que la que nos gusta a nosotras.
Que quede esto a modo de moraleja, entonces.
¿No te gusta Son amores?
Ah, claro, porque cqc es muuuuuucho mejor.
SON AMORES...
me encontraba yo leyendo una revista de actualidad, sentado en un butacón del living de los Marquesi, cuando Lola y Sánchez pasaron caminando para el lado de las habitaciones. Estaban apurados y descalzos y vestían saltos de cama. El de ella era floreado. El cantaba "Aserejé".
Había escuchado la palabra "corten" por última vez hacía ya casi una hora (después de una escena en la que Lola le veía el "lopa", así decía el libro, a Pablito Marquesi), y durante todo ese rato, mientras leía mi revistita de pe a pa, un miniejército de técnicos no paró de trabajar ahí, en el cuarto de Sánchez, poniendo alrededor de la cama matrimonial cámaras, luces, micrófonos y también unas planchas de color blanco que sirven para que la luz rebote e ilumine el lugar de una manera más amable. Al parecer, todo ese trabajo es muy útil para que la casa luzca como una casa y para que la luz que entra por las ventanas simule ser la del día, para que haya en el ambiente una calidad cálida, como de cosas que estaban ahí antes de que Son amores fuera un programa de televisión (el más exitoso del año 2002, por cierto) y que van a seguir estando cuando ya nadie más diga "acción" y cuando nosotros (y ellos también: los hermanos Marquesi, Sánchez, Lola y los demás) nos vayamos a dormir.
Voy a contarles la historia (o algo así) del programa de televisión Son amores, lunes a viernes, 21 horas, Canal 13, La Tele, estás en casa. Sería bueno, entonces, ponerle un kilómetro cero a mi versión de la historia, fijar el punto exacto en el que esta nota comienza, a fin de poder establecer una cronología para el cuento y ofrecer también algunas nociones de pre-historia que pueden o no ser útiles al momento de entender por qué una comedia de Pol-ka y Canal 13 del horario de las 9 de la noche (nada que no hayamos visto antes) se convirtió en un fenómeno de unas proporciones que, en efecto, no habíamos visto antes.
El kilómetro cero de la historia es, para mí, el momento en que el director de esta revista me dice que estuvieron evaluando la posibilidad de hacer un artículo sobre Son amores, y que sospechan que soy fanático del programa. Les digo que sí, que acertaron, que Son amores me encanta, que me puede, que verlo me da mucha alegría. Ji, ji, me responden. Les da un poco risa que sea fanático m-a-l de Son amores así como les da otro poco de risa mi fidelidad a Bandana. Pero también les resulta graciosa mi devoción por unos discos de la Europa Central que ni por Amazon se consiguen, con lo que empiezo a pensar que tendría que dejar esto de escribir notas y animarme a montar un unipersonal en un bar de Palermo SoHo. Ji, ji.
Entonces, lo que sigue no es tanto lo que siempre quisiste saber del programa, sino más bien aquello que yo quiero o, más bien, puedo decir sobre el asunto. Pero, además, en el camino me encontré con cosas que no me animé a preguntar, con cosas divertidas, con cosas verdaderas, lindas, reveladoras, obvias, aburridas y hasta sórdidas… Todo eso viene a continuación, en este opúsculo al que me permito dar en llamar La historia de Son amores en seis capítulos y medio.
Ahí vamos…
CAPITULO UNO:
EL DE LOS PIBES CHORROS Y EL BESO DE VALERIA MARQUESI
Primer contacto no-televisivo con el universo Son amores. Es temprano, hace frío y estoy nervioso (no olvidar: soy un "fans", y nada de esto me resulta fácil). Me citan en un garaje de un barrio que se llama Agronomía. El dueño y el encargado del lugar están levemente inquietos: Son amores se va a grabar por primera vez en su establecimiento, uy, y ellos toman mate y esperan. ¿Ya dije que hacía frío? Tras media hora de espera, suena mi teléfono. Cambio de planes de último momento: están grabando una escena de Martín Marquesi (o sea: Mariano Martínez) con el grupo de música tropical Pibes Chorros en un centro cultural de Chacarita. A los señores del garaje se les dibuja una mueca instantánea de pérdida cuando les digo que me voy porque hoy el trabajo está en otra parte.
