
Spike Lee enciende la llama
"S.O.S. Verano infernal" ("Summer of Sam", 1999/color), producción norteamericana presentada por Buena Vista. Guión: Michael Imperioli, Victor Colicchio y Spike Lee. Fotografía: Ellen Kuras. Música: Terence Blanchard. Intérpretes: John Leguizamo, Mira Sorvino, Adrien Brody, Jennifer Esposito, Ben Gazzara, Patti LuPone, Anthony La Paglia, Bebe Neuwirth, Mike Starr y otros. Producción y dirección: Spike Lee. 140 minutos. Nuestra opinión: Muy buena .
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Como pocas veces en el cine, los créditos que aparecen en el final de esta película, la decimotercera de Spike Lee, son aquí auténticos titulares . Los nombres de los principales actores y responsables técnicos son desplegados sobre una serie de tapas que reproducen la clásica tipografía de los diarios neoyorquinos con más tendencia al sensacionalismo, el Daily News y el New York Post.
Que Lee haya elegido este recurso para cerrar uno de los trabajos más vigorosos e intensos de su filmografía habla, sobre todo, del afán del realizador por reconstruir desde el espíritu documental uno de los episodios más agitados de la crónica reciente de los Estados Unidos:el verano de 1977 en Nueva York, en el que coincidieron varios hechos que perduraron en la memoria de la ciudad:un gigantesco apagón al que siguieron violentos disturbios y saqueos, una seguidilla de marcas récord en materia de calor, la resonante victoria de los Yankees en la Serie Mundial de béisbol, la aparición de la música disco y del punk como expresiones que desde veredas opuestas reflejaban estados de ánimo, comportamientos y tendencias sociales.
Y en medio de todo, como para enrarecer todavía más la agitación de esos tiempos y elevar una temperatura ya demasiado alta y difícil de soportar en el ambiente, la aparición de un peligrosísimo asesino serial, llamado David Berkowitz, que mataba casi sin explicaciones y en forma totalmente azarosa.
Las chispas del conflicto
Es el "verano de Sam" del título original (se lo denominaba así porque Berkowitz decía responder a las "órdenes" de un perro con ese nombre), que Lee decide narrar a partir de la crónica periodística, eligiendo no por casualidad a Jimmy Breislin, legendario periodista que cubrió el caso para el Daily News, como presentador de una de las "ocho millones de historias en la ciudad desnuda", la del asesino calibre 44, que hasta hoy purga sus culpas en una cárcel.
Sin embargo, aunque Berkowitz es uno de los personajes centrales de la historia, no es el único y la película está lejos de girar exclusivamente alrededor de él. Lee simplemente se vale de él como disparador de las tensiones que explotarán en ese verano ardiente.
Este film, pues, está mucho más cerca de "Haz lo correcto" que de "Malcolm X", porque Lee no se queda sólo en la recuperación visual del Nueva York de 22 años atrás (admirable y minuciosa, por cierto, en el rescate de modas, estilos, vestuarios y peinados), sino que apunta ante todo a poner el acento en los mínimos comportamientos que encenderán en cadena las chispas del conflicto, que en mayor o menor medida tendrán siempre un componente racial, elemento central en la filmografía del realizador, y que ilustrarán algunas escenas fuertes, pero nunca chocantes, con sexo o drogas. La nerviosa cámara de Lee recorre las barriadas italoamericanas del Bronx (nunca mejor retratada desde "Una luz en el infierno", aquél film de Robert De Niro), en donde un grupo de holgazanes y aspirantes a mafiosos que se gana la vida traficando drogas de poca monta se convierten en cruzados decididos a cazar al Hijo de Sam cueste lo que cueste. Pero, en el fondo, todo lo que buscan es deshacerse de quienes, desde su punto de vista, aparecen como diferentes , a tal punto que llegan a sospechar hasta del sacerdote del barrio y del mismísimo Reggie Jackson, el héroe deportivo de los Yankees.
Muestras de desmesura
El potencial destinatario de esa furia será Ritchie, un joven que abraza la incipiente causa del punk abrumado por los conflictos familiares y por su ambiguo comportamiento sexual. A duras penas será contenido por su viejo amigo Vinny, un peluquero con tendencia a la infidelidad que se viste como Tony Manero (personaje encarnado por John Travolta en "Fiebre de Sábado por la noche") y que, al igual que éste, se regodea en los templos de la música disco, símbolos por entonces de una gran libertad sexual.
La llama de los conflictos entre Vinny y Ritchie, entre éstos y sus respectivas mujeres, entre aquéllos y sus compinches del Bronx, irá creciendo mientras se incrementa el raid asesino del Hijo de Sam, y la temperatura supera largamente los 30 grados hasta hacer eclosión con el apagón en una ciudad en caos.
Yendo y viniendo de todos estos escenarios unidos por un crescendo de violencia sin perder casi nunca la brújula, recurriendo a diferentes registros narrativos (imágenes de archivo, entre ellas) y balanceándose hábilmente entre el testimonio y la ficción, Lee logra construir un auténtico manifiesto sobre aquellos tiempos, pero afortunadamente lejos del exagerado compromiso militante con el que regó generosamente algunos de sus films anteriores.
Es cierto que no faltan algunas muestras de desmesura del realizador y que hay errores de casting (el Vinny de John Leguizamo tiene más apariencia latina que italoamericana), pero se compensan con la eficacia narrativa del film, el poderoso impacto de sus imágenes y un elenco casi siempre impecable, en el que descuellan Adrien Brody (el atribulado punk), Mira Sorvino (la esposa de Vinny) y el gran Ben Gazzara, el hombre que baja línea a los mafiosos del barrio. Y una curiosidad: debe ser esta la película de Lee en la que aparecen menos personajes de raza negra, pero el director se reserva el papel de un reportero de TV que sale a la calle buscando "una perspectiva más oscura de la realidad".
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