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Una versión del uruguayo Eduardo Mateo ("Uh, qué macana") abría Flavio, viejo y peludo (2001), el opus solista de Flavio Cianciarulo, que ya había grabado otro a dúo con Ricardo Iorio (Peso argento, 1997) en paralelo a su carrera como bajista y compositor de Los Fabulosos Cadillacs. Desde aquel mojón iniciático (intimista, jazzero, rioplatense), el Sr. Flavio escribió dos libros y lanzó otros siete discos en los que exploró distintos formatos (del particular soundsystem del Sonidero K-Chengue Special al espíritu murguero de La Mandinga y el trío Misterio, de surf rock y rockabilly). Esta Nueva ola es un refrescante rescate del espíritu new wave: con su hijo Astor en la batería, Flavio surfea melodías con intensidad punk (ninguna canción supera los tres minutos) y entrega varios hits de adhesión instantánea. Cuesta sacarse de la cabeza y los labios los versos souleros de "El secreto" y la celebración surfer de las "Olas" de la playa popular. Lo acompañan, entre otros, Wallas (Massacre), Manuel Quieto (Mancha de Rolando) y Guille Bonetto (Los Cafres). Con estas nuevas piezas, Flavio supera las cien canciones grabadas como solista. Más allá de la ridícula estadística, el número sirve para comprobar lo prolífico del artista, que encuentra aquí una buena síntesis de su obra, en una versión bailable y amable.
Por Humphrey Inzillo