Son amores se graba de lunes a viernes en jornadas de doce horas, de 7.30 am a 7.30 pm. El programa tiene dos directores porque hay dos equipos trabajando al mismo tiempo: uno con las escenas en exteriores (al comando de Daniel Barone, un tipo capaz de sacarle brillo a cada secuencia), el otro con las escenas en los decorados construidos en la productora Pol-ka. Me dicen que las entrevistas con los actores las vamos a tener que intercalar con la grabación, porque de lunes a viernes los horarios son esos y no hay tu tía y, además, viernes, sábado y domingo buena parte del elenco hace Son amores en el teatro Opera.
Casi todas las personas con las que me crucé, con las que hablé y a las que les pedí ayuda hicieron gala de una amabilidad que es de verdad rara en este medio (¿será así de natural o, como alguno tuvo a bien manifestarme, son todos fans de la RS?). No vi a gente estresada, no presencié situaciones de histeria, no registré maltrato alguno (bah, hubo un caso, como se verá más adelante), y en general creo que algo del buen clima del programa debe estar relacionado con ese amable ecosistema de trabajo. Eso sí: los horarios son los horarios y al cronograma no hay sonrisa, no hay ruego, no hay queja que lo modifique.
Poco menos de una semana después de aquella escena de los Pibes Chorros entiendo un posible por qué: el aire le viene pisando los talones a las grabaciones, y para cuando ustedes lean esto, la mentada escena de amor de Sánchez y Lola será cosa del pasado. Graban el lunes, y a más tardar el viernes eso mismo sale al aire. Y si se atrasan, pierden. Como dice Ernesto Korovsky, autor del programa junto a Jorge Maestro, hay una punta de puntos de rating para sostener y, sobre todo a partir de la competencia con Marcelo Tinelli, el margen de equivocación es mínimo.
Entonces, lo que yo vi ese día en la grabación ustedes ya lo vieron por la tele, ¿qué les puedo contar? En una escena, Martín Marquesi va a encarar de mala manera a un grupo de cumbia que le robó el tema "Yo sé", su primer hit, por iniciativa de Mordisco, el temible empresario tropical. Marquesi se hace el malo y después arruga y al final termina, obvio, cantando "Yo sé" con los Pibes Chorros. Corten. En la otra escena Valeria Marquesi (o sea, Florencia Bertotti) le cuenta a María (o sea, Marcela Kloosterboer) las diferencias que sintió entre besar a su ex novio y a su improbable futuro novio. Dice que besar a Rafa era todo verde y que besar a Omar era de todos colores y con sonido de campanitas. O al revés. Corten.
CAPITULO DOS (REGLAMENTARIO):
EL DE LA SINOPSIS
Son amores es más o menos así: había una vez un referí de fútbol muy serio muy serio muy serio y tirando a redondito, como de peluche, mezcla de Castrilli con Garfield, que un buen día recibió la visita de sus sobrinos, hijos de su hermana, provenientes de un pueblo llamado Capitán Gómez. El referí se llama Sánchez y no estaba destinado a vivir con nadie más que con la amarilla, la roja y el silbato reglamentario, objetos inanimados a los que su obsesión llegó a convertir en fieles compañeros de emociones. Los sobrinos son Martín, Pablo y Valeria Marquesi. Como en las historias de antaño, vinieron del interior a probar suerte en la Capital: los varones, en el fútbol; la nena, en los estudios. Siguiendo el rumbo de las analogías, los chicos resultaron ser como unos hijos no reconocidos de los Tres Chiflados y Pikachu y, caramba, pusieron patas para arriba la vida del tío. Hay un quinto personaje central que se llama Lola y es el objeto de interés romántico de Sánchez. Lola es la esposa de Carmona, archienemigo de Sánchez y titular de la Entidad Nacional de Arbitros. También hay novias de los chicos, porteros metiches, villanos y villanas pero con buen corazón, pretendientes de Valeria, presidentes de clubes de fútbol del ascenso, amigas de Lola y compañeros de trabajo de Sánchez. Listo, me empaqué. Me resulta aberrante contar esto porque no puedo creer que alguien no lo sepa. ¿Qué estaban mirando? ¿Lanata? ¿La nada?
