Sorprendente show de Babasónicos
Recital de los Babasónicos, integrado por Adrián Dargelos en voz, Mariano Roger en guitarra, Diego Rodríguez en percusión y guitarras, Diego Castellano en batería, Gabo Mannelli en bajo y Diego Tuñón en teclados. En el Luna Park.
Nuestra opinión: muy bueno
Casi sobre el final de un show sorprendente, los Babasónicos lograron que el público que colmaba el Luna Park coreara "lo regalado es mío y se acabó/no lo devuelvo". Es el final de un tema epifánico, de encuentro del hombre con una deidad que no es aquel piadoso del cristianismo, ni aun el colérico del judaísmo, sino más cercano al pasional y caprichoso de aquellos que habitaban el Olimpo griego.
Así son los Babasónicos, una banda que, ya consolidada hoy tras una década de trayectoria, ha decidido no renegar de los riesgos y esquivar las convenciones. Y construir un sonido personal que, desde aquella definición de sónicos de principios de los noventa, fue generando no una pared de sonido a lo Spector, sino un muro-trama, con espacios que dejan ver otros niveles, otras visiones, y que no se apoya en el deslumbramiento de cada uno, sino en la interacción. No busquen aquí solos que exalten al individuo. Es un trabajo de gestalt , más que humano, que surge de lo colectivo.
Desde el principio fue ése el planteo cuando, como introducción, el estadio se colmó de sonidos que cruzan la disco con la psicodelia. Aparecieron entonces en escena, sonido e imagen, con "Deléctrico", de su último disco, aquel que se pregunta "qué parte del no no entendés", para saltar inmediatamente, ya ajustado el siempre difícil audio del lugar, a "Desfachatados", de "Miami".
Un paseo musical y visual
Quedó ya desplegado allí el espectro amplio por el que pasearían a la audiencia durante casi dos horas. Un espectro musical que han ido ensanchando con los años y que incluye el rock y la electrónica, pero donde también pueden cruzarse sonidos mexicanos o un atisbo de cumbia atravesada por un tecno modelo italiano años setenta. Esas son las ventanas por las que miran músicos curiosos que no desechan nada.
Tampoco es cambalache ni acumulación arbitraria, sino una actitud de libertad, de una casi total ausencia de condicionamiento que les permite nutrirse de la estética de vértigo maquínico que iniciaron los pinball y las películas a las que pocos les prestan atención, aunque todos miren. La misma libertad es la que también exhibe Dargelos al cantar y hacerse cargo del rol de semidiva. Con una suerte de pollera se vuelve, al igual que la banda, en una diosa Shiva de mil y una caras.
Para los Babasónicos, el concepto de rock va más allá de los estereotipos. Y allí también apuestan, desde siempre, a lo visual. Esta vez, en una demostración de creatividad e imaginación, en varias partes del show la banda tocó tras un telón traslúcido que caía al borde del escenario y sobre el que se proyectaban imágenes. Que podían ser esqueletos, pero también el propio cantante, en versión gigante. Nuevamente, el riesgo. El de esconder lo que una banda es, para ser pura música y ya no personalidades individuales. Como cuando, tras la versión acalorada de "Los calientes", los músicos se retiraron del escenario para dejar sonar el remix del tema, mientras nuevamente la pantalla al frente caía para volver a ocultarlos. O mostrarlos de otro modo. A tono con los tiempos, los suyos, los Babasónicos llegaron al Luna el año en que más reconocimientos han cosechado. Y, siempre alertas, no se han dormido en ello.
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