CAPITULO TRES:
EL DE TOMAR EL TE CON FLORENCIA BERTOTTI
Primero lo primero: esta chica es un tesoro. Es, después de Claudia Fontán (o sea, Carmen en la ficción de Son amores), una de las apariciones más frescas y más impactantes en la tv en general y en la comedia en particular. Es chiquita de edad (sub-20) y muy grande de talento, y ya que las comparaciones son odiosas hagámoslas a lo bestia: si el programa tiene sus momentos de Yo quiero a Lucy es todo culpa de ella.
Empezó a actuar desde pequeñita, y dice que su historia es tan pero tan lugar común que ya le da un poco de vergüenza contarla. Es decir: la nena pícara con capacidades histriónicas, que actúa en el colegio, que juega a actuar en casa y todas esas cosas, características comunes a los tres actores que encarnan a los hermanos Marquesi (¿me falta nombrar a alguno? Ah, sí, a Pablo Marquesi; o sea, Nicolás Cabré). De todos modos, hay un twist en el caso que merece ser contado: una vez Florencia tuvo una caída infantil de rutina (con moretoncito incluido), pero jugó a hacerle creer a su mamá que se trataba de algo muy serio, la convenció de que la llevara al médico y después logró persuadir al doctor de que le hiciera una radiografía, por las dudas. "Lloraba como si me estuvieran despellejando viva", dice.
Mientras ella iba al sexto grado del Sagrado Corazón de la calle Riobamba, Barrio Norte, en su casa seguía adelante la rutina de la-nena-me-actúa. En aquel entonces Florencia descubrió con cierta envidia que un primo se anotó en un casting y que consiguió un papelito en una publicidad. Ipsofácticamente, quiso hacer eso mismo. Se anotó en uno, dos, tres castings y no quedó. Finalmente protagonizó un anuncio de mermelada. Alguien se ofreció a representarla, la llevó a una prueba en la tele y al día siguiente empezó a trabajar en la novela Dulce Ana. No paró más: hizo De Corazón, después esa tira que era muy graciosa y que se trataba sobre una agencia de modelos, después Verano del 98, la película El Faro, encarnó a la hija lesbiana de Susú Pecoraro en Culpables, llegó a la película Déjala correr y finalmente a Son amores.
Ahora estamos en un Delicity de la calle Córdoba, justo a la vuelta de Pol-ka, tomando un té de media mañana. Florencia sabe cómo se llama la moza porque un día decidió que, si le iba a hacer muchos pedidos por teléfono, por lo menos tenía que aprenderse el nombre, y se preocupa (en serio) porque la chica acaba de dejar las tazas y ella no le dijo gracias. Hace ya varias horas que Florencia está levantada, porque si la citan a las 7 de la mañana se tiene que levantar poco después de las 5.30 para no andar saliendo con el pelo mojado. Charlamos y charlamos de un montón de cosas de Son amores, entre las que se cuentan el modo de hablar de su personaje, una chica atropellada a la que no le fue concedido el don de la elocuencia y, por tanto, no puede evitar cortar camino inventando palabras; el mundo concebido por el programa, dentro del que casi todo es o parece posible ("Es cada vez más amplio el lugar en el que podemos jugar"); la manera en la que los personajes fueron cambiando con el paso del tiempo, con el aporte de los actores y el consentimiento de los autores, y del encanto de la comedia familiar en la que, dice, "hay tres hermanos que se pelean, se amigan, se odian, se desencuentran y siempre siempre vuelven a la misma casa, a un después de todo te sigo queriendo… No sé, supongo eso es lindo de ver".
CAPITULO CUATRO:
EL DE LA TRIBUNA LOCAL DE LA CANCHA DE ALL BOYS
¿Vieron que hay notas en las que, buscando un impacto seudoliterario, el cronista es capaz de escribir cosas increíblemente cursis? Algo así como: "Mengano enciende un Marlboro, le da una pitada lenta y respetuosa, como si se tratara del último cigarrillo de su vida, y suelta el humo lánguidamente. El sol le pega en la cara, directamente en los ojos, y Mengano dice…".
Con Nicolás Cabré me pasó eso mismo. Palabra.
Nos habíamos sentado en la platea de la cancha de All Boys, escapando del bufet de la institución, en el que había un olor a fritanga realmente extraño para las 9 de la mañana (que a Nicolás lo había llevado a putear a media voz no bien entró en el lugar para grabar una escena, con mohín de asquito y todo) y, justo cuando me estaba por decir una cosa cuya importancia entendí más tarde, pasó eso del sol y el cigarrillo. Concentrado y amable, hablando bajito, Cabré dice: "Debo admitir que a lo mejor me da pudor cuando voy muy de la mano con el grito y con la histeria. Está bien, es una manera de expresar cariño o afecto. Pero siempre está ahí, en el borde entre el amor y el odio. Eso, a lo mejor, me asusta. Prefiero una conversación a un grito". La frase contiene un equilibrio notable, al menos si se tiene en cuenta que en las paredes de la cancha de All Boys (entidad cuyos colores son defendidos en la ficción por los Marquesi) hay más pintadas dedicadas a Cabré que a los jugadores del club; que más de una vez encontró la frase te quiero escrita en el baúl del auto pero con birome, y que en el foro del programa habilitado en el site de Pol-ka se pueden leer cosas tales como la que transcribo textualmente a continuación, sin tocar una sola coma (porque de hecho no tiene comas):
no puede ser dieron por la tele q mariano se pelio con lola y se engancho con marcela cuidate trola te voy amatarrrr hija de putaaaaaa. Y celeste va a ir a son amores volvio con nico de nuevoo son dos noticias muy malas… estoy deprimidaaaaa. marcela te odio con toda mi alma vas hacer boleta hija de puta. Fecha: Martes 20-08-2002. Firma: la novia de nico-marcelatrola@lerecabelapija.com
¿Fuerte, no? Si yo fuera él estaría a-te-rra-do. Y como no soy él (y no se imaginan lo lejos que estoy de serlo), hay algo de su tranquilidad que me desorienta. Cuando sale al escenario, en el teatro Opera, la platea (y la popular también) estalla en un intenso grito de éxtasis, pasión y sorpresa, como si en el fondo no hubiesen creído nunca que él fuera a corporizarse ahí, a poquitos metros de distancia. Por eso le pregunto cómo se lleva con esa suerte de beatlemanía o sonamoresmanía, y el contesta: "Eh… tranquilo; yo no le presto mucha atención a eso. Hago las cosas y ni sé cuántos puntos de rating hace el programa. Que te reconozca la gente en la calle y se te acerquen y te pidan autógrafos está bueno, pero yo trato de no enloquecerme con eso. Y siempre hago lo mismo: llego y trato de hacer las cosas lo mejor posible, para después estar contento conmigo. Y seguir creciendo y seguir aprendiendo y tratar de hacer lo mejor todos los días. Si yo me veo en el programa y no me gusto, por más que tenga 250 puntos de rating, me voy a enojar muchísimo".
Dice que hay días que lo que ve responderle bien a la gente. Yo soy muy agradecido: si actúo, lo hago porque me gusta, pero también actúo por la gente". Yo no puedo ni quiero seguir transcribiendo esas cosas. Todo bien, le creo todo a Mariano Martínez. Todo. Y hasta en una de esas la culpa es mía, que no supe preguntar cosas profundas, complejas, avispadas. Quizá sólo hice preguntas de fan, mientras veía que ahí en el camarín, rodeado de compañeros de elenco, asistentes y representantes, uno de los mejores actores de este momento y de este lugar (el más carismático, el más intuitivo, el más gracioso) se defendía de algo que nunca supe detectar.
CAPITULO SEIS:
EL DE ADRIAN SUAR MIRANDO CANAL 9
Vestido de negro, con su ya clásico conjunto de pantalón pinzado + remerita ajustada, Adrián Suar está mirando Canal 9. Hoy, justo hoy, es el día del debut de la programación nueva del señor Hadad, y Suar tiene alguna que otra teoría para ofrecer acerca de la consolidación de la identidad del ex Canal Azul, cosas que por supuesto no serán reproducidas aquí porque no vienen al caso. Suar dirige desde octubre del año pasado los destinos del 13 y en los pasillos de la calle Lima se repite la siguiente frase: "Está dando vuelta el canal". Todo parece indicar que lo está haciendo sin apuro y con cautela, sin salidas de tono (la emisora de Constitución no se permite esas cosas), y con un estilo de conducción llamativamente sereno.
Suar se entusiasma al referirse a Son amores, se enciende al hablar de cine (de El bonaerense, la nueva película de Pablo Trapero, que va a ser estrenada por Pol-ka en pocos días más, una mirada sobre la policía que se encuentra en el extremo opuesto de la serie 099 Central, de la comedia romántica que va a protagonizar en febrero; del nuevo guión de Juan José Campanella) y se muestra templado, en el límite superior de la abulia, cuando el temario se desliza hacia el rating, Marcelo Tinelli o los Martín Fierro. ¿Verdad o consecuencia? A continuación, una breve porción del formato conocido como pregunta-respuesta, confeccionado con un alto respeto por el ritmo y la cronología de la charla y con algún que otro momento periodístico.
Siempre en tus programas figurás como el autor de la idea original. ¿Cómo van apareciendo estos grupos humanos, así, uno atrás del otro?
Hace poco me acordé que se me había borrado… Este fue uno de los primeros programas que pensé, cuando tenía 14 ó 15 años. Iba a actuar yo y lo había llamado, a ver si lo hacíamos juntos, al Pato Mayorano. Era la historia de un tío con tres sobrinos.
No me vas a decir que a los 14 años ya estabas pensando programas.
-Sí, sí, sí. No de la manera en la que lo hago ahora, claro. Pero ya me daban ganas de armar cosas desde aquel momento. Habíamos hablado con dos autores, uno de los sobrinos lo iba a hacer Gustavo Bermúdez, con él estábamos haciendo Pelito. Obviamente no es esta misma historia. No era un árbitro. Pero estaba ya el tema del tío y los sobrinos, como en el Pato Donald. El cuento cambió, pero el alma es similar.
¿Qué te interesa de esta historia de la familia alternativa pero a la antigua?
Me interesó, primero, hacer una comedia blanca. Y eso se logró, a pesar de estos tres pibes que son tres diablos. Bueno… son tres diablos blancos en todo caso. Gasoleros también era comedia blanca, pero esta es redonda redonda. Esta es un tanque.
Hay algo que hacés muy bien y que todo el mundo dice que hacés muy bien: armar elencos. ¿Tenés límites a la hora de pensar en las posibilidades de combinación?
No, no tengo límites. No me reprimo nada. Cero. Puedo invertir mucho tiempo en volar y pensar y buscar. Creo que tengo intuición para la química… pero es nada más que intuición, ¿eh?, no hay otra cosa. Te juro que tiene que ver con la intuición, lo pienso y lo veo y digo: es él… Y es. ¿Viste esos personajes que se ven, que te tocan la mano? Yo me conozco el cuerpo, hace muchos años que hablo del cuerpo, de lo que me pasa. A veces me escucho y pienso: mirá la pelotudez que digo del cuerpo. Pero realmente me pasa en el cuerpo con determinados programas, con ciertas elecciones. Antes no creía tanto en eso, y por ahí pensaba: bueno, es un cuento que me armé. Hoy te digo que no. Creo que el cuerpo canta, y tengo miedo que un día no cante más. Se puede ir. Pero a la intuición hay que que alimentarla. No es una cosa de: perdonáme Marcelo que está viniendo un nombre, y agarro y vomito las letras. No. Es un ejercicio. Entreno. Siempre estoy pensando, anotando, dejando cosas para más adelante. No le doy descanso al músculo.
¿Por qué creés que el programa funciona?
Porque tiene una estructura muy sólida, está muy bien escrito y el elenco está… iluminado. Eso aparece una vez cada tanto. Están muy lanzados los pibes. Es un código que la gente lo compró y con el que es cómplice. Con sus locuras, con el hecho de que queden garpando todo el tiempo, que sean antihéroes. Y ahora estoy engolosinado, me gustan estas historias blancas. Cuando salen bien, cuando sa-len-bi-en, es mucho cariño el que se te devuelve. No me había pasado nunca así tan fuerte.
¿Cuánto hace que estás al frente de Canal 13?
Desde octubre, noviembre del año pasado.
¿Sin Son amores tu gestión hubiese sido más difícil?
No. Yo me hago a la idea de que los próximos programas que haga no van a poder llegar a esto. 099 Central es un exitazo, hace 20 puntos de rating. Pero se habla mucho menos, el otro se lo fagocitó. Pero no es lo común… yo no creo que tenga un éxito así nunca más en mi carrera.
¿Te parece?
Tan grande no. 28, 29, 30 puntos todos los días es mucho. No es normal. Yo me hago a la idea de tener otros exitazos de 22, 23, que es muchíiiisimo para una tira diaria.
¿Cómo fue el comienzo de la competencia con Tinelli, aquella caída de rating inicial?
Y, fue dura. Pero yo trato de escaparme un poco de la pelea ésa, que no la creo, es muy para que otros se alimenten el pico. Para mí, tener arriba de 20 puntos ya está. Es mucho. En todo sentido: es mucha gente, se vende bien en rating, se vende publicidad -por ahí no ahora, porque está todo muerto- y con 20 puntos para el 13 está todo bien. No tengo que volverme loco con 28, 29 porque es de boludo, roza lo mediocre, me da un poquito de vergüenza. La televisión te pone en ese lugar mediocre, enseguida te encontrás hablando de cosas que si te llegaran a ver los muchachos del barrio… Hablar de 28.4 y de 29.2 es lo mismo, de verdad; para el negocio es lo mismo. Puede ser diferente para el ego, pero hay que trabajar un poquito en terapia, muchachos, no ser vago, porque si no te mata.
Pero ahora, en general, Son amores le gana a Tinelli, y todo en el medio empuja para que eso sea lo importante…
Eso es una boludez. No tiene sentido. Arriba de 20 puntos, arriba los corazones.
CAPITULO SEIS Y MEDIO:
EL DE BRITNEY SPEARS VIAJANDO EN COCHE
Una cosita a modo de despedida. En medio del maratón de entrevistas para esta nota me hice un tiempo para ver Crossroads-Amigas para siempre, el debut cinematográfico de Britney Spears. Es una película de una enorme nobleza, sin mayor interés para quien no guste de Britney, pero completamente alejada de cualquier posibilidad de bochorno y hasta con posibilidad de contagiar emoción y cierta gracia.
En la película hay tres chicas y un chico que cruzan medio Estados Unidos en coche. El chico maneja y, por ende, monopoliza la radio. En un momento una de las chicas le cambia el dial y aparece un tema de ’NSync. El chico, horrorizado, vuelve a sintonizar el tema de (ponéle) nü metal que estaba escuchando. La chica, una de las amigas de Britney, lo mira fijo y le dice, con una hermosa media sonrisa burlona…
-Ah, claro, porque esta música es muuuuuucho mejor que la que nos gusta a nosotras.
Que quede esto a modo de moraleja, entonces.
¿No te gusta Son amores?
Ah, claro, porque Caiga Quien Caiga es muuuuuucho mejor.